La gran novela brasileña. Danilo Arbilla

13.03.2026

"No es seguro que Lula sea candidato, va en caída, se retira o se enferma o se inventa algo, difícil que llegue; no dio lo que se esperaba y lo que prometía y ya no encaja en el statu quo". Me lo aseguró un colega brasileño conocedor de lo que pasa en los centros de poder del Brasil.

Al "statu quo"  en ese país lo componen  las FFAA, en primer lugar, con Itamaratí siempre al oído y la consulta e intercambio con el poder económico e industrial.

 Ya en su dos primeras presidencias, pese a la "protección" que gozó, al final no conformó y menos con su heredera Dilma Rousseff que se atrevió a preguntar sobre los DDHH y el periodo militar, tema al que jamás Lula puso en la orden del día; a lo sumo, una vez obligado se limitó a decir  que podrían haber habido víctimas pero no victimarios. ¿En qué quedamos?, ¿torturaron o no?, ¿violaron los DDHH o no? Lula siempre hizo buena letra.

 En su lugar vino Jair Bolsonaro. De la otra punta y bien recibido por el status quo. Lo que no esperaban es que este  brasileño chovinista y extremo ganara tanto prestigio sobre todo entre las FFAA.

  Entonces, nuevamente recurrieron a Lula  que estaba preso y quedo libre y sin culpa  por arte de birlibirloque y algunas "cuestionas formales" , -llamémosle así-, como ya había ocurrido con casos de corrupción en su primer gobierno, alguno histórico y  emblemático como fue el "mensalao",- compra del votos de legisladores con dineros públicos-, de lo que Lula extrañamente nunca se enteró,  pese a que por ello fue preso José Dirceu su jefe de gabinete, mano derecha, amigo, fundador del PT y que ocupaba una oficina en Planalto  a poco metros del despacho presidencial.

  Lula ahora prometía "grandeur" y alimentaba el sueño imperialista. "Yo seré el gran orquestador mundial", les hizo creer, incluso a Mujica Fue un fiasco, de entrada fue  abucheado en países de Europa tras su opinión de que Rusia invadió a Ucrania en respuesta a provocaciones, y así fue haciendo agua, alineándose como un vagón más al tren de Rusia y de China y siempre anti EEUU. Ya ni en su subcontinente pesa: Venezuela no va más, Chile cambió, y Colombia está en duda. Solo le queda ser el "faro guía" de la política exterior uruguaya. Hoy es un personaje de segunda y el español Pedro Sánchez no ayuda mucho. Con su ausencia a la asunción del chileno Kast quiso llamar la atención, pero quedó en ridículo.

  Todo ello no quiere decir que no llegue a ser candidato y a disputar por séptima vez la presidencia; sería el desempate.

   A Lula, empero,  puede que el tiempo le juegue  en contra. Suceden cosas: uno de sus hijos y algún familiar más son investigados por presuntos actos de corrupción. Y no es lo peor: un escándalo bancario - la caída del banco Macro-, con todos los aditamentos de la mejores películas del género ha salpicado a la clase política y al poder judicial y, en particular, a dos poderosos ministros del Supremo Tribunal Federal. Uno -José Antonio Dias Toffoli- que  declaró nulas todas las pruebas contra Lula liberándolo de cargos y de la cárcel y el otro -Alexandre de Moraes- que metió preso a Bolsonaro y  tiene en su haber mandar a censurar a la red social X, entre otras perlitas. No está fácil desatar toda esta madeja

 La cuestión es que hoy las encuestas marcan un empate técnico entre Lula y el Senador Flavio Bolsonaro, hijo y heredero político de Jair, hoy  preso. Vendrá una compensación?

 Bien interesante. ¿Como finalizará toda esta novela?

 

Danilo Arbilla

Columnistas
2026-03-13T23:13:00

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