La lección de Lula: las claves del triunfo popular de la izquierda en Brasil. Ismael Blanco
27.10.2026
¡El triunfo de Lula es la epopeya de un hombre que no se rinde! ¡Que lo dejó todo!, y por esta razón, me permito hacer algunas reflexiones: Nadie puede enseñarle al presidente Ignácio Lula da Silva - que va por su cuarto mandato- como se gestiona un país de forma eficiente.
Eso bien los sabe, porque convirtió a Brasil - que era un país deprimido - en una potencia global.
Fue bajo sus administraciones y gobernando siempre con praxis de izquierda que obtuvo logros macroeconómicos exponenciales que transformaron la realidad del país.
Precisamente, en este último mandato el PBI registró un crecimiento superior al 4%, en un escenario global y regional lleno de adversidades, habiendo alcanzado anteriormente, en el año 2010 un crecimiento del 7.5% del PBI momento que Brasil pasó a ser considerado una potencia Mundial, con soberanía financiera sin precedentes.
No fue un milagro, sino el resultado de políticas planificadas, aplicadas con genialidad y la lógica de un hombre de izquierda, aplicando una fórmula de inclusión social y fortalecimiento de la economía, no para que unos pocos se transformaran en milmillonarios, sino para que la distribución fuera equitativa y lograr financiar con el capitalismo el crecimiento del país para el bien de todos en forma equitativa. Esto es gobernar desde la izquierda.
El éxito del tercer mandato de Lula radicó en haber mirado el modelo de China, donde la figura de su líder Xi Jimping cobra relevancia suprema a nivel geopolítico al instaurar un socialismo con característica China, con fuerte control estatal y distribución del crecimiento obtenido - con métodos capitalistas- en toda la población, sacando a millones de pobladores de la extrema pobreza. "Mejorar el bienestar del pueblo es el objetivo primordial del desarrollo y para ello se requiere de una gobernanza con disciplina, unidad y una estrecha relación con las masas para evitar que la autocomplacencia erosione la confianza pública" enseña Xi.
Lula se miró en este espejo e hizo lo propio en Brasil, fomentando la alianza mutua, tiene la sintonía de Xi Jimping priorizando el desarrollo y la soberanía económica en un mundo que concibe como multipolar, no solamente en el discurso sino que lo hizo en la praxis, sin rendirse ante presiones del norte, dejando de lado la ideología de occidente. Este es su gran logro, su gran mérito y valor.
Sin embargo, y a pesar del éxito de su gestión esto no alcanzó y debió pelear con uñas y dientes en el último tramo de su campaña electoral
Como nos enseñó Marx, el desarrollo de las fuerzas materiales y productivas no alcanza y es insuficiente para captar la voluntad popular en las sociedades capitalistas porque las relaciones de producción siguen alienando la existencia de los trabajadores y éstos que están sumergidos en medio del proceso productivo, no logran asimilar conscientemente el resultado exitoso que se obtiene a nivel macro, que no es otra cosa que el fruto de sus conquistas y por esta razón el crecimiento económico no capta el voto popular.
Lula se dio cuenta a tiempo en medio del proceso electoral de que los fríos números de las excelentes estadísticas macroeconómicas de Brasil no eran suficientes para que lo votaran porque la gente no los percibía, dado que los datos de por sí no tienen fuerza política para los pueblos, porque los pueblos no tienen una autopercepción real del crecimiento del país si no lo palpan en sus bolsillos.
Esta peligrosa desconexión que se produjo entre resultados macroeconómicos muy exitosos y una economía popular ajustada y endeudada genero descontento, y ese descontento se revierte, como nos enseñó Lula, dándole al pueblo la autopercepción de ese crecimiento con mejoras concretas en su economía doméstica.
Esta fue una de las causas que explicaron el escenario ajustado pero adverso de la primera vuelta electoral, donde la oposición oportunista y conservadora, supo capitalizar ese descontento y hegemonizar el relato a través de engaños y estuvo cerca de lograrlo. Esto no es un hecho que la izquierda pueda permitirse descuidar cuando es gobierno.
Entonces, ¿Qué hizo Lula en el último tramo de su campaña? Reconectó con su pueblo a través de un paquete de medidas de choque efectivas, redistribuyendo ese crecimiento macro entre la gente y dio alivio y esperanza al pueblo.
Implementó un plan de condonación de deudas tributarias y bancarias para rescatar a trabajadores y emprendedores, aplicó subsidios a los combustibles, contuvo la inflación y estabilizó el precio de los alimentos, todo lo cual impacta directamente en la economía de los trabajadores. Redujo la semana laboral de 44 a 40 horas, transporte público gratuito los fines de semana, además de reforzar planes para evitar la deserción escolar entre otras. Estas medidas impactaron directamente en la gente. Esto dio sus frutos.
Otra medida determinante fue haber cambiado su estrategia de campaña, entendiendo en carne propia tomando plena consciencia que el capitalismo, los medios hegemónicos y los algoritmos y las transnacionales son más poderosos que las ideas en sí poque operan como una superestructura al servicio del imperio con e único y principal propósito de debilitar los gobiernos de la izquierda en el continente y fragmentar el sentido de clase. Y lo hacen demasiado bien. Por eso cambió la vieja estrategia pasiva usada en primera vuelta y se volcó a la ofensiva en las redes, recorriendo territorio por territorio, movilizando al pueblo.
¡Como resultado Lula triunfó y derrotó a la ultraderecha conservadora! ¡Un impresionante logro! Nos deja la enseñanza que la sintonía entre el gobierno de izquierda y el pueblo debe ser constante y pertinente. Hay que saber escuchar al pueblo, porque la alternancia en el poder de los Estados pone en peligro el destino de la clase trabajadora. Se debe mantener las banderas de la justicia social en las calles y debe haber sintonía con el poder del Estado en defensa de la dignidad humana y la felicidad de los pueblos.
Dr. Ismael Blanco