La democracia y la posibilidad de llegar lejos. Jaime Secco
21.10.2026
¿Permitirá el sistema estadounidense que los demócratas socialistas lleguen muy lejos? Con motivo del buen desempeño de sus precandidatos, en un grupo de Whatsapp de frenteamplistas se terminó discutiendo sobre la democracia, su aparente inevitabilidad y sus condicionantes.
Sin ánimo de agotar el tema, quisiera ordenar algunas reflexiones sobre estos asuntos.
A. Democracia
- La democracia realmente existente, la democracia moderna, no es un gobierno del pueblo. Esto no debe leerse como un postulado extremista; de hecho, algunos de los defensores del sistema expresamente excluyen esa calidad. Tampoco es la estación final de la humanidad, ni debiera ser la única piedra de toque de nuestras relaciones internacionales. Y si a las izquierdas de esta región, que siente aún el horror de las dictaduras, le pesa analizar críticamente la democracia existente, sepamos que los liberales cuestionan sus fundamentos todos los días.
- Estos ordenamientos sí proporcionan una válvula de escape periódica, lo que no es poco, y además cierta estabilidad y previsibilidad. Y, claro, es más fácil defender la permanencia de libertades fundamentales. Pero la república, en el siglo XVIII, se oponía a la monarquía; pero a la luz de la historia de Roma, decididamente no se afiliaba al empoderamiento de los plebeyos. Un problema adicional es que en los últimos lustros las democracias están siendo cada vez menos estables y previsibles.
- Algunas definiciones académicas de democracia se limitan a exigir el cumplimiento de determinados procedimientos para elegir gobierno. Otros, sobre todo los politólogos, consideran que eso que llaman "legitimidad de origen" no asegura el imperio de la ley y el ejercicio de los derechos. Ya es casi un standard la definición de poliarquía de Robert A. Dahl, que menciona a una serie de factores de poder que inciden en las decisiones y que son condición para el funcionamiento democrático, como la prensa, instituciones que no son elegidas según procedimientos constitucionales.
- Incluso, que haya reglas del juego no implica que sean óptimas. Cuando las universidades inglesas quisieron civilizar los juegos en que un cuadro debía llevar algo a la base del contrario, inventaron reglas. Al final, discreparon y así surgió el fútbol por un lado y el rugby por otro. En ambos deportes, las decisiones del árbitro pueden ser equivocadas, pero es mejor acatarlas y seguir jugando que pasar la tarde discutiendo o a las trompadas.
- De hecho, todas las constituciones tienen algunas reglas diferentes, aunque el trabajo canónico de Arend Lijphart las redujo a variedades de sólo dos modelos: parlamentario y presidencialista. En realidad, más que la variedad llama la atención la limitada gama en uso, frente a la enorme inventiva y diversidad de instituciones en la antigüedad mediterránea.
- De eso no se deduce que haya necesidad de descubrir un diseño organizativo perfecto. El teorema de Kenneth Arrow demostró matemáticamente que es imposible decidir en un sistema electoral que cumpla con algunas condiciones aparentemente obvias, como que nadie tenga poder de modificar el resultado. Estamos condenados a la imperfección.
- Y, aquí ahorramos entrar en otros planos, como la misma posibilidad de que sociedades complejas carezcan de elites de uno u otro tipo, o las tensiones de clase, o el gran problema de Marx: que la situación política de los ciudadanos coincida con su situación social y no haya un cielo en que somos todos iguales y una tierra en que somos bien distintos.
B. Estados Unidos
- En Estados Unidos nunca hubo democracia, si por ella se entiende lo mínimo: que haya voto universal. Antes había esclavos y tampoco votaban las mujeres. Cuando Alexis de Toqueville visitó Estados Unidos en 1831, en una ciudad del norte era día de elecciones. Preguntó si los negros libres podían votar. Sí, le dijeron, por supuesto. ¿Y, por qué ninguno entra? Porque si llega a entrar uno, lo molemos a palos.
- Las leyes Jim Crow ya no llevan ese nombre. Pero todos los años nos enteramos de nuevas normas estaduales que por un mecanismo u otro restringen a minorías la posibilidad de votar. En estos momentos, el debate más candente es sobre el voto epistolar, pero también sobre centralizar toda la organización electoral, entre otros.
- Con todo, sigue habiendo alternancia de partidos. Es la válvula de escape que mencionamos antes, que diferencia a este sistema de la monarquía.
- En cuanto al fundamento, en los sectores de derecha republicanos, incluso anteriores a Trump como el Tea Party, se insistía en que no son una democracia, sino una república. Invocan a alguno de los padres de la Constitución que hacían esa distinción en The Federalist. Pero otros, los más demócratas de aquel tiempo, no tenían menos temor a "la dictadura de la mayoría". Habían leído a Tucídides y ninguno estaba entusiasmado con las volubles asambleas atenienses. Esa desconfianza en la participación la profesaron los liberales posteriores. La reticencia, fue incluida en las constituciones latinoamericanas. Argentina conserva el artículo 22 que dice: "El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición." A fines del siglo XX, algunos jueces procesaron a manifestantes por este delito.
- Pero volvamos a la poliarquía estadounidense y esa cantidad de fuerzas que inciden en las decisiones de los organismos constitucionales. Dahl las presenta como contrapesos virtuosos; pero estaba discutiendo con el sociólogo Charles Wright Mills que había publicado un libro señalando que el país estaba dominado por una elite.
- Hay que preguntarse entonces, ¿cuáles son los resultados prácticos de esa democracia contrapesada? ¿Es al menos un gobierno para el pueblo? El politólogo Martin Gilens publicó en 2014 los resultados de un gran conjunto de datos relativos a casi dos mil cuestiones políticas entre 1981 y 2002 en Estados Unidos. En cada caso, comparó la cuestión con encuestas, en las que pudo discriminar entre la opinión de pobres (decil inferior), ricos (decil superior) y sectores medios. "El análisis estadístico de este impresionante conjunto de datos demostró que las preferencias de los pobres no tenían ninguna influencia en las reformas políticas, lo que no era de extrañar. Sí es sorprendente, en cambio, que tampoco tuvieran importancia las preferencias de los votantes medios. La principal influencia en la orientación de las reformas eran las preferencias políticas de los ricos, así como las de los grupos de interés, siendo los más influyentes los grupos de presión del empresariado. Cuando se incluyen en el modelo estadístico las preferencias del decil más rico y de los grupos de interés, la influencia de los plebeyos es estadísticamente indistinguible de cero." (Resumen de Peter Turchin en Final de Partida, Debate 2024)
- Aparte, Turchin recuerda que "en 2021, doce mil grupos de presión invirtieron 3.700 millones de dólares en influir en la política a nivel federal, según el grupo de investigación no partidista OpenSecrets." Y debe contarse la influencia ideológica de bien financiados grupos de elaboración y el papel de los medios de comunicación. En tiempos del segundo Trump, las cosas solo parecen haber cambiado para peor.
C. Los demócratas socialistas
- En la discusión que cito al principio, nadie puso en duda la sinceridad de los socialistas del Partido Demócrata, sino su posibilidad de llegar lejos. La duda afecta tanto a las posibilidades de conseguir escaños para arrebatarle las mayorías parlamentarias a los republicanos como de, en el próximo período, llevar a cabo un programa socialista en este contexto institucional. El planteamiento de ambas dudas puede ser interpretado o como antidemocrático o, al contrario, como la ilusión de que es posible cambiar las reglas del juego.
- Estas reglas implican la necesidad de ganar en cantidad de votos si realmente se quiere llegar lejos. Demasiados éxitos socialistas pueden comprometer las posibilidades del Partido Demócrata. Alexandria Ocasio-Cortez fue hábil al declarar que "woke 1 fue muy loco". No sólo por buscar el centro, sino por dejar a la derecha sin su principal arma contra la izquierda.
- Tradicionalmente se supone que ganar votos obliga a rebajar el programa para hacerlo más ampliamente potable. Pero la idea de que todo el espectro de opiniones se despliega en una única recta bajo una bonita campana de Gauss, y no en múltiples ejes, es solo una aproximación grosera. Sigamos.
- CNN publicó que "alrededor de un tercio de los adultos demócratas y de aquellos con inclinación demócrata se identifican como socialistas democráticos, según una nueva encuesta de CNN realizada por SSRS." Esto es un crecimiento impresionante para una corriente que hasta hace poco era considerada "antinorteamericana". Pero los definidos como demócratas no suman la mitad de los votantes, y hablamos de un tercio de eso. La encuesta los define como mayoritariamente, blancos, universitarios y motivados para ir a votar.
- Eso no alcanza, de manera que precisan afinar la estrategia. La otra opción sería una comparecencia electoral principista pero testimonial; cosa que a veces puede ser necesaria, como el voto en blanco de Seregni en 1982.
- El Center for Working-Class Politics y la Rural Urban Bridge Initiative hicieron una encuesta en la que presentaron una serie de mensajes hipotéticos para evaluar el grado de acuerdo de los posibles votantes. En una presentación publicada por The Guardian explican: "Los mensajes de mejor rendimiento que probamos tienen una fórmula simple. Se centran en las luchas cotidianas de los estadounidenses para pagar el alquiler y los alimentos, y la frustración generalizada con los precios que aumentan más rápido que los salarios de la clase trabajadora. Insisten en que los trabajadores deberían poder dar a sus hijos una mejor oportunidad. Prometen reducir los costos, hacer que las corporaciones más grandes paguen su parte justa y tomar medidas enérgicas contra las personas que juegan con el sistema. En última instancia, cuentan una historia simple: el trabajo duro debería dar sus frutos." https://www.theguardian.com/commentisfree/2026/aug/27/democrats-survey-populism-economy
- Probaron consignas con otras estrategias: la división entre trabajadores y elites, la idea de que el pueblo ha sido engañado, un gran frente antitrumpista no ideologizado o mensajes contra la plutocracia, entre otros. Ninguna dio tan buen resultado como lo que llaman "populismo de mesa de cocina" y alguna fue francamente contraproducente.
- Al final explican: "Para ser claros, esto no debe entenderse como abogar por el centrismo o la moderación. Si bien puede parecer que los candidatos demócratas se ven obligados a una disyuntiva: o bien optan por encender la base progresista con trivialidades ultraliberales contra Trump, o bien tienen como objetivo persuadir a los votantes de la clase trabajadora que votan por Trump con un llamamiento más conservador. Pero nuestros resultados muestran que esta es un falso dilema. Los mensajes ganadores no hacen ninguna de las dos cosas."
Estamos lejos de Estados Unidos. Si pienso que esta columna sirve para algo es porque en realidad se está escribiendo para Uruguay.
Este texto se redactó en julio, pero no había sido publicado.
Jaime Secco
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias