Las AI chinas se mudan a Singapur2. Michael Mansilla

05.03.2026

Made in China, es una imagen de incertidumbre. Aranceles y transparencia, involucramiento del estado. Esta brecha de valoración está impulsando- a los propios chinos- a un "desprendimiento de China": las empresas nacidas en China se reubican en Singapur, cortan vínculos con el continente y se reposicionan como "singapurenses" para acceder al capital occidental y evitar las restricciones geopolíticas.

Singapur funciona como una "bandera de conveniencia corporativa", igual que Panamá para los barcos - pero para multinacionales.

La nueva ruta del capital chino pasa por Singapur

Durante décadas, el trayecto era previsible. Una empresa nacía en el continente chino, crecía al calor de su mercado interno y, cuando estaba lista para salir al mundo, cruzaba el umbral de Hong Kong. Allí encontraba bancos internacionales, abogados formados en common law y una plataforma reconocida por los mercados occidentales. Hong Kong era más que una ciudad: era el puente entre dos sistemas.

Hoy ese puente ya no es el único ni el principal. Cada vez más compañías chinas -sobre todo en sectores tecnológicos, financieros y biomédicos- están estableciendo sus holdings y sedes internacionales en Singapur. No es un movimiento ruidoso, ni se traduce en fábricas cerradas o plantas trasladadas. Es un desplazamiento más sutil, pero profundamente estratégico: el traslado de la "jurisdicción".

Para comprender este fenómeno hay que abandonar la imagen clásica de la relocalización industrial. No estamos ante empresas que abandonan China por falta de competitividad. La producción sigue allí, las cadenas logísticas continúan ancladas al territorio continental y la base tecnológica permanece en ciudades como Shenzhen o Hangzhou. Lo que cambia no es el lugar donde se produce, sino el lugar donde se registra la propiedad, donde se estructuran los contratos y donde se define la identidad legal de la empresa.

La clave está en el contexto geopolítico. La rivalidad creciente entre China y Estados Unidos ha transformado el entorno global. Sanciones tecnológicas, controles de exportación de chips, restricciones sobre datos y desconfianza política han convertido la nacionalidad jurídica de una empresa en un factor determinante. En ese escenario, operar directamente bajo la etiqueta de "empresa china" puede implicar mayores obstáculos en determinados mercados. La respuesta no ha sido retirarse, sino reconfigurarse.

¿Por qué Hong Kong dejó de ser atractivo para los inversores... y Singapur lo reemplazó?

2020: el año en que Hong Kong dejó de ser percibido como neutral.

El punto de inflexión fue 2020. Hasta entonces, Hong Kong había funcionado durante más de dos décadas bajo el principio de "un país, dos sistemas", conservando un orden jurídico diferenciado del continente, moneda propia, tribunales de tradición common law y un régimen aduanero separado. Ese estatus no solo era político; era el cimiento de su centralidad financiera.

La aprobación de la Ley de Seguridad Nacional de Hong Kong en junio de 2020 alteró esa percepción. Más allá del contenido técnico de la norma, el mensaje geopolítico fue claro para los mercados: Beijing reforzaba su capacidad de intervención directa en el territorio. La discusión dejó de ser estrictamente jurídica y pasó a ser estratégica.

La reacción estadounidense fue inmediata. La administración de Washington anunció el fin del trato comercial especial que diferenciaba a Hong Kong del resto de China en materia arancelaria y tecnológica. En términos prácticos, esto significó que exportaciones sensibles -incluidas ciertas tecnologías avanzadas- comenzarían a tratarse bajo el mismo régimen que el aplicado al continente. No fue una sanción masiva, pero sí un cambio simbólico potente: Hong Kong dejaba de ser considerado plenamente autónomo en el marco normativo estadounidense.

El impacto no se tradujo en un colapso financiero. El mercado bursátil siguió operando, los bancos internacionales permanecieron y la ciudad mantuvo su papel como principal puerta de entrada y salida de capital hacia China continental. De hecho, Hong Kong continúa gestionando un volumen significativo de ofertas públicas iniciales (IPOs) vinculadas a empresas chinas y conserva una posición relevante en la intermediación del comercio regional.

Sin embargo, los indicadores comenzaron a reflejar ajustes estructurales. Entre 2020 y 2022, la ciudad experimentó salidas netas de capital en determinados trimestres y una reducción en el número de sedes regionales de multinacionales occidentales. Varias empresas reubicaron parte de su personal directivo en otras jurisdicciones asiáticas. La población total de la ciudad también registró descensos consecutivos durante esos años, en parte vinculados a movilidad internacional de profesionales.

Aunque muchos hongkoneses tienen un segundo pasaporte, desde antes de 1997.Los destinos principales: Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Principalmente compraron bienes inmuebles, casas y apartamento, y un plus de entre 500 mil a 1 millón de dólares. Asegurándose una nueva residencia para toda la familia. El 5% de la población de Australia es de origen chino.

El cambio fundamental no fue cuantitativo sino cualitativo: la neutralidad dejó de darse por sentada. En finanzas globales, la percepción de independencia institucional es casi tan relevante como la independencia formal. Los grandes fondos de inversión y bancos internacionales operan sobre la base de confianza en la previsibilidad normativa. Cuando esa previsibilidad se percibe como potencialmente sujeta a dinámicas políticas mayores, el cálculo de riesgo cambia, aunque la infraestructura financiera permanezca intacta.

Hong Kong sigue siendo un centro financiero de primera línea en Asia. Su sistema bancario es profundo, su moneda está vinculada al dólar estadounidense y su mercado de capitales continúa siendo un canal clave para empresas del continente. Pero ya no cumple el papel exclusivo de bisagra neutral entre China y Occidente que desempeñó durante las décadas anteriores.

Ese vacío relativo fue el que abrió espacio para la consolidación de Singapur como plataforma alternativa. No porque Hong Kong haya dejado de funcionar, sino porque el entorno geopolítico transformó el valor estratégico de la neutralidad.

En un sistema internacional cada vez más fragmentado, la arquitectura financiera no depende únicamente de balances y tasas de interés. Depende también de cómo se percibe la autonomía institucional. Y 2020 marcó el momento en que, para una parte significativa del capital global, esa percepción comenzó a cambiar respecto de Hong Kong.

 Ahí es donde Singapur encontró su oportunidad histórica.

Singapur se ha convertido en el canal ideal para esta estrategia. La ciudad-estado ofrece una tasa impositiva corporativa del 17%, un sólido ecosistema de financiación y servicios gubernamentales de primera clase. Pero, específicamente para las empresas chinas, Singapur cuenta con ventajas únicas: una población de mayoría china donde el mandarín se habla ampliamente junto con el inglés, proximidad a las redes continentales y, aun así, suficiente distancia legal para eludir las restricciones occidentales.

Este posicionamiento no es casual. Singapur ha capitalizado sistemáticamente las crecientes tensiones entre Estados Unidos la Ley de Seguridad Nacional de Hong Kong aceleraron la tendencia, con empresas occidentales trasladando sus sedes en Asia-Pacífico a Singapur. Ahora, las empresas tecnológicas chinas siguen la misma ruta de migración, pero a la inversa, buscando capital occidental en lugar de operaciones asiáticas.

Singapur combina estabilidad política, sistema judicial sólido, baja corrupción y una reputación de previsibilidad que resulta extremadamente valiosa en tiempos de incertidumbre. Mantiene relaciones fluidas tanto con Washington como con Beijing, sin quedar atrapado en la confrontación abierta entre ambas potencias. No es un país alineado contra China, pero tampoco está bajo su influencia directa. Esa posición intermedia es, hoy, su mayor activo estratégico.

Adaptación, no cambio.

El patrón se repite: la fábrica puede estar en China, pero la empresa matriz puede estar registrada en Singapur. El capital puede tener origen chino, pero el contrato puede firmarse bajo ley singapurense. El mercado puede ser latinoamericano o europeo, pero la jurisdicción elegida para resolver disputas puede es la ciudad-Estado del sudeste asiático.

Este fenómeno tiene implicaciones que trascienden Asia. En América Latina, por ejemplo, es cada vez más frecuente que inversiones vinculadas a conglomerados chinos estén estructuradas a través de vehículos corporativos con sede en Singapur. Eso modifica el entramado jurídico de los proyectos: los tratados bilaterales aplicables, los mecanismos de arbitraje y la arquitectura financiera ya no responden exclusivamente a la relación directa entre un país latinoamericano y China, sino a un entramado más complejo.

¿Temu y Shein son empresas chinas?

No son chinas. Son empresas singapurenses, que operan las leyes jurídicas y fiscales de esta ciudad-estado. Pero los paquetes si provienen directamente desde fabricas chinas.

 No se trata de una evasión ni de una ruptura. Es una sofisticación. El capitalismo chino, lejos de retraerse ante la fragmentación global, ha optado por diversificar su anclaje jurídico. En lugar de enfrentarse frontalmente a las barreras geopolíticas, busca bordearlas mediante estructuras legales más flexibles.

Lo que estamos presenciando es una transición silenciosa en el mapa financiero asiático. Si el siglo XX tuvo en Hong Kong la puerta natural del capital chino hacia el mundo, el siglo XXI está consolidando a Singapur como su plataforma internacional.

En última instancia, el fenómeno revela una transformación más profunda: en la economía contemporánea, el poder no reside únicamente en la capacidad de producir, sino en la capacidad de elegir bajo qué reglas se opera. La jurisdicción se ha convertido en un recurso estratégico. Y en ese terreno, Singapur ha sabido posicionarse como el espacio donde el capital chino puede seguir siendo chino... sin parecerlo demasiado.

Ese matiz -casi invisible para el observador casual- es el que explica por qué, en el nuevo orden geoeconómico, las rutas del capital ya no siguen únicamente la lógica de la geografía física. Siguen la lógica de la confianza jurídica.

Y hoy, para muchas empresas chinas que miran al mundo, esa confianza tiene una dirección clara: Singapur.

Las tecnológica.

Las empresas tecnológicas chinas fueron las primeras en adaptarse. Necesitaban garantizar acceso a hardware avanzado, proteger propiedad intelectual y gestionar datos fuera del territorio continental para tranquilizar a reguladores extranjeros. Más tarde siguieron compañías del sector biomédico, interesadas en facilitar ensayos clínicos internacionales y asegurar reconocimiento global de patentes. Después llegaron los fondos de inversión y los grandes patrimonios privados, que encontraron en Singapur un entorno seguro para estructurar holdings y oficinas familiares con alcance global.

Las empresas chinas de IA necesitan la infraestructura legal de Singapur y su imagen de marca con influencia occidental para acceder a los mercados globales. Los gigantes tecnológicos estadounidenses necesitan la proximidad de Singapur al talento asiático y su capacidad para realizar transacciones donde los acuerdos directos entre Estados Unidos y China se han vuelto políticamente tóxicos. Para una ciudad-estado de tan solo seis millones de habitantes, facilitar incluso una fracción de los flujos globales de capital en IA representa un enorme multiplicador económico.

En diciembre de 2025, Meta adquirió Manus, una empresa china de inteligencia artificial, por 2000 millones de dólares. Fue una de las primeras adquisiciones importantes de una empresa china de inteligencia artificial por parte de un gigante tecnológico estadounidense. Este tipo de acuerdos son poco frecuentes debido a las restricciones regulatorias de Estados Unidos y a las marcadas disparidades de valoración entre los mercados de inteligencia artificial chino y occidental. ¿Qué hizo posible el acuerdo?

Manus se había reubicado en Singapur seis meses antes, rebautizándose como singapurense para eludir las restricciones estadounidenses sobre la tecnología china. Manus no solo cambio de sede. Trasladó a la mayoría de sus informáticos y su equipo directivo a Singapur, renovando su imagen lo suficiente como para cerrar un acuerdo con Meta. Manus dejo de ser china, totalmente ahora es parte META en su sede de Singapur.

El acuerdo con Manus expuso un problema estructural que enfrentan las start ups chinas de IA: severas restricciones de capital. Zhipu y Mini Max, dos de los seis " tigres de la IA " de China (la élite de grandes desarrolladores independientes de modelos de lenguaje), recientemente salieron a bolsa en la Bolsa de Valores de Hong Kong con valoraciones inferiores a US$7 mil millones cada una. Compárese con sus contrapartes estadounidenses: OpenAI con US$500 mil millones y Anthropic con US$183 mil millones.

Para los emprendedores chinos que desarrollan IA de vanguardia, los mercados de capital nacionales ofrecen solo una fracción de lo que la financiación occidental puede proporcionar. Esto se debe tanto a los mercados públicos conservadores de China como a la concentración del capital de inversión global en IA en Silicon Valley.

Esta brecha de valoración está impulsando el "desprendimiento de China": las empresas nacidas en China se reubican en Singapur, cortan vínculos con el continente y se reposicionan como "singapurenses" para acceder al capital occidental y evitar las restricciones geopolíticas.

Las normas estadounidenses sobre inversión en el extranjero restringen las adquisiciones estadounidenses de empresas chinas de inteligencia artificial, mientras que el Comité de Inversión Extranjera (CIE) chino, examina las transferencias de tecnología. Esto genera una presión regulatoria bidireccional que hace prácticamente imposibles los acuerdos directos entre Estados Unidos y China en materia de inteligencia artificial.

 Empresas relocalizadas.

 Empresas chinas o con origen mayoritario chino que han fijado parte de su sede, su estructura holding o un centro operativo clave en Singapur, ya sea como headquarters internacionales, unidades legales relevantes o sedes regionales, según informes de medios financieros y registros corporativos públicos:

 Empresas tecnológicas y digitales.

Byte Dance - El gigante tecnológico dueño de TikTok ha establecido una entidad registrada en Singapur (Picoheart) y opera importantes funciones globales desde allí, incluidos centros de datos y parte de la estructura corporativa internacional.

Shein. La conocida plataforma de moda rápida trasladó su global headquarters a Singapur creando la sociedad Roadget Business Pte. Ltd. como holding internacional en 2021.

Manus AI - Start up de inteligencia artificial fundada en China que estableció su incorporación formal en Singapur y fue posteriormente adquirida por Meta; este movimiento ha sido destacado tanto por medios como por análisis del mercado transfronterizo.

Terahop - Fabricante de productos ópticos apoyado por el grupo chino Zhongji Innolight, con sede domiciliada en Singapur desde 2018.

DayOne - Operador de centros de datos escindido de GDS Holdings con domicilio en Singapur para sus operaciones internacionales.

ChemLex - Compañía de síntesis química asistida por IA fundada en Shanghai e incorporada en Singapur.

Empresas de otros sectores que tienen presencia significativa en Singapur (sede corporativa o entidad registrada).Aunque en algunos casos no siempre se trata de una "sede global" sino de entidades legales o holdings estratégicos, estas empresas también han fijado bases corporativas o registrales en Singapur:

Cue Group. Conglomerado originalmente fundado en China, con sede global registrada en Singapur, usada como centro de operaciones y expansión regional.

Yuxiao Fund / Jinan Yuxiao Group. Entidad vinculada a inversiones en minerales y recursos naturales de origen chino con domicilio en Singapur para fines de inversión global (estructura legal).

Ejemplos minoristas y de consumo en Singapur con origen o fuerte vínculo chino.

Estos casos no siempre tienen su headquarters global allí, pero representan expansión corporativa China funcionando desde Singapur como base regional o entidad registrada (suelen operar a través de filiales locales):

Chagee. Marca de bebidas y té china que estableció su Asia-Pacific headquarters en Singapur para impulsar expansión en la región.

Yue Hwa Chínese Products Emporium - Empresa de retail con origen en Hong Kong/China que opera grandes tiendas, desde Singapur como parte de su expansión regional.

Más de 500 compañías chinas han registrado o registrado entidades en Singapur en los últimos años, aunque no todas con el mismo perfil (algunas son holdings, otras son negocios operativos o family Office).

La mayoría de los casos de traslado de sedes o estructuras se concentra en:

Tecnología (software, IA, plataformas digitales)

Data & centros cloud

Finanzas y fondos

Comercio global / estructuras holding

Farmacéuticas

Además de las mencionadas, hay informes de otras empresas chinas evaluando cotizar o listar acciones en la Bolsa de Singapur (SGX) para ganar acceso a mercados globales, lo que completa la tendencia de presencia empresarial crecientemente internacionalizada en el país asiático.

 Una propuesta, sin receptores.

En lugar de cerrar por completo los acuerdos transfronterizos de IA, Pekín podría imponer separaciones más claras: los fundadores chinos mantienen las operaciones de investigación y desarrollo en China continental bajo una sola entidad, mientras que escinden filiales internacionales que puedan buscar salidas en Occidente. Pero China quiere el control total

¿Puede Singapur satisfacer las preocupaciones de seguridad de ambas superpotencias y, al mismo tiempo, seguir siendo el nexo esencial entre ellas?

El traslado corporativo hacia Singapur revela una transformación más amplia del orden económico global. Cuando las empresas operan a través de estructuras multinivel -producción en China, holding en Singapur, financiamiento global- la aplicación de sanciones se vuelve más compleja. La identificación del "origen" de una empresa ya no es lineal.

Singapur ilustra el papel creciente de Estados medianos que capitalizan la rivalidad entre grandes potencias. Su posicionamiento como espacio neutral incrementa su relevancia estratégica sin necesidad de alineamiento explícito. El sistema internacional parece evolucionar hacia una coexistencia de bloques parcialmente diferenciados, interconectados por jurisdicciones puente. En lugar de un desacoplamiento total, emerge una arquitectura de interdependencia segmentada.

La alternativa es desoladora. Si Beijín obliga a que la innovación china en IA se mantenga íntegramente en el país, los startups chinos se enfrentarán a restricciones de capital permanentes. Si Washington bloquea todos los acuerdos de IA con China, las empresas estadounidenses perderán el acceso a tecnologías chinas innovadoras que podrían acelerar su propio desarrollo. Ambos resultados dejan dinero sobre la mesa y abren la puerta a un intermediario pragmático.

Singapur apuesta a que ninguna de las dos superpotencias puede permitirse que eso suceda. Pero esta estrategia conlleva un riesgo inherente: el pragmatismo solo funciona mientras ambas partes valoren los servicios de Singapur más de lo que les molesta su negativa a formar un equipo. La investigación de Manus sugiere que la tolerancia de Pekín podría estar agotándose. La de Washington podría seguir su ejemplo. La pregunta no es si Singapur puede permanecer neutral. Es si puede seguir siendo indispensable.

 

Michael Mansilla

michaelmansillauypress@gmail.com

https://michaelmansillauypress.blogspot.com  

 

 

Columnistas
2026-03-05T09:30:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias