La cumbre de la OTAN. Una OTAN 3.0. Jorge Jouroff

28.07.2026

Breve, sin mucha propaganda y con un comunicado final escueto pero importante, finalizó el ocho de julio la Cumbre de la OTAN en Turquía. Además de las declaraciones, los participantes se llevaron un recuerdo singular, difícil de interpretar: una pistola con su nombre grabado y con balas reales.

Esta vez no hubo ni grandes actos ni grandes declaraciones. La Cumbre se reunió en Ankara, Turquía, los días siete y ocho de julio del presente año. Y es que en realidad, para los europeos, no había mucho que festejar. Básicamente, la conclusión principal es que los cambios de responsabilidades y cargas entre Estados Unidos y el resto de los países europeos prosigue su curso. Se avanza por tanto hacia el objetivo de que los aliados asuman la responsabilidad principal de la disuasión y defensa convencional de Europa (lo cuál sería el rasgo central de la llamada OTAN 3.0). Una exigencia norteamericana, más específicamente del presidente Trump, que busca por todos los medios acumular dinero para su proyecto de "América First". Algo que unos días más tarde repetiría en la Cumbre de Ministros de las Américas en Perú, con los países de América Latina. Claro que Estados Unidos no se ocupó de la defensa por bondad, sino para mantener la dependencia de Europa (militar, económica y tecnológica)  conservando las decisiones estratégicas para sí. Igual que en América Latina, donde además busca alinear la tropa descubriendo nuevas (aunque no tanto)  amenazas.

Además de las personalidades, acudieron los líderes de los 12 países firmantes (Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos, Noruega, Rumania, España, Suecia, Turquía y Reino Unido)  que, en un comunicado conjunto declararon que estos efectivos forman "parte integral de los planes de defensa de la OTAN" y son necesarios para "demostrar fuerza mediante capacidades creíbles", destacando la necesidad de que Europa asuma "un papel más fuerte" dentro de la Alianza Atlántica y "una mayor responsabilidad en la seguridad transatlántica compartida". El comunicado resalta que estas capacidades permitirán "defender y negar a un adversario una ventaja militar" y la coordinación multinacional facilitará "acelerar la adquisición y entrega". Los puntos clave fueron, en primer lugar, la consideración de Rusia como amenaza, y segundo, la consecuencia lógica, justificar el plan de rearme de la OTAN y los países europeos. Dos caras de la misma moneda, puesto que los europeos cedieron a la exigencias de Trump de destinar un mayor presupuesto a la OTAN  (aunque de menor cuantía que el exigido), y el aumento del gasto militar. Los alemanes, por ejemplo, en la nueva doctrina, se proponen (como ya hemos visto en anteriores columnas) llegar a ser la columna vertebral de Europa para el 2035 con el mayor ejército europeo, ambición también compartida en ese sentido por Polonia.  El segundo punto clave es la exigencia de Trump de que Estados Unidos "necesita, por razones estratégicas" la isla de Groenlandia, que ahora pertenece a Dinamarca, punto que abordaremos más adelante. Los aliados en principio se solidarizan con Dinamarca en cuanto a la pretensión de Estados Unidos, pero necesitan mantener la OTAN, en primer lugar por el paraguas nuclear y en segundo lugar para ganar tiempo para el rearme. Por ello se comprometieron con el presupuesto y hacen buena letra frente a Trump. El comunicado expresa que los aliados se han comprometido a invertir más de cincuenta mil millones de dólares en nuevas capacidades defensivas y en destinar setenta mil millones en 2026 para ayudar a Ucrania en  la guerra. Para el año siguiente, prometen una inversión similar. Intentando demostrar  la necesidad de Europa para Estados Unidos, el secretario general de la OTAN, Rutte, recordó que durante la campaña bélica contra Irán, aviones estadounidenses hicieron 5.000 salidas desde bases en territorio europeo. "Europa es una gran plataforma de proyección de poder para EE UU", afirmó. Y para demostrarlo, unos días después se anunció que Lituania avanzara con el levantamiento de la prohibición de desplegar armamento nuclear desde su territorio, en una clara amenaza de uso de las armas nucleares contra Rusia.

La ayuda a Ucrania

Los aliados europeos, y sobre todo los británicos, consideran que debe proseguirse el apoyo a Ucrania en todas sus variantes, ya sea con recursos como con inteligencia y material. En ese sentido, el presidente Trump, ha tomado nota de la petición de Ucrania de suministrarle nuevos misiles interceptores Patriot, que necesita para derribar los misiles balísticos rusos. En una rueda de prensa con Zelenski,  Trump anunció que van a hablar sobre esos misiles, anunciando incluso que concederá una licencia a Ucrania para que fabrique estos misiles, que Ucrania ya no dispone.  Incluso dijo que "les vamos a dar una licencia para fabricarlos." En la declaración final, Estados Unidos y el resto de aliados de la OTAN han  considerado  a Ucrania como un país que "contribuye a la seguridad transatlántica".  Además, para este 2026, los aliados se han comprometido con setenta mil millones millones de euros en equipamiento militar, asistencia y formación. Estos fondos serán abonados por los europeos, la mayoría ya anunciados y en gran parte entregados, y que en gran medida se gastarán en armamento estadounidense. Un negocio redondo para la industria armamentística norteamericana.

El Artico y Groenlandia

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha reiterado en la cumbre que Groenlandia no está en venta. En sus palabras: "ayer escuché al presidente de Estados Unidos y creo que, lamentablemente, la postura estadounidense sobre este tema es muy clara, y nuestra postura sigue siendo tan clara como siempre. Groenlandia, por supuesto, no está en venta". Y continuó: "esperamos que todos, incluidos todos los aliados, respeten el derecho del pueblo groenlandés. Somos un Estado soberano y necesitamos que todos respeten nuestra integridad territorial y nuestra soberanía, estamos preparados para defender cada centímetro de Alianza Atlántica y eso incluye el Reino de Dinamarca"

Sin embargo, interpretando la historia a su manera, Trump ha justificado sus pretensiones apelando a un episodio histórico de la Segunda Guerra Mundial: "cuando Dinamarca fue invadida por los nazis en menos de un día, Hitler los venció en un día, se los quedó, y nos pidieron que nos hiciéramos cargo de Groenlandia". "De hecho, tomamos Groenlandia, y luego, estúpidamente, se la devolvimos. No deberíamos habérsela devuelto porque somos nosotros quienes la necesitamos", remató. Y, para que no queden dudas, y ya metiéndose con China, afirmó que "yo tampoco habría devuelto el Canal de Panamá. Yo desde luego no lo habría hecho, porque China está tratando de apoderarse del Canal de Panamá, y eso no va a pasar".

La verdadera razón, sin embargo, hay que buscarla en las  proyecciones sobre otros escenarios: debido al calentamiento climático, el mar Ártico se está descongelando y quizás en una veintena de años sea navegable. Por esa razón Estados Unidos quiere a toda costa Groenlandia, aún a costa de la alianza con los europeos. Y por la misma razón necesita entablar negociaciones con Rusia, cuyas costas son una enorme extensión al océano.

Un escenario cambiante

La clave es que el escenario que hacía posible (y necesaria) la alianza con Europa, cambió. Y al cambiar, cambia también la necesidad de esa alianza, al  menos en ese nivel de jerarquía.  Al fin de la segunda guerra mundial, se comienza a diseñar el nuevo orden mundial, vigente hasta ahora. Las dos grandes herramientas para subordinar a Europa fueron el Plan Marshalll y su correlato militar, la OTAN. De esa forma, Estados Unidos no sólo buscaba aliados para enfrentar a la Unión Soviética, y posteriormente a China, sino que mantenía un determinado orden que lo beneficiaba ampliamente. La caída de la Unión Soviética obligaba a replantear las alianzas, pero conservado el instrumento. Es allí cuando nacen "las misiones extra OTAN", misiones que podían ser fuera del ámbito europeo. El mantenimiento de las alianzas se basaba en la doctrina del atlantismo, de la que se derivaba que Europa era el aliado natural de Estados Unidos. Y es allí, en la necesidad de justificar la propia existencia de la OTAN, cuando comienzan a surgir las "nuevas amenazas", sobre todo el islamismo. Es la CIA quien comienza a advertir nuevamente sobre el peligro, ya no soviético, sino ruso, que termina en la guerra de Ucrania. Kissinger no estaba de acuerdo con esta postura, advirtiendo que "había que dejar en paz al oso ruso", y la elección de China como principal  amenaza es parte de la explicación de la política cambiante de Trump respecto a Rusia. Unos días después, los europeos, siempre demostrando su espíritu de colaboración, han declarado en la cumbre de ministros de la Unión Europea que China es "la mayor amenaza estructural a largo plazo. Para conservar su lugar al lado de Estados Unidos y mantener su posición global, no vacilarán incluso en provocar un enfrentamiento. Por ello la carrera armamentista. La declaración final es toda una síntesis: se subraya que se necesita "una Europa más fuerte en una OTAN más fuerte, una Alianza modernizada".

 

Jorge Jouroff
2026-07-28T12:15:00

Jorge Jouroff