La paradoja del hambre y la obesidad que golpea a la región. Juan Trímboli
29.09.2026
No es extraño escuchar a alguien decir "está bien alimentado", al hacer referencia a una persona con sobrepeso u obesidad. Esa expresión coloquial, seguramente sin pretenderlo, oculta la verdadera naturaleza de este problema.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el término "malnutrición" se refiere a carencias, excesos y desequilibrios de la ingesta calórica o de nutrientes de una persona y puede manifestarse a través de la desnutrición o, en el extremo opuesto, en el sobrepeso y la obesidad; ambos fenómenos coexisten a nivel mundial y son un importante motivo de preocupación en el ámbito de las políticas de salud pública.
Respecto a la desnutrición, la OMS afirma que una de sus causas es el hambre, es decir, la falta o escasez de alimentos. La falta de disponibilidad y de acceso a los alimentos es consecuencia de varios factores, destacando graves problemas como la pobreza y la desigualdad, así como fenómenos climatológicos adversos a la producción alimentaria y el propio encarecimiento de los alimentos básicos.
El concepto hambre es conocido también como "subalimentación", y según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se trata de una sensación física incómoda o dolorosa, causada por un consumo insuficiente de energía alimentaria. Se vuelve crónica cuando la persona no consume una cantidad suficiente de calorías (energía alimentaria) de forma regular para llevar una vida normal, activa y saludable.
El análisis de los datos más recientes sobre este tema en 25 países de América Latina y El Caribe, indican que en el último año el hambre aumentó en Bolivia, Surinam y Cuba; en 6 países (Bolivia, Honduras, Guatemala, Surinam, Ecuador y Trinidad y Tobago) la subalimentación afecta a entre el 10 y el 20 por ciento de la población; y en otros 6 países: Uruguay, Costa Rica, Brasil, Chile, República Dominicana y Guyana., la proporción de población padeciendo hambre es menor al 2,5%.
El hambre puede ser provocada por diversos factores, destacando la pobreza y la desigualdad económica, que ocasionan carencia de recursos necesarios para obtener la alimentación básica; los conflictos armados internos o internacionales usualmente interrumpen y dificultan la disponibilidad de alimentos; igualmente, eventos climáticos extremos como la sequía o exceso de lluvias, pueden provocar graves repercusiones en la producción y consumo alimentario.
En el 2015 la comunidad internacional se comprometió a eliminar el hambre para el año 2030, pero los datos más recientes revelan que la mayor parte de países de América Latina y El Caribe no están avanzando en la velocidad requerida para alcanzar a tiempo dicha meta y lo peor es que una tercera parte de los países van en la dirección opuesta, concretamente nos referimos a Bolivia, Surinam, Trinidad y Tobago, Ecuador, Honduras, Paraguay, Perú y Cuba.
El último informe sobre "El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026", estima que 33,9 millones de personas sufren de hambre en nuestra región, situación que exhibe el fracaso de las políticas y estrategias que el liderazgo político y económico viene implementando, y con el actual auge de gobiernos populistas, es poco probable que este contexto cambie en forma positiva en el corto plazo.
Conviene recalcar que el hambre no es ocasionada por una insuficiente producción de alimentos, por el contrario, en la actualidad se producen suficientes alimentos para todos los habitantes del planeta, pero el problema principal es la mala distribución, el costo económico y el desperdicio, estimándose que cada día se desperdician más de mil millones de platos de comida, panorama que relega y condena a millones de personas a vivir con hambre, una vulneración inaceptable a sus derechos fundamentales.
Con relación a la otra manifestación de la malnutrición, en el análisis técnico sobre las causas de la obesidad, destacan las siguientes:
-
El alto costo de la alimentación saludable que existe en la región empuja a millones de personas a optar por calorías baratas, pero de bajo valor nutricional.
-
Existe una penetración masiva de los llamados ultraprocesados, que son productos industrializados, snacks refinados y bebidas azucaradas, favorecidos por intensas campañas de publicidad y que no necesitan refrigeración.
-
La inseguridad ciudadana y falta de espacios públicos en muchas ciudades limitan la posibilidad de realizar actividad física o recreativa al aire libre.
Aunque parezca extraño, en América Latina y El Caribe coexisten altos niveles de hambre e inseguridad alimentaria con alarmantes tasas de obesidad, fenómeno al que los expertos denominan "doble carga" de malnutrición.
Siempre en el marco de la Agenda 2030, los países asumieron el compromiso de poner fin a todas las formas de malnutrición al año 2030, lo que incluye el sobrepeso y la obesidad. Revisado los datos publicados en el más reciente informe de la FAO, se ha identificado que, con la excepción de Venezuela, en todos los países de la región aumentó la obesidad entre la población adulta entre 2015 y 2024.
De acuerdo con estos datos, en 22 países de la región la obesidad adulta se ubica entre el 30% y el 47%, siendo San Cristóbal y Nieves, Belice y Chile los países con mayor proporción de personas padeciendo esta manifestación de malnutrición. En cambio, 7 países (Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala, Colombia, Cuba y Venezuela) reportan una tasa de obesidad debajo del 30%.
El aumento de la obesidad provoca la aparición temprana de enfermedades crónicas, que conducen al desarrollo de infartos, insuficiencia renal o problemas de movilidad en etapas productivas tempranas de la vida laboral de la gente, lo que también provoca importantes consecuencias en los ya saturados sistemas públicos de salud de nuestros países. Se sabe que el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la hipertensión absorben una parte importante de los presupuestos nacionales de salud, limitando recursos para otras áreas críticas.
Ante esta situación , organizaciones sociales, la academia y profesionales de la salud vienen impulsando la adopción de nueva legislación y reglamentación a nivel nacional, destacando los casos de Chile, México, Colombia, Uruguay, Argentina, Brasil, Perú, Ecuador donde se han promulgado normas de etiquetado frontal de advertencia (octógonos), semáforos con advertencias, y/o impuestos a las bebidas azucaradas para intentar desincentivar el consumo masivo de estos productos.
Las personas pobres comen mal porque los alimentos baratos llenan el estómago, pero no nutren y lo peor es que muchas veces conducen al sobrepeso y la obesidad. Esta doble carga de malnutrición es una afrenta a la dignidad humana y una vulneración a los derechos fundamentales de la gente, por lo que también debería ser un catalizador para fortalecer las luchas sociales que impulsen un cambio estructural que solucione de raíz este gran problema.
Juan Trímboli. Presidente de la Fundación Ciudadana por un Consumo Responsable, con sede en Chile.
Para conocer más datos e información relevante sobre estos indicadores, puedes leer y descargar el informe reciente de la Fundación Ciudadana por un Consumo Responsable:
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias