La herencia transgeneracional epigenética. François Graña
12.02.2026
“Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro, si nos lo proponemos”. Santiago Ramón y Cajal
La herencia transgeneracional epigenética es un campo científico emergente que estudia cómo las experiencias que han vivido nuestros ancestros dejan huella en nosotros. Las vidas de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y muchísimos otros ancestros precedentes, interactúan con la nuestra propia. Del mismo modo, los cambios adquiridos en nuestra vida se transmiten a nuestra descendencia. Este campo de estudio, muy reciente, parte de la hipótesis de que la transmisión epigenética de padres a hijos solo retiene aquellos cambios que hayan sido fundamentales.
Nuestra apariencia física (fenotipo) no depende únicamente de la expresión de los genes, sino que recibe también influencias del medio exterior: llamamos condicionamientos epigenéticos a estas influencias. El estilo de vida es una de estas determinaciones epigenéticas de nuestro fenotipo.
Ciertos experimentos en ratas muestran la transmisión generacional de estrés o ansiedad provocados a sus progenitores mediante privación de dieta o exposición a un funguicida. Los nietos de las ratas estresadas muestran alteraciones en el gen responsable de dicho estrés. Todavía queda por demostrar si esto ocurre también en los humanos. Se sospecha fuertemente, sin embargo, de una transmisión transgeneracional de traumas a segundas y terceras generaciones.
Ciertos estudios arrojan evidencia científica de alteraciones epigenéticas causadas por traumas de ancestros, que se manifiestan en alteraciones psicofisiológicas en generaciones siguientes. Las guerras impactan sobre los cromosomas, transmitiendo el dolor por medio de la memoria biológica. Así pues, varias generaciones de descendientes serán más vulnerables al estrés, a la depresión, a la tristeza, al miedo y a la venganza.
El impacto psicológico del trauma vivido por generaciones anteriores está bien establecido por el estudio de descendientes de supervivientes de los campos de concentración nazis, de la bomba atómica en Hiroshima, de traumas de guerra, de víctimas de torturas o de abusos sexuales. Queda por determinar si puede hablarse también de un impacto biológico. ¿Cómo puede transmitirse de una generación a otra un recuerdo reprimido? ¿Puede un niño heredar información inconsciente de sus padres? Estas son preguntas que vertebran un campo de investigación todavía en pañales. La hipótesis de que la memoria de lo que sucedió no solo se transmite de boca en boca sino también de cuerpo en cuerpo, gana cada vez más fuerza de evidencia.
Se ha demostrado que el sistema nervioso de los gestantes puede verse alterado por el estrés materno, pero también por experiencias maternas y paternas ocurridas años antes. El cerebro guarda memoria de la memoria de sus progenitores. Cuanto más alto el nivel de estrés sufrido por la madre, tanto mayor el riesgo de alteraciones en la salud mental y física de la descendencia. Se ha demostrado asimismo que, sorprendentemente, el período que más afecta el neurodesarrollo de los hijos es la infancia de sus padres. Experimentos en ratas han mostrado que el progenitor también transmite epigenéticamente el miedo vivido aun antes de la concepción. Pero tal parece que se hereda más bien la actitud hacia el estrés provocado por una situación traumática, que el solo estrés. Esto es lo que muestra la capacidad de resiliencia de ciertos descendientes de víctimas del holocausto judío en comparación con otros. "Así como hemos heredado el miedo, el dolor y las lágrimas, también está en nuestra biología la resiliencia y el crecimiento".
Francois Graña es Doctor en Ciencias Sociales
Fuente: Nazareth Castellanos (2025): "El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración". Madrid: Editorial Siruela
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