La verba inflamada... ¡de colesterol! Fernando Gil Díaz

02.08.2026

Según la Real Academia Española, un exabrupto "es una salida de tono, un dicho grosero o un acto inesperado y brusco". Algo que muchos escuchamos sin censura en un escenario deportivo, esos espacios donde se liberan las emociones al punto de los excesos a los que referiré en esta columna.

Claro que en medio de una multitud el exabrupto tiene el amparo del anonimato, en cambio cuando es posible identificar al autor la cosa cambia. Mucho más si el escenario es el pleno de una asamblea legislativa y el autor que lo profiere es un representante nacional dotado de fueros pensados para otros menesteres mucho más nobles y republicanos que una puteada. Así las cosas, los protagonistas vuelven a dejar claro que son mortales pero con el agravante de no darse cuenta que así como un boxeador tiene "la piña prohibida" ellos deberían asumir que tienen un poderoso instrumento que cuidar y valorar: la palabra.

Oligarca puto

Recuperada la democracia nos costó tiempo aprender a debatir respetando las ideas y no pasó mucho tiempo que el debate acalorado pasara un límite que expuso a la verba parlamentaria a inflamarse de ofensivos adjetivos. Aquel episodio, tuvo como uno de sus protagonistas y receptor del exabrupto al expresidente Lacalle Pou. Lo más triste de aquel insulto fue que no acabó en una mera adjetivación soez sino que el conato de violencia superó las ondas sonoras y el involucrado recibió un furibundo golpe de puño en medio de los empujones.

Aquel hecho no fue el primero ni sería (ni lo será), lastimosamente, el último pues hubo otros no tan lejanos que nos permiten denigrar esa forma de dirimir las diferencias apelando a la ordinariez dialéctica como instrumento. En ocasión de la interpelación al ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca - Alfredo Fratti - el senador Sebastián Da Silva vomitó la frase "puto de mierda", en respuesta a la intervención del también senador Nicolás Viera, al sentirse aludido por una referencia de este con el caso de Conexión Ganadera. Más allá de lo ofensivo de la referencia, el exceso verbal dejó en evidencia el pobrísimo nivel de la clase política oriental, que ante una alusión recurre al agravio soez y discriminatorio (en este caso) con referencias a la condición sexual del oponente.

Ese nivel de zócalo que sostienen algunos representantes nacionales, deja muy mal parada a una clase política que tiene numerosas ocasiones de demostrar todo lo contrario a esa mala práctica o costumbre que han asumido algunos para intentar mantener la atención y buscar la reacción como forma de hacer política. En Argentina lo lograron, instalando la llamada "grieta" que permitió instalar un profundo descreimiento en los políticos y permitir la llegada de un alienado como Milei al poder.

Volviendo al foco de esta columna, y retomando el hilo conductor de la misma, hubo otros tipos de excesos no buscados pero cometidos por la impericia de sus protagonistas. ¿Quién no recuerda la referencia de Jorge Batlle hacia los argentinos? "No me compare al Uruguay con la Argentina...los argentinos son unos ladrones del primero al último..." , algo que le valió un viaje a disculparse con lágrimas incluidas ante la mirada de uno de los tantos presidentes que tuvo aquel país en ese momento - Eduardo Duhalde.

Un poco más acá en el tiempo el querido Pepe Mujica tuvo la suya con un micrófono abierto que lo delató diciendo "esta vieja es peor que el tuerto", en clara alusión a Cristina Fernández de Kirchner. Claro que Pepe tuvo mucha más dignidad a la hora de asumir el error y fiel a su impronta no pidió disculpas y asumió lo dicho. Pero Pepe era de teflón, y resistía ese tipo de actos fallidos sin perder su condición ni su popularidad.

En la actualidad el micrófono abierto tuvo otro episodio que generó ruido en la interna frenteamplista de forma equivocada cuando se escuchó decir a la senadora Blanca Rodríguez "esta llega tarde y no entiende lo que está pasando",mientras ejercía la presidencia de la Cámara de Senadores. La circunstancia fue dimensionada en redes y recogida -erróneamente- por un portal de noticias (Montevideo Portal), aludiendo a la senadora Bettiana Díaz como la receptora del mensaje cuando en realidad era por Gloria Rodríguez del Partido Nacional.

Como ven ese tipo de errores los puede cometer cualquiera y hoy en día con el auge de las redes sociales y las nuevas tecnologías en comunicación, es muy fácil dejar registro para alimentar el morbo popular.

Huevos colorados y blancos

Los dichos frente a un micrófono siempre dejan registro, por eso es necesario conocer que si la lucecita roja está prendida lo que se diga dejará de ser propiedad del dicente para pasar a ser parte del dominio público. Así le ocurrió al senador Pedro Bordaberry en un evento organizado por el Palacio Legislativo al pedir liberación para los presos de Domingo Arena. Allí manifestó que no se les otorgaba la prisión domiciliaria porque "al Frente Amplio no le dan los huevos".

No solo cometió un exceso verbal impropio de alguien al que se lo creía más educado, sino que faltó a la verdad por partida doble. Primero, las libertades no las da ningún partido político sino la justicia. En otro caso si así fuera posible, tuvieron la oportunidad de hacerlo mientras fueron gobierno con Lacalle Pou y no lo hicieron ni consiguieron los consensos para hacerlo. Tenían mayorías parlamentarias y bien pudieron votar una ley que habilitara a la justicia para hacerlo. No lo hicieron. Segundo, su propio padre usufructuó el beneficio de la prisión domiciliaria, junto a más de la mitad de los condenados por delitos de terrorismo de Estado, con lo cual sus dichos, pidiendo que lo desmientan, son una puesta en escena. Ya lo desmintió en un editorial, el periodista Marcelo Pereira (Alegato avícola por la impunidad - 30/07/26 - La Diaria).

La alusión a los "huevos" como símbolo machista me trae a la memoria otra referencia de los albores de la recuperación democrática; la noche nefasta en que se votó la Ley de Impunidad, bautizada como "Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado". Una norma que puso al resguardo a los militares violadores de los Derechos Humanos cuyas citaciones apilaba en una caja fuerte el por entonces Ministro de Defensa - Gral. Hugo Medina - y terminara con el desafuero de Germán Araújo por el delito de asonada. En la mañana posterior, un ingenioso y comprometido comerciante borró las ofertas de su pizarrón de calle para escribir en blanco sobre negro "Se acabaron los huevos blancos", en clara alusión al repliegue de Wilson Ferreira que terminó dando los votos para la aprobación de aquella ley.

Bordaberry quiso hacerse el popular bajando el nivel de su exposición pero la alusión se le volvió cual boomerang porque no resiste archivo, mal que le pese y aunque diga lo contrario.

Los tiempos en que el machismo se medía por el tamaño de los testículos ya fue, aunque si quiere, puede seguir aplicándolo en una cancha de fútbol pero no en escenarios donde lo puso la ciudadanía para otra cosa y no para medir la valentía según el tamaño y contenido escrotal de cada uno.

A estar por sus propìos dichos, les faltaron huevos para hacerlo siendo gobierno.

A cacarear al gallinero...

 

el hombre preparaba una tortilla,

el perro correteaba una gallina...

Fernando Gil Díaz
2026-08-02T21:09:00

Fernando Gil Díaz