La lección de Martha: por qué los hospitales empezaron a escuchar a los pacientes. Homero Bagnulo y Carlos Vivas
28.04.2026
La participación de los pacientes en el cuidado de su salud es un componente central de las reformas sanitarias modernas. Sin embargo, más allá de algunas innovaciones tecnológicas, las estrategias que realmente transforman la atención siguen siendo, en su mayoría, respuestas reactivas a tragedias. Un ejemplo reciente y poderoso es la implementación de la "Regla de Martha" en el sistema de salud británico.
Suena como una ley, pero no lo es. Es una herramienta de seguridad hospitalaria que nació de una historia profundamente triste: la muerte evitable de una niña de 13 años.
Martha Mills murió en 2021 tras caerse de su bicicleta y sufrir una lesión en el páncreas. Durante su internación desarrolló una infección generalizada. Sus padres advirtieron repetidamente que algo iba mal, pero nadie los escuchó. Un informe posterior concluyó que, de haber sido trasladada antes a cuidados intensivos, probablemente habría sobrevivido.
El problema no fue un error técnico puntual, sino un fallo sistémico: la familia no fue escuchada, la alerta no llegó a tiempo y las jerarquías médicas bloquearon una segunda opinión.
A partir de ese caso, Inglaterra puso en marcha un protocolo que permite a cualquier paciente, familiar o cuidador activar una revisión urgente si percibe que el estado de salud empeora y siente que no está recibiendo la atención necesaria. (1)
¿En qué consiste en la práctica?
La Regla de Martha institucionaliza el derecho del paciente -o su familia- a solicitar que un equipo diferente al tratante evalúe la situación cuando perciben un deterioro que el sistema puede estar subestimando. (2) Funciona así: cada día se pregunta al paciente y a su familia cómo se sienten y si notan cambios; cualquier profesional también puede pedir una revisión si está preocupado; y, lo más importante, si un familiar cree que algo va mal, puede llamar a un número especial y solicitar una evaluación por un equipo independiente.
No se trata de que la familia decida el tratamiento, sino de garantizar el derecho a una segunda mirada de seguridad cuando el juicio médico inicial podría estar equivocado.
Los primeros resultados
Entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025 se registraron más de 10.000 llamadas a las líneas Martha. En una de cada tres -casi 3.500 casos- se detectó un empeoramiento que no había sido visto; cerca de 1.900 pacientes recibieron cambios en su tratamiento; y 446 personas recibieron una intervención potencialmente salvadora, como el traslado a una unidad de cuidados intensivos. (3)
El dato más revelador: el 81% de esos casos no habrían sido detectados con los sistemas tradicionales de control. La Regla de Martha capta señales que el equipo de salud no ve -la intuición de una madre, la sensación de que algo no va bien- y las convierte en información clínica accionable.
Una herramienta cultural, no solo operativa
La Regla de Martha no es simplemente una línea telefónica. Es una intervención contra la jerarquía rígida que a veces silencia las preocupaciones legítimas. Reconoce que la familia no es solo un acompañante emocional, sino una fuente de información clínica valiosa. Propone, en esencia, una vigilancia compartida: el médico ya no es el único que observa; la familia tiene un rol activo en la seguridad del paciente.
Esto despierta una pregunta válida: ¿la Regla de Martha existe porque los pacientes ya no confían en los médicos, o es simplemente una red de seguridad necesaria? La respuesta más honesta es que es ambas cosas. Es una innovación inteligente para prevenir fallos humanos y, al mismo tiempo, un espejo que refleja que los canales normales a veces fallan. En teoría no debería ser necesaria; en la práctica, ignorar la falibilidad humana sería un error mayor.
Aunque nació en Inglaterra, su utilidad es universal. Es especialmente valiosa en casos con deterioros difíciles de detectar -sepsis temprana, hemorragias internas, insuficiencia respiratoria- y en entornos con jerarquías muy marcadas. No es tampoco una idea completamente nueva: existen precedentes como la Regla de Ryan en Australia o el programa Condition H en Estados Unidos. La diferencia es que el modelo inglés unificó y dio rango nacional a estas iniciativas dispersas.
¿Hasta dónde puede llegar?
Si funciona para detectar empeoramientos agudos, ¿por qué no extenderlo a otros momentos críticos? Revisiones de diagnósticos complejos, decisiones sobre el alta hospitalaria, cuidados paliativos. La lógica de permitir una segunda opinión de seguridad podría aplicarse a muchos más escenarios.
La Regla de Martha nació de una tragedia evitable y se apoya en una idea simple pero poderosa: a veces, quien primero detecta que algo va mal no es el médico ni la máquina, sino la madre que lleva 24 horas al lado de la cama. Lo que hace esta regla es darle a esa madre un número de teléfono y la autoridad moral para usarlo sin miedo.
Los primeros datos son contundentes: salva vidas, no genera caos y mejora la comunicación y la confianza. No es un síntoma de que la medicina va mal, sino de que está aprendiendo a ser más segura y, sobre todo, más humana.
Nota elaborada con el apoyo de herramientas de IA generativa de lenguaje, bajo supervisión y edición de los autores.
1. Rimmer A. Martha's rule to be rolled out in English hospitals from April. BMJ. 2024;384:q451.
2. Dyer C. Martha's rule: What could the proposed changes mean for doctors? BMJ. 2023 Sep 8;382:2067.
3. NHS England. Martha's Rule Programme December 2025. 9 Mar 2026. https://www.england.nhs.uk/statistics/statistical-work-areas/marthas-rule/marthas-rule-2025-26/marthas-rule-programme-december2025/
Dres. Homero Bagnulo; Carlos Vivas