La culpa la tiene… Jorge A. Crosa

12.06.2026

Cuando éramos gurises y nos hacíamos los vivos en la fila de la escuela, distrayendo al de adelante con un “tiquiñazo” en la oreja o alguna travesura de ocasión, la maestra —que no comía vidrio— nos descubría enseguida.

 

Y entonces aparecía, casi por reflejo, la respuesta de siempre: -¡La culpa es de él, maestra!

Han pasado los años. Cambiaron los recreos por las responsabilidades, los pantalones cortos por las canas y los achaques. Sin embargo, hay cosas que nunca cambian. Entre ellas, nuestra extraordinaria capacidad para encontrar culpables en los demás.

Pasa en la vida cotidiana, pasa en el fútbol y pasa, especialmente, en la política. Cuando las cosas salen bien, abundan los méritos compartidos. Cuando salen mal, comienza la desesperada búsqueda de responsables.

La culpa es del candidato. La culpa es de la campaña. La culpa es de la comunicación. La culpa es de cualquiera, menos nuestra.

En Montevideo, el Partido Colorado acaba de atravesar una de las elecciones más difíciles de su historia reciente. La representación obtenida dentro de la Coalición Republicana debería haber dado lugar a una reflexión profunda sobre su inserción territorial, sobre su capacidad de escuchar y que fundamentalmente replica en su presencia en los barrios.

Sin embargo, algunos parecen más interesados en encontrar culpables que en encontrar respuestas. Bastó que el único edil colorado resolviera acompañar parte de un fideicomiso destinado a financiar obras para que comenzaran las acusaciones. Para ciertos sectores, dialogar es una traición; negociar, una claudicación; y alcanzar acuerdos, poco menos que una rendición.

Amigo lector, pienso exactamente lo contrario.

La política no consiste en decir que no a todo ni en levantar la mano para todo. Consiste en defender convicciones, representar a la ciudadanía y procurar soluciones para problemas concretos.

Si una propuesta es inconveniente, corresponde rechazarla. Si puede mejorarse, corresponde negociar. Y si beneficia a los vecinos, corresponde acompañarla, aunque haya sido impulsada por un adversario político.

Eso no es debilidad. Eso es responsabilidad.

Lo preocupante no es que existan diferencias. Lo preocupante es que, frente a una derrota electoral que debería invitar a una autocrítica sincera, algunos prefieran concentrar toda la discusión en la actuación de una persona. Como si los problemas políticos complejos pudieran explicarse por una única decisión. Como si el resultado obtenido fuera consecuencia de un episodio aislado y no de un proceso mucho más profundo.

El Partido Colorado construyó buena parte de su historia apostando al diálogo, a los acuerdos y a la fortaleza de las instituciones. Entendió, desde sus orígenes, que los grandes avances de la sociedad se producen cuando quienes piensan distinto son capaces de encontrar puntos de coincidencia en beneficio del interés general.

Porque los problemas reales de Montevideo no se resuelven con comunicados, posteos indignados ni discusiones internas. Se resuelven con gestión. Con propuestas. Con acuerdos. Con capacidad de construir mayorías.

Mientras algunos siguen ocupados en señalar culpables, los vecinos continúan conviviendo con calles hechas pelota, veredas inexistentes, problemas de movilidad, basura acumulada y oportunidades que muchas veces llegan tarde o no llegan.

Y esa debería ser la discusión verdaderamente importante.

Por eso preocupa cuando el "fuego amigo" termina siendo más intenso que la crítica al adversario. Porque una organización política que dedica más tiempo a señalar compañeros que a convencer ciudadanos corre el riesgo de encerrarse sobre sí misma y alejarse de la gente que pretende representar.

La ciudadanía está cansada de las trincheras permanentes. Está cansada de la política entendida como una guerra sin fin entre bandos irreconciliables. Está cansada de quienes creen que gobernar consiste únicamente en impedir que el otro haga algo.

Montevideo necesita una oposición firme, sí, pero también inteligente. Necesita control, crítica y fiscalización. Pero también necesita propuestas, acuerdos y vocación de construir.

Antes de señalar con el dedo, quizás convenga preguntarnos cuánto hemos escuchado, cuánto hemos recorrido los barrios y cuánto hemos hecho para acercar nuevamente la política a las preocupaciones reales de la gente.

Porque cuando una fuerza política deja de crecer, deja de escuchar o deja de representar adecuadamente a la ciudadanía, rara vez existe un único responsable.

La responsabilidad suele ser bastante más amplia, bastante más incómoda y bastante más cercana.

Quizás haya llegado la hora de abandonar aquella vieja costumbre que aprendimos de gurises, esa de buscar desesperadamente a quién echarle la culpa cada vez que las cosas no salen como esperábamos.

Porque es mucho más fácil encontrar un culpable que asumir una responsabilidad. Mucho más cómodo señalar al compañero que preguntarse qué hicimos mal.

Y mientras seguimos ocupados buscando a quién cargarle las culpas, Montevideo continúa esperando respuestas a problemas que no distinguen entre oficialistas, opositores, dirigentes o militantes.

Porque cuando llega la hora de construir, negociar y resolver, ya no alcanza con mirar para el costado.

Ahí, la culpa la tiene...

Jorge Alejandro Crosa es arquitecto - Candidato a Alcalde por la Coalición Republicana en representación del Partido Colorado - Elecciones Municipales 2025

Foto: Junta Departamental Montevideo / Javier Calvelo / adhocFOTOS

 

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2026-06-12T03:31:00

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