Las cazuelas no suenan cuando están llenas. Jorge Ángel Pérez (desde Cuba)
18.03.2026
Pero al final, la chusma —si se quiere usar ese término— no es la que golpea cazuelas para reclamar, sino la que no tiene razones para hacerlo. La que duerme tranquila.
Creo que nadie golpea una cazuela cuando está repleta. El sonido de una cazuela llena es mucho más discreto, apenas perceptible, incluso apagado y disonante. Golpear una cacerola repleta produce un murmullo, como esas voces suaves que apenas se atreven a salir, un bisbiseo contenido.
Ese sonido remite a la prudencia, al anuncio de un silencio que podría ser aún más cerrado. El toque de cazuelas, al menos en Cuba, también puede resultar entrañable: se dice que los cubanos llevamos la música dentro, que somos capaces de bailar con el ritmo que produce un palo al golpear una lata.
Con una lata y un palo hacemos maravillas. Llevamos la música adentro y la dejamos salir, incluso a través de los poros. Pero en estos días ese sonido se repite con otra frecuencia y con otro sentido.
Se dice que los cubanos somos muy musicales, aunque no todos comulgan con esa idea. Tal vez algo así le sucede a Lis Cuesta, la llamada "no primera dama", que viaja como si lo fuera mientras deja cerrada su oficina en el Ministerio de Cultura.
En estos días, la holguinera ha estado callada y no comentó sobre las manifestaciones en las que los cubanos salen a exigir a sus gobernantes y a los que ella posiblemente considera «chusma».
Pero al final, la chusma -si se quiere usar ese término- no es la que golpea cazuelas para reclamar, sino la que no tiene razones para hacerlo. La que duerme tranquila.
¿Duerme bien?
Publicado en Cubanet, el 17 de marzo de 2026
Jorge Ángel Pérez nació en Cuba (1963), donde vive, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas.
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