La muerte inesperada, la muerte que nos llega como poder ajeno. Luis E. Sabini Fernández

17.07.2026

 

Hay formas muy diversas de lidiar con la muerte. O que la muerte lidie con nosotros. No la muerte que nos cabe a todos, en nuestra calidad de mortales, de vivientes y mortales, sino la muerte ajena, intempestiva, la que nos llega, colectiva o individualmente, como un choque inesperado, un asesinato, por ejemplo.

 

Una visión medieval que mezcla sabiduría y fatalismo cuyas dosis acojonantes tenemos en  el Romance del enamorado y la muerte  (anónimo, que se estima de finales del siglo 15).[1]

URUGUAY

En nuestro paisito, esa muerte, ajena, nos llega casi todos los fines de semana, en la calle, de zopetón. Un muerto en un "accidente" en la ruta. Dos muertos. Una madre  y una hija, dos hermanitos.

El causante: alguien alcoholizado.

¿Qué hace el alcohol cuando todavía no te traba la lengua ni te da sueño ni te convierte en un estropajo? Euforia. Apenas eso.

Seguís siendo vos mismo (o misma).  Seguìs haciendo operaciones aritméticas o de tránsito, pero una pizca más... eufóricas. Te vas p'arriba (antes de caer a fondo).

Si uno es "vino triste", puede incluso ansiar la euforia.

Pero la euforia no te invita a medir, a calcular, a estimar. Todo lo contrario. Te está invitando a sortear la medición, el cálculo, a subestimar toda estimación. Eso, que puede hasta resultar simpático o heroico para invitar a bailar, o para contar una peli a amigos, en la ruta es particularmente peligroso... y criminal.

Porque engaña las capacidades reales. De manejo, de los frenos, de las luces, de las cesiones de paso...

Hace unos años salió una cartelería ingeniosa que procuraba atender esta problemática, mortal. Avisos fúnebres de Iván Amil, Lucía Ebria, Leandro Gado, y varios nombres ingeniosos más, alusivos, de quienes iban muriendo, mejor dicho, siendo matados en las rutas. Bien diseñados, no lograron empero, modificar a los conductores. No se arrancó (al menos tanto como era necesario) la estúpida costumbre, muy machista, de conducir con alcohol en las venas. O con apenas alcohol en las venas.

En Suecia, a mediados del  siglo xx, con el auge del automovilismo, la cantidad de muertes en rutas creció arrolladoramente. Es un país con noches muy largas y con nieve y/o hielo en las rutas varios meses al año. Lo que agranda muchísimo el riesgo de muerte.

Se inició una campaña intensa para no conducir si habías bebido alcohol. No se llegó a cero mg de alcohol en sangre; tolerancia, pero con límite: 0,5 mg. Un buen  chopp de cerveza (pero uno) o un vaso de vino mediano, tirando a chico. Y controles, espirometrías.

Si te encontraban por encima de ese límite, aun sin infracción a la vista, un mes de cárcel. No inmediata; podías llegar a casa y elegir fecha. Pero el mes de cárcel se alojaba en tu vida cotidiana; y la reescolarización para conducir, también.

Dos "ahuyentadores" que resultaron, en Suecia, disuasivos. Y educación vial.

Algunos periodistas o escritores fueron invitados a tratar el tema. Y surgió un relato "histórico" de un narrador; el anarcosindicalista Stig Dagerman; "Matar a un niño", con un accidente de ruta, de ésos que ahora tenemos en Uruguay a diario.

En Suecia, los fines de semana siguieron con borracheras incluidas. Una suerte de costumbre nacional. Un desenchufe de la semana laboral, intensa. Pero en esas barras de muchachos en cada salida, en cada fin de semana, uno no bebía ni una gota y era quien conducía "de regreso a casa" a cada uno de los bebedores. El chofer rotaba cada fin de semana. Así, una sociedad no abstemia, unió esas dos moscas por el rabo.

Las estadísticas de mortalidad en las rutas fueron bajando estrepitosamente. Pese a las   condiciones atmosféricas, a que abunda la niebla durante buena parte del año. Y sobre todo, la oscuridad (que sextuplica las tasas de incidentes viales).

En nuestro país no faltaron avisos de precaución, incluso ingeniosos, como vimos. No faltan límites de ingestión alcohólica, incluso más severos que en Suecia. No faltan las víctimas, al contrario...  aumentan.

¿Qué es lo que no le permite a la sociedad uruguaya reaccionar contra la desaprensión social que tolera a gente alcoholizada (poquito) seguir al volante?

No sé si cierta resistencia "a lo legal", aquello que Eduardo Galeano tipificaba como que 'Uruguay está poblado por 3 millones de anarquistas de derecha', puede tener que ver con nuestra problemática, pero sí sé que un legalismo vacío, una legalidad asocial  no encarnada, puede tener mucho que ver con nuestras dificultades de tránsito, de calle.

Una norma de las más elementales en el tránsito vehicular es avisar cuando se va a doblar. Los señaleros son ahora una presencia normalizada en todos los vehículos (décadas atrás, me tocó conducir vehículos sin señalero; se avisaba con el brazo desde la ventanilla).

En nuestro país, existe una exigua minoría de conductores que no avisan que van a doblar (supe de un conductor, década de los '70, que consideraba que avisar era de mariquitas; era un fulano de profesión militar).

"Todo el mundo" avisa.

Pero en Uruguay, un 70% u 80% avisa al iniciar el giro; avisa doblando. Es decir, se avisa a sí mismo.

Esto es autismo, pero no automovilístico sino psíquico.

¿De qué sirve este aviso en ese preciso momento? He preguntado: es apenas la comprobación que se conoce el reglamento. Pero, a la vista está, no sirve, social, "musicalmente", como ensamble entre vehículos.

El fulano cumple con el reglamento, pero no está "en el concierto".

Porque el aviso de giro es a los otros. A los móviles circundantes. Con antelación. Para proseguir conduciendo mientras otros también se mueven; si uno no avisa al doblar, si fuera un camarón, se lo lleva la corriente.

Está mal aprendido. O mal incorporado. Y así, resiste el cambio.

El que no avisa que dobla, porque nunca "se avivó", cuando lo advierta, o se lo adviertan, lo incorporará. Pero el que avisa mal (porque avisa tarde) está convencido que cumple con el reglamento, con la ley. Le va a costar modificarse, puesto que él cumple...

Es aquello que tantas veces se aborda con los reglamentos, las leyes, las acordadas. De la letra o el espíritu. Si cumplimos estrictamente con la letra pero no captamos el espíritu, nos hundimos, o chocamos, en lugar de avanzar...

Nos morimos en lugar de vivir. Nos matamos. Como el cincuentón algo alcoholizado que provocó un desvío sorpresivo y rápido que llevó a una muerte -atroz- a tres veinteañeros en otro vehículo.[2]

La muerte, esa vieja conocida de las rutas uruguayas.

PALESTINA

Pero no sólo, claro, de las rutas... uruguayas. Leo la nota de la joven palestina Lama Khouri,[3] "La violencia sexual sistemática de Israel y el silencio que la hace posible" y las muertes se nos hacen devastadoras. Espabila mi memoria. Cuando niño, probablemente antes de 1948, leía, interrogándome, cuando vi aparecer pintadas enormes en varias paredes de mi barrio montevideano: "KAPLAN VIOLA LAUDOS". Justo frente a mi vivienda  había una fábrica textil donde 160 operarias se arremolinaban cada día para entrar y -movimiento inverso- para salir, de la fábrica-taller del empresario de apellido Kaplan.

Recuerdo los días de invierno, porque era noche a la entrada o a la salida (¿o en ambos momentos?), y a las mujeres, enfundadas en tapados y bufandas.

La frase, insoslayable en gruesos trazos rojos, me resultaba incomprensible; apenas captaba el apellido.

Ya crecido, fui comprendiendo las complejidades del mundo nuestro: Kaplan, el industrioso con mano de obra ajena, pertenecía a la industria nacional "batllista"; el sindicato protestatario que luchaba por mejoras salariales (y laborales) se recostaba, ideológicamente, en la URSS   ("la patria del proletariado"), donde si algo faltaba eran mejoras salariales (y sobraba terror).

Y otra generación de judíos uruguayizados se fue a Israel después de 1948, hace décadas, ascendiendo -como llaman en hebreo la mudanza de un país no judío al sionista-  (que judío y sionista no son sinónimos, por cierto).

Un joven Kaplan, nacido en Uruguay, revista hoy en el ejército israelí como vocero. Se siente cómodo postulando un genocidio (o incómodo, poco importa). Encarna una opresión, decididamente la más brutal.

Khouri nos habla de la violencia sexual, una de las tantas vías al genocidio, pero sobre todo del silencio "que la hace posible". Que lo hace posible.

Lo sangre palestina, derramada a lo largo de una colonización racista y supremacista que lleva más de un siglo es altamente significativa. Y nos queda el reconocimiento del médico Mads Gilbert, noruego, participante de varios hospitales de campaña en el territorio gazatí, que aprendió a admirar a los palestinos tan dañados, desangrados, tan intensa y atrozmente "visitados" por la muerte. Pero decirlo así, resultaría feudal; visitado por supremacistas, violadores, torturadores sionistas: ésos sí son los hechos.

Y hasta ahora, apenas el puñado de Francescas Albaneses y Mads Gilbert acusando más de un siglo de abusos y atrocidades. ?

 


[1]   "Un sueño soñaba anoche / soñito del alma mía, / soñaba con mis amores /

que en mis brazos los tenía. / Vi entrar señora tan blanca / muy más que la nieve fría.⁄

-¿Por dónde has entrado, amor? / ¿Cómo has entrado, mi vida? Las puertas están cerradas, / ventanas y celosías. / No soy el amor, amante; / la Muerte que Dios te envía.⁄-¡Ay, Muerte tan rigurosa, /

déjame vivir un día! / Un día no puede ser, / una hora tienes de vida./

Muy deprisa se calzaba,/ más deprisa se vestía; / ya se va para la calle, /

en donde su amor vivía. / -¡Ábreme la puerta, blanca, / ábreme la puerta, niña! /

-¿Cómo te podré yo abrir / si la ocasión no es venida? / Mi padre no fue al palacio,

mi madre no está dormida. / -Si no me abres esta noche, / ya no me abrirás, querida; ⁄

la Muerte me está buscando, / junto a ti vida sería. / -Vete bajo la ventana ⁄

donde labraba y cosía, / te echaré cordón de seda / para que subas arriba, /

y si el cordón no alcanzare / mis trenzas añadiría. / La fina seda se rompe; /

la Muerte que allí venía:/ -Vamos, el enamorado, / que la hora ya está cumplida.

[2]  Jueves 9 oct. en ruta 6, km.25, Canelones, Uruguay.

[3]  https://kritikbakis.com, 11 jul. 2026.

 

Luis E. Sabini Fernández

https://revistafuturos.noblogs.org/

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2026-07-17T12:36:00

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