La estupidez humana es mucho más peligrosa que la maldad. François Graña

24.04.2026

Dietrich Bonhoeffer, pastor y teólogo protestante, activo opositor al nazismo, fue aprisionado y condenado a morir. En la cárcel, a sabiendas de su destino, se dedicó a escribir sobre lo que a su juicio estaba ocurriendo en la Alemania hipnotizada por Hitler y sus seguidores. Lo que sigue es un apretado resumen de su pensamiento.

Se puede luchar contra la maldad, se la puede resistir, pero contra la estupidez poco y nada se puede hacer. El estúpido es alguien que ha entregado su capacidad de pensar sometiéndose a un líder, a un grupo, a un eslogan o a una ideología. Y cuando esto ocurre, no podés convencerlo con hechos. Tampoco podés apelar al raciocinio, porque ha reemplazado la razón propia por la de otro.

La estupidez no es necesariamente tributaria de la ignorancia, y ocurre más frecuentemente en quienes integran grupos con cierto poder colectivo. Cuanto más poderoso es tu grupo, más fácil es que dejes de pensar por ti mismo porque sientes que te da identidad, seguridad y respuestas. En contrapartida, pensar por tu cuenta tiene un alto costo: el rechazo de los tuyos.

El malvado se esconde, miente, manipula, y todo eso de manera consciente, deliberada. En contrapartida, el estúpido es instrumento de otros sin saber que lo es: por el contrario, se siente convencido de ser parte de algo grande, siente que está del lado correcto. No fueron los monstruos nazis que destruyeron Alemania, sino millones de personas normales que cedieron su criterio a otros y dejaron de hacerse preguntas. No eran malvados sino algo peor: obedientes sin pensamiento propio.

A nuestro alrededor, podemos identificar personas que repiten eslóganes sin saber de dónde vienen, que comparten titulares sin leer el artículo, que odian a otros que nunca han conocido porque alguien les dijo que era el enemigo. No son malas personas, sino gente que ha dejado de pensar por sí misma. Y el mayor problema es que no lo saben... El estúpido nunca se reconoce como tal: al contrario, se siente informado, despierto, y aún más inteligente que los demás. Y eso lo inmuniza contra la crítica.

¿Qué hacer ante este panorama tan desolador? Para Bonhoeffer, la estupidez no se cura con educación ni con información ni con mejores argumentos, porque el problema no es que la persona no sepa, sino que ha decidido -de modo consciente o inconsciente- que la aprobación de su grupo vale más que su propio criterio. Si Hitler triunfó, fue porque millones de personas decidieron que pensar por sí mismas era demasiado incómodo. Y eso solo puede romperse desde dentro, con un acto de coraje y no de inteligencia, decidiendo pensar por sí mismo a riesgo de quedarse solo en lugar de acompañado pero sin el trabajo de pensar.

Desde 1939, Dietrich Bonhoeffer integraba un grupo clandestino de resistencia al nazismo y contribuía activamente a la emigración de judíos hacia Suiza. En abril de 1943 fue arrestado bajo la acusación de conspiración. Murió en la horca en 1945 a sus 39 años, a pocas semanas de la derrota nazi y del fin de la guerra.

Quienes como él se han rebelado contra la injusticia sin dejarse domesticar, sin claudicar ante la engañosa certidumbre del rebaño sumiso, nos recuerdan que ser humano es poco probable pero posible.

Francois Graña es Doctor en Ciencias Sociales.

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2026-04-24T04:19:00

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