La ola ultraderechista Trump en América Latina. Esteban Valenti

12.10.2026

"La adhesión de Estados Unidos a la Doctrina Monroe puede obligar a Estados Unidos [...] al ejercicio de un poder policial internacional." Theodore Roosevelt, mensaje anual al Congreso, 6 de diciembre de 1904.

No es un fenómeno circunstancial, no es solo un cambio en la correlación de fuerzas regional con influencia mundial, es una derrota histórica en la batalla cultural, nada menos que con la ultraderecha. No tienen antecedentes, desde la independencia de nuestros países. Duele hablar de estas cosas, hacer análisis fríos y no sentir en el profundo del alma, el impacto. Pero es obligatorio.

Si se concretara el próximo 25 de octubre la victoria de Bolsonaro en el balotaje en Brasil, sería el mayor viraje político de toda América Latina a lo largo de nuestra historia.

Sí. Si tomamos América Latina completa, incluida Centroamérica, se observa desde 2025 una secuencia muy clara de victorias de la derecha o centroderecha. Pero haría una distinción importante: no en todas intervino Trump directamente durante la campaña. AP contabiliza siete grandes victorias presidenciales conservadoras recientes en la región. AP News

Los casos más claros

 

El caso más inequívoco de Centroamérica es Honduras. Trump intervino abiertamente respaldando a Nasry Asfura, candidato del Partido Nacional. Asfura terminó ganando con 40,3% contra 39,5% de Salvador Nasralla. Reuters lo describe directamente como Trump-backed Asfura.

También debe incluirse Costa Rica. Laura Fernández ganó en primera vuelta en febrero de 2026 con alrededor del 48,5%, frente al 32,1% de Álvaro Ramos. Es una dirigente de derecha, continuadora de Rodrigo Chaves, muy alineada con Washington y con políticas de seguridad inspiradas parcialmente en Bukele. Sin embargo, pondría un asterisco: las evidencias de una intervención electoral personal de Trump son bastante menos contundentes que en Honduras o Colombia.

En Sudamérica el cambio es todavía más impresionante

Ecuador: Daniel Noboa derrotó a Luisa González por aproximadamente 55,6%-44,3%. Durante la campaña viajó a Mar-a-Lago y se reunió con Trump. Analistas ecuatorianos hablaron incluso de un "efecto Trump", aunque naturalmente eso no demuestra que ese factor explique por sí solo los doce puntos de diferencia.

Bolivia: Rodrigo Paz terminó con dos décadas de gobiernos vinculados al MAS al ganar el balotaje con aproximadamente 54,5%. Aquí sería incorrecto hablar de una victoria "apoyada por Trump" en el mismo sentido que Honduras. Lo comprobable es que la administración estadounidense celebró inmediatamente el cambio político y abrió una nueva etapa de relaciones con La Paz.

Chile: José Antonio Kast ganó la presidencia en diciembre de 2025. Y aquí hay un dato muy interesante: después de la elección, el propio Trump dijo que Kast era "la persona a la que apoyé" y celebró su victoria.

Perú: Keiko Fujimori fue finalmente declarada ganadora en 2026, por un margen extraordinariamente pequeño: 50,135%-49,865%. Es otra incorporación importante al mapa regional de gobiernos de derecha. La administración Trump felicitó inmediatamente a Fujimori y planteó profundizar la cooperación en seguridad, inversiones y comercio. Pero no confundiría esa afinidad posterior con una intervención electoral directa de Trump.

Y probablemente el caso políticamente más significativo después de Honduras sea Colombia. Abelardo de la Espriella derrotó a Iván Cepeda por aproximadamente 49,66%-48,70% en junio. Trump lo respaldó explícitamente antes de la elección y llamó públicamente a apoyarlo. Es uno de los ejemplos más claros de intervención política de Trump en una elección latinoamericana.

Y agregaría Argentina, aunque es un caso diferente, Argentina no celebró una elección presidencial reciente: fueron las legislativas de 2025. Pero políticamente es indispensable incluirla porque Trump dio un respaldo personal extraordinariamente explícito a Javier Milei y a su proyecto político antes de las elecciones. Trump llegó a declarar que lo respaldaba "100%", mientras Estados Unidos instrumentaba apoyo financiero a Argentina.

No incluiría El Salvador dentro de esta misma serie electoral. Bukele fue reelegido en febrero de 2024, antes del regreso de Trump a la Casa Blanca, con 84,6%. Hoy existe una relación Trump-Bukele muy estrecha, pero sería históricamente incorrecto decir que Trump produjo o respaldó desde la presidencia estadounidense aquella victoria electoral.

El mapa que queda

Lo interesante para el análisis que estás haciendo sobre Brasil es la secuencia:

Ecuador ? Bolivia ? Honduras ? Chile ? Costa Rica ? Perú ? Colombia, más el fortalecimiento electoral de Milei en Argentina.

No significa que Trump haya causado esas victorias. AP identifica factores internos que se repiten -inseguridad, narcotráfico, inmigración, economía y desgaste de los gobiernos existentes- y esos factores probablemente explican mucho más que la política estadounidense.

Pero existe una segunda cuestión diferente y políticamente importante: Trump está intentando convertir esa corriente electoral en un bloque regional afín a Washington. En algunos países simplemente aprovechó posteriormente el cambio; en Honduras y Colombia intervino explícitamente respaldando candidatos, y en otros, como Ecuador, Chile y Argentina, la relación política fue muy visible. EFE describe precisamente esta política como una estrategia de respaldo a candidatos ideológicamente próximos para aumentar los aliados de Washington en América Latina.

Y eso conecta directamente con la pregunta anterior sobre Brasil: si Flávio Bolsonaro ganara el 25 de octubre, Brasil se incorporaría a un continente cuyo mapa político ha cambiado muy rápidamente desde comienzos de 2025. Pero todavía hay que separar cuidadosamente "giro regional a la derecha" de "victorias producidas por el apoyo de Trump": lo primero está ampliamente documentado; lo segundo solamente puede sostenerse con claridad en algunos casos.

En Venezuela no hubo una victoria electoral de la derecha apoyada por Trump. Lo que ocurrió en 2026 fue mucho más excepcional: el 3 de enero fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores en Caracas y los trasladaron a Estados Unidos. Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina. Desde entonces, Washington reconoció a Rodríguez como jefa de Estado, restableció relaciones diplomáticas y fue levantando determinadas sanciones.

Y aquí aparece una paradoja extraordinaria: Trump no colocó en el poder a María Corina Machado ni a la oposición que había combatido al chavismo. Está trabajando con Delcy Rodríguez, una figura central del propio régimen chavista. En septiembre Trump y Rodríguez incluso se reunieron personalmente en Nueva York.

Además, Washington está priorizando por ahora estabilidad política, recuperación económica y petróleo antes que elecciones inmediatas. Reuters informó que fuentes y analistas consideran posible que las elecciones no se celebren hasta fines de 2027 o incluso después. Trump acaba de declarar que todavía es "demasiado pronto" para votar.

Esto hace que el caso venezolano sea, para el fenómeno que estás estudiando, quizá más importante que otra victoria electoral de la derecha.

Yo separaría el mapa latinoamericano actual en tres fenómenos distintos:

  1. Derechas que ganaron elecciones, como Chile, Honduras, Costa Rica, Perú y Colombia.
  2. Gobiernos de derecha ya existentes y estrechamente aliados con Trump, especialmente Milei en Argentina y Bukele en El Salvador.
  3. Venezuela, donde Estados Unidos intervino directamente contra Maduro y posteriormente construyó una relación de cooperación con un gobierno provisional encabezado por Delcy Rodríguez, mientras posterga la resolución electoral definitiva.

Santificando la dictadura y apropiándose de las principales riquezas del país, como nunca antes se había hecho en ningún país del continente.

Y hay un elemento especialmente interesante: María Corina Machado no está ocupando el centro del proceso de transición diseñado por Washington. Reuters señala incluso reticencias dentro de la administración Trump respecto de su regreso inmediato, por temor a que una movilización opositora pudiera desestabilizar la transición.

Por eso, para un análisis continental, yo sí incluiría Venezuela, pero no dentro de una lista titulada "triunfos electorales de la derecha". La pondría aparte como el caso de mayor intervención directa de Estados Unidos en la modificación del equilibrio político latinoamericano durante la segunda presidencia de Trump.

Y eso vuelve mucho más interesante tu pregunta original sobre Brasil: no estamos observando solamente una sucesión de elecciones nacionales. Estamos viendo simultáneamente un giro electoral hacia la derecha en varios países y una política exterior estadounidense mucho más activa para construir relaciones con gobiernos latinoamericanos compatibles con sus intereses. Venezuela constituye el extremo excepcional de ese segundo fenómeno. CSIS

Cuba es fundamental, pero, igual que Venezuela, no puede incluirse entre las victorias electorales de la derecha porque no ha habido una elección presidencial competitiva. Lo que sí está ocurriendo en 2026 es probablemente el mayor desafío al régimen cubano en décadas.

Después de la captura de Maduro y de la pérdida del suministro venezolano, la administración Trump endureció extraordinariamente la presión sobre La Habana. Trump ha dicho que pretende un cambio fundamental del gobierno cubano, mientras Marco Rubio sostiene una línea particularmente dura. Washington mantiene un bloqueo petrolero, endureció sanciones financieras y comerciales y reclama elecciones libres. Reuters

Cuba está en una situación muy diferente a la de años anteriores

Hay cuatro elementos que considero especialmente importantes.

1. Perdió Venezuela como sostén estratégico. Durante décadas Cuba pudo soportar el embargo estadounidense porque tuvo sucesivamente apoyos externos muy poderosos: primero la URSS y después, en una escala diferente, la Venezuela de Chávez y Maduro. La transformación venezolana de 2026 eliminó buena parte de ese segundo sostén, especialmente el energético.

2. La crisis interna es extraordinariamente profunda. Hay escasez de combustible, alimentos y medicamentos, problemas de transporte y prolongados apagones. ACLED registra casi 300 manifestaciones durante 2026, más que en cualquier año completo desde que comenzó a recopilar datos sobre Cuba en 2018.

3. Está ocurriendo algo ideológicamente muy interesante dentro de Cuba: el propio gobierno está ampliando considerablemente el espacio de la empresa privada. Las reformas aprobadas en junio permiten que empresas privadas tengan más de 100 empleados, importen y exporten directamente, accedan a mercados financieros y contraten trabajadores sin intermediación estatal. Díaz-Canel insiste en que esto no significa abandonar el socialismo, pero objetivamente representa una apertura económica muy importante.

4. Trump está presionando, pero hasta ahora no ha repetido la operación venezolana. De hecho, hace pocos días dijo que cree que Estados Unidos y Cuba terminarán llegando a un acuerdo y que no considera necesario utilizar las fuerzas armadas. Cuba, por su parte, reconoce que existen contactos con Washington -reuniones, llamadas y hasta comunicaciones por WhatsApp-, aunque sostiene que no existen negociaciones formales.

Aquí existe una contradicción interesante: Trump afirmó ante Naciones Unidas que Rubio estaba profundamente involucrado en negociaciones con La Habana; la representante cubana en Washington dice que sólo existen canales de comunicación. Por tanto, sabemos que hay contactos, pero no sabemos hasta dónde llegan.

Hay una línea roja cubana

La posición oficial de La Habana es muy clara: puede discutir cuestiones económicas y mantener conversaciones con Estados Unidos, pero no negociará el sistema político cubano ni aceptará como condición estadounidense un cambio de régimen.

Y Washington sostiene prácticamente lo contrario: exige reformas políticas y elecciones libres y justas. Trump prorrogó además hasta septiembre de 2027 las facultades estadounidenses vinculadas al régimen de sanciones contra Cuba.

Por eso yo colocaría a Cuba y Venezuela en un capítulo diferente del fenómeno continental que venimos examinando.

En Argentina, Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile, Costa Rica, Perú y Colombia estamos hablando fundamentalmente de desplazamientos electorales hacia la derecha, aunque la participación de Trump fue muy diferente en cada país.

En Venezuela, Estados Unidos intervino directamente y eliminó del poder a Maduro, pero terminó trabajando con Delcy Rodríguez en lugar de entregar inmediatamente el gobierno a la oposición.

Y en Cuba, Trump está utilizando fundamentalmente presión económica, energética y diplomática para intentar provocar una transformación política, mientras el régimen continúa gobernando y simultáneamente introduce reformas económicas.

Eso me lleva a una conclusión analítica que me parece importante para el tema que estás investigando: el fenómeno latinoamericano de 2025-2026 no es simplemente una "ola electoral de derecha". Son dos procesos que coinciden. Uno nace dentro de las sociedades latinoamericanas -inseguridad, narcotráfico, inflación, inmigración, agotamiento de determinados gobiernos y demanda de cambio- y está produciendo victorias electorales de derecha. El otro es una política exterior estadounidense mucho más intervencionista bajo Trump, que intenta aprovechar ese desplazamiento regional y modificar el equilibrio político en los países que todavía están fuera de esa corriente.

Cuba es probablemente la gran incógnita que queda en el Caribe. Y, a diferencia de Brasil, allí la pregunta inmediata no es quién ganará una elección, sino si la enorme presión económica y social terminará produciendo una negociación, una transformación interna del régimen o una confrontación mayor con Estados Unidos. Hoy, 7 de octubre, ninguna de esas tres posibilidades puede darse por resuelta.

Si quieres, puedo hacer ahora algo que creo que sería muy revelador: armar el mapa político completo de América Latina a octubre de 2026, país por país, clasificando gobiernos de izquierda, centro y derecha, y compararlo con el mapa de 2023. Ahí se ve con mucha claridad la magnitud del cambio continental.

"...subordinando cada vez más violentamente el hemisferio occidental, transformando los países de Centro y Sudamérica en sus colonias..."

- León Trotsky, 1920.

Esteban Valenti
2026-10-12T06:12:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)