La venganza del huevo. Jorge Ángel Pérez (desde Cuba)
28.08.2026
El huevo, convertido en un lujo de hasta 300 pesos, encarna el absurdo de una Cuba donde hasta preparar una tortilla parece imposible.
Hoy tengo muchas ganas de llorar, y esos deseos son salidos de mis tristezas, de esos desconsuelos con los que comencé a lidiar desde hace unos días, desde que me enteré de una noticia que anda dando vueltas por toda la ciudad y sobre todo en las redes sociales. Todo gira alrededor del huevo, como siempre sucede desde que el mundo es mundo, aunque no existan aún confirmaciones sobre ese asunto que sigue armando un gran alboroto.
El precio del huevo crece y crece mucho, tanto como la verdolaga. Y no lo digo yo, lo dicen todos, sobre todo quienes somos capaces de sufrir por un huevo, por la desaparición del huevo, por el aumento del precio del huevo en todos los mercados, y sobre todo en ese al que llaman informal porque no cuenta con la anuencia del viejo Fidel Castro, que ya no está.
El precio del huevo sigue subiendo, y yo me pregunto hasta qué punto llegará, mientras mi vecina pesimista asegura que sobrepasará las alturas del Himalaya. Y yo sigo pensando en él. No puedo evitarlo, lo extraño y hasta lo venero en las mañanas asoladas y tristes, y calurosas y llenas de mosquitos de mi país.
Yo pienso en el huevo a toda hora, y mucho más desde que supe de la subida de sus precios. Dicen que un huevo costaba esta mañana la nada módica cifra de 200 pesos, la que enseguida subió a 300.
Todo salió de un huevo, decía mi abuela, y digo yo, y también quienes deciden en este país los precios de las cosas. ¿Acaso Fidel Castro también salió de un huevo? ¿Le gustaba el huevo? ¿Lo comía? ¿No le salían vientos a montones? ¿Lloró alguna vez por un huevo como un niño que conozco y que pide uno cada mañana a su mamá, que llora, se desespera porque no puede pagar esos precios que hoy tiene el huevo en mi país?
En Cuba suben los precios, suben cada minuto, cada segundo, pero sobre todo sube el precio del huevo cariñoso y nutritivo, ese huevo que tanto protagonismo ha tenido en la historia de mi país. Y quizá por eso escuché decir a una vecina que en Cuba se ha despilfarrado el huevo, se le ha faltado el respeto, y ahora el huevo nos está cobrando tanta villanía.
El huevo es muy nutritivo, es muy saludable y puede ser, incluso, el más perfecto acompañante de otros platos. Un huevito en la mañana garantiza que no baje la hemoglobina, así decían los viejos, y todavía insisten en sus bondades alimenticias. El huevo es el inicio del mundo, el inicio de todo, el de la vida y quizá hasta de la muerte en una cola para conseguir comprar un huevo a mejor precio.
Y yo creo en la venganza del huevo, en los maltratos, en los trabajos que los comunistas decidieron para él. El huevo en Cuba tiene historias muy espurias. El huevo un día sirvió para acosar, para vejar y maltratar. El huevo entró a la Embajada del Perú para acosar a los que disentían del comunismo. El huevo llegó a los barrios, a las espaldas, a los pechos de quienes se iban a Estados Unidos a través del puerto del Mariel.
Y hoy parece que ha decidido tomar venganza. El huevo tiene muy altos precios. Un día cuesta 200 pesos y, al siguiente, alcanza los 300. Pareciera que mira cada vez más hacia arriba: el huevo quiere vengarse.
La postura de pollo tiene precios muy altos, tan altos que una simple tortilla puede considerarse todo un exceso, una ostentación. El huevo quiere vengarse, quiere limpiar su reputación, sobre todo ante los ojos de aquellos que usaron al huevo para vejar a los cubanos que disentían del comunismo cruel. El huevo no quiere que lo culpen por los tantos horrores que hicieron cuando estuvieron bajo el mando de esos comunistas.
Y no habrá que extrañarse si alguna mañana nos levantamos con la noticia de que los huevos decidieron marcharse al norte, para que luchemos por nuestras libertades y contra el precio exorbitante de un simple huevo. Ah, el huevo parece decirnos: "A levantarse, cubanos, que ya ha llegado el día del huevo y la libertad...".
Publicado en Cubanet, el 27 de agosto de 2026
Jorge Ángel Pérez nació en Cuba (1963), donde vive, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas.
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