Las ciudades del siglo XXI están empezando a parecerse repentinamente a las de Edad Media. Michael Mansilla

24.09.2026

Las ciudades amuralladas del mundo medieval estaban atestadas, crímenes violentos constantes y brotes episódicos de plagas mortales, como consecuencias de las condiciones insalubres excrementos en la calle, la comida podrida, el agua contaminada, las alcantarillas abiertas y las plagas de ratas, pulgas y piojos sin control. La mayor parte del día se dedicaba simplemente a intentar sobrevivir hasta el día siguiente.

Castillos y murallas salpicaban el paisaje para proteger a los reinos de saqueadoras e invasores extranjeros. Las puertas de las ciudades solían cerrarse al anochecer para impedir la entrada de indeseables nocturnos. Las ejecuciones públicas congregaban a multitudes. Y los cismas y conflictos religiosos a menudo se tornaban mortales.

En otras palabras, no era algo del todo desconocido para el mundo en el que nos estamos convirtiendo hoy en día.

Mientras tanto, la ciencia avanzaba discretamente entre las verdaderas élites de universidades, cortes y monasterios, produciendo molinos de viento, relojes mecánicos y anteojos. Se fabricaron ballestas sofisticadas en grandes cantidades. Se construyeron grandes buques de guerra con múltiples velas capaces de surcar mares estrechos.

Algunas de las obras literarias más importantes de la historia -la "Divina Comedia" de Dante, los "Cuentos de Canterbury" de Chaucer y la "Suma Teológica" de Santo Tomás de Aquino- fueron producto de la mentalidad medieval.

Aún hoy nos maravillamos ante el genio arquitectónico y la belleza de las colosales catedrales de Colonia, Florencia, Milán, París, Roma y Sevilla. La catedral bizantina de Santa Sofía se erigió a principios de la Edad Media y, durante un milenio, ninguna otra igualó su majestuosidad. Todas estas obras maestras de la arquitectura medieval se construyeron sin ordenadores, baños portátiles, horas extras ni permisos de construcción.

Tras el colapso del mundo clásico (alrededor del año 500 d. C.), la civilización occidental necesitó un milenio para recuperar siquiera una mínima parte de sus conocimientos y tecnologías perdidos. Pasaron siglos antes de que el Renacimiento viera la consolidación de principios higiénicos como los sistemas de alcantarillado, los acueductos y la eliminación de residuos, por no hablar de la pericia médica de doctores y científicos con formación clásica.

Medievalismo moderno.

Sin embargo, nuestro Occidente moderno, que combina progresismo y retroceso, está empezando a parecerse repentinamente a la Edad Media, con una importante salvedad: después de siglos del llamado "progreso", deberíamos haber aprendido la lección.

La creciente suciedad urbana, las calles peligrosas y el resurgimiento de enfermedades se contraponen a las brillantes revoluciones en inteligencia artificial, bioingeniería, robótica, tecnología satelital, vuelos espaciales e investigación del cáncer.

Sin embargo, nuestro Occidente moderno, que combina progresismo y retroceso, está empezando a parecerse repentinamente a la Edad Media, con una importante salvedad: después de siglos del llamado "progreso", deberíamos haber aprendido la lección.

 A diferencia de sus homólogos en los feudos medievales, los funcionarios actuales saben cómo combatir las enfermedades, el crimen y la suciedad, pero aparentemente optan por ignorarlo. Su negligencia surge de una ideología que divide al mundo entre los culpables "opresores" y los inocentes "oprimidos". La víctima siempre tiene la razón y debe ser defendida. Al menos desde la distancia o mientras no aparezca maloliente cerca o en la puerta de casa.

En Uruguay los planes de "refugio de invierno", se convirtieron en planes de refugios todo el día, todo el año.

 En varias ciudades del país, la convivencia vecinal duro una semana: peleas, arrebatos, amenazas, robos... "que se vallan". En un mismo lugar depositaron gente con verdaderas personas que no pueden costearse una vivienda, exreclusos, gente con problemas de drogas y otros con verdaderos problemas psiquiátricos.

La única respuesta es ir trasladando estos centros de barrio en barrio, Sencillamente el estado uruguayo no cuenta con recursos para solucionar empezando casi desde cero, otorgar una vivienda, capacitación y obtención de trabajo. Aunque si se han realizado con éxito, pero a pequeña escala.

Europa y Estados Unidos millones de extranjeros empobrecidos y refugiados políticos intentar llegar a su frontera sur. Como respuesta reanudaron el concepto de "Muro de Berlín".   La construcción del muro fronterizo, -o vallas, zanjas o campos minados- al estilo medieval, y el despliegan sus patrullas que intentan "valientemente" detenerlos. Aunque para muchos esos indeseables extranjeros ya ni siquiera son personas.

La delincuencia callejera, sobre todo ligada al narcotráfico, en las ciudades occidentales parece requerir del ejército para restablecer la calma. Pero a menudo el despliegue de militares en las calles trae malos recuerdos y las constituciones son muy estrictas en que situaciones en que es posible hacerlo. Y porque realmente es una muy mala idea, como ejemplo Irlanda del Norte. Pero puede ser necesaria. Por lo que la mayoría de los países con estos problemas tomaron una decisión similar. Crear cuerpos de policía con entrenamiento y armamento militar. La Gendarmería, la Guardia Civil, la PM brasileña, la Guardia de Fronteras alemana, entre otras. En Uruguay el peso recae en la Guardia Republicana, con inferioridad de armas y protegidos por una vieja tanqueta donada por el ejército.

¿Pisar m..a trae suerte?

Técnicamente, es ilegal que las personas acampen en las aceras públicas o en la propiedad ajena, a menos que lo hagan en tal número que las autoridades municipales, paralizadas, dan el consejo de evitar o no transitar por la zona.

Defecar, orinar, mantener relaciones sexuales e inyectarse drogas son ahora espectáculos habituales para los transeúntes que pasan apresurados por las aceras. Las calles y aceras se convierten en un entorno medieval, ¿debería sorprendernos que allí surjan brotes de enfermedades medievales mortales como el tifus, la leptospirosis o el regreso del sarampión y que nuestros desagües pluviales ahora sirvan también como canaletas de aguas residuales?

En Nueva York, algunas de las personas más ricas del mundo esquivan montones rancios de basura infestada de ratas.  Algunos de los investigadores de cáncer más destacados del mundo revisan las suelas de sus zapatos en busca de heces humanas antes de ingresar a sus laboratorios de última generación.

 Aún más extraño resulta que el mundo occidental se haya convertido tanto en la civilización más regulada como en la más anárquica del planeta. Nuestros inspectores ambientales estatales visitan las industrias para asegurarse de que sus efluentes no contengan ni una parte por mil millones de una sustancia tóxica específica. Y los reguladores nacionales, con docenas de títulos detrás de sus nombres, examinan a diario rastros microscópicos de toxinas peligrosas en las piscinas burbujeantes de aguas residuales de las plantas de tratamiento.

Sin embargo, al amparo de la oscuridad, trabajadores municipales enmascarados, ataviados con trajes de protección contra materiales peligrosos, botas de hule y guantes, utilizan mangueras de alta presión para expulsar heces, orina, sangre y residuos de drogas -todo ello políticamente correcto- hacia los desagües pluviales. Estas maravillas modernas transportan la suciedad para contaminar aguas oceánicas supuestamente prístinas, donde a un pescador se le puede multar con una pequeña fortuna por arrojar una lata de refresco inerte y vacía al agua maloliente.

En el Occidente moderno, una milmillonésima parte de Roundup es una amenaza para la civilización; toneladas de heces en las aceras de la ciudad no lo son. ¿Cuál es la teoría? Cuanto más se vigila hasta el extremo a quienes respetan la ley, más puede la sociedad soportar que se exima a los que la transgreden para que hagan lo que les plazca.

Estas contradicciones y estos universos paralelos del Occidente medieval moderno siguen siendo muy diferentes de sus contrapartes en el mundo medieval de los años 500 a 1400.

Al menos la Edad Media creía que estaba adquiriendo conocimientos de manera gradual para combatir los terrores ancestrales de los mundos humano y natural. Y ese progreso acabaría conduciendo al Renacimiento, a la Ilustración, a la Revolución Industrial y a la actual prosperidad (¿?) y libertad de Occidente.

En contraste, nuestro mundo contemporáneo retrógrado sabe cómo prevenir enfermedades antiguas. Hemos dominado la ciencia del control y tratamiento de las aguas residuales. Hemos buscado eliminar mediante regulaciones la mayoría de los peligros que plantean las máquinas que dan vida. Cien años de ciencia penal han demostrado que la presencia policial y la aplicación de la ley disuaden la delincuencia.

En lo que respecta al presente, si el gobierno y los tribunales no exigen a las generaciones actuales de adultos altos estándares de comportamiento mediante la aplicación firme pero justa de la ley, el enfoque probado de "ventanas rotas" para el orden público, un enfoque pragmático. Los gobiernos intentan contrarrestar esta situación invirtiendo más que nunca bienes públicos, en todo tipo de programas públicos, invierten en apoyar políticas que beneficien a la población en general con escaso o nulo resultado, como se observa en el deterioro de la infraestructura a nuestro alrededor.

 

Fortificando los suburbios.

La consultora PropertyManagement, basado en cifras de la Oficina del Censo de EE. UU., de que 32,9 millones de propietarios de viviendas en el país viven en "comunidades seguras"(urbanizaciones privadas). Teniendo en cuenta que el número promedio de personas en este tipo de hogares es de aproximadamente tres, esto suma casi 100 millones de estadounidenses (un tercio de la población total) que cuentan con algún tipo de barrera física o de seguridad que los separa de su área residencial.

Paralelamente, se observa un creciente recurso por parte de personas adineradas y comunidades acomodadas a la contratación privada de servicios que antes eran públicos. Un claro ejemplo es la contratación de empresas privadas de bomberos para proteger sus hogares.

El principal factor que impulsa esta tendencia es la preocupación por la seguridad: una reacción comprensible ante los problemas, lamentablemente reales, de robos, atracos, narcotráfico, vandalismo, agresiones sexuales y violencia de pandillas que azotan las grandes ciudades e incluso muchos pueblos. Esto va en paralelo al aumento al creciente fenómeno de personas sin hogar. La creciente impotencia de los órganos de gobierno públicos ha dado lugar a un nuevo panorama social, en el que el dinero es el árbitro supremo de la felicidad y la seguridad.

El resultado es una tendencia social hacia un aspecto de lo que algunos observadores, han denominado «el nuevo feudalismo».

Las murallas suburbanes.

Los muros de las ciudades medievales se han trasladado a los suburbios. Urbanizaciones cerradas ofrecen, en cierto modo, esa sensación de protección y conexión social entre iguales que caracterizaba a las ciudades medievales amuralladas, gobernadas por un noble local que garantizaba la paz y la estabilidad a cambio de lealtad y una parte de las cosechas de sus súbditos. El equivalente actual de ese noble es una combinación de empresas inmobiliarias, empresas de gestión de propiedades y las todopoderosas asociaciones de propietarios.

El aislamiento de las clases más adineradas en enclaves seguros, exclusivos y funcionales, propios de propietarios de activos, tiene profundas implicaciones para la democracia y la cohesión social. A medida que quienes tienen los medios para hacerlo se refugian en sus reductos protegidos, su participación en la sociedad en general disminuye.

Las alternativas privadas al gobierno central seguirán extendiéndose en la sociedad mientras el electorado no empiece a usar su poder en las urnas para elegir solo a aquellos políticos y funcionarios con capacidad demostrada para proporcionar servicios esenciales eficientes, eficaces y fiables.

De igual modo, las grandes corporaciones están asumiendo un papel más importante en la organización e incluso la gestión de las comunidades donde se concentran sus operaciones, sus empleados y las familias de estos. Al hacerlo, en realidad están constituyendo ducados corporativos autónomos que recuerdan a las ciudades-estado medievales.

Entre los ejemplos se incluyen los proyectos de Google (ahora aprobados): North Bayshore (7.000 viviendas) y Middlefield Park (2.000 viviendas) en Mountain View, California; y los planes de Meta, propietaria de Facebook, para su proyecto Willow Village (1.700 viviendas) cerca de su sede en Menlo Park, también en California. En Florida, los gigantes del entretenimiento Disney y Universal planean construir 1.400 viviendas y 1.000 apartamentos, respectivamente, cerca de sus parques temáticos en Orlando. Todos estos proyectos serán, en la práctica, miniciudades corporativas, con hoteles, tiendas, restaurantes, parques e instalaciones de ocio.

Claro que si el trabajador abandona la empresa o es desvinculada de ellas pierde su casa. Exactamente lo que, hacia el Señor feudal, cuando sus campesinos se volvían una carga por edad avanzada y enfermedades como consecuencia de romperse la espalda después de años de duro trabajo.

Profundizando la división. Esta dinámica de separación física está contribuyendo a una creciente división de clases, como quizás no se haya visto desde principios de la Edad Media.

 ¿Y los políticos?

Todas las ciudades y pueblos tienen sus alcaldes, elegidos con la promesa del Estado moderno. Garantizar la seguridad, los servicios esenciales, un sentido de comunidad cohesionado e igualdad de oportunidades para sus ciudadanos. ¿Pero hacia quienes va dirigida tantas promesas? Los antiguos citadinos se han mudado lejos a los suburbios más seguros o quienes pueden permitírselo recurran a la autosuficiencia en comunidades privadas. También se han llevado sus votos a otras circunscripciones.

 Pero los suburbios se están convirtiendo en una reliquia desde el punto de vista social y demográfico.

"Gano bien, pero no me alcanza".

Los suburbios surgieron en Estados Unidos, creados por la creciente movilidad social de los años 50s y 60s, los automóviles, el combustible barato y la crianza de los hijos en un entorno seguro. Una reliquia del pasado. Sencillamente la nueva generación de jóvenes adultos no quiere (o no pueden darse el lujo) de tener hijos. A lo sumo uno, y resulta innecesaria una gran casa en las "zonas seguras", perdiendo horas de desplazamiento en automóviles o transporte urbano. Quieren vivir en la ciudad, cerca de su trabajo y disfrutar de salidas con sus amigos. Alquilan pequeños apartamentos, no tienen intenciones de convertirse en propietarios

Después del colapso inmobiliario del 2008, obtener un préstamo inmobiliario se ha vuelta imposible. Primer requisito: tener un trabajo estable durante al menos de 5 años. En una época de nómadas laborales que saltan de una empresa a otra en busca de mejor remuneración, se han convertido en multioficios. Siquiera se arraigan a una ciudad, van de mudanza en mudanza a las regiones de mayor prosperidad en un momento determinado.

 Sin embargo, esto es un fenómeno muy americano o países con extensión territorial y una densidad poblacional mediana. Pero en Europa por ejemplo hay países que en algunas de sus regiones parecen un suburbio continuo: Países Bajos, Bélgica, Región sur de Inglaterra. No hay tierras donde construir suburbios. La solución es la continuidad de los planes vivienda social.

Si bien el nuevo feudalismo puede parecer inevitable, la historia nos recuerda que las sociedades son capaces de transformarse. Los sistemas feudales, los castillos y las ciudades-estado de la época medieval, dieron paso a las naciones modernas mediante revoluciones, reformas, progreso económico, la difusión generalizada de la educación y el surgimiento de una gobernanza democrática que cumplió su compromiso con los ciudadanos.

 

La cuestión ahora es si colectivamente tenemos la voluntad de rectificar el rumbo, o si permitiremos que nos dividan una vez más entre quienes se refugian dentro de las murallas de los suburbios por la noche y quienes permanecen en las peligrosas noches en la ciudad.

 

Michael Mansilla

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2026-09-24T12:55:00

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