Las claves del giro hacia la derecha radical y conservadora. Stefano Casini
01.07.2026
El mapa político de América Latina está viviendo un cambio histórico de poder político, empujado por un descontento ciudadano y el desgaste de los oficialismos “progre”.
Las recientes victorias electorales de José Antonio Kast en Chile en diciembre 2025 y de Abelardo de la Espriella en Colombia hace unos días, están consolidando un bloque de centroderecha y derecha radical que cubre más del 55% del continente. Este fenómeno pone punto final a una hegemonía izquierdista. Vayamos al mapa político:
Chile (Marzo 2026): José Antonio Kast asumió el poder al ganarle a la candidata comunista Jeannette Jara. Su discurso se basó en el orden, un estricto control migratorio y la seguridad.
Colombia (Junio 2026): El triunfo en el balotaje del abogado y empresario Abelardo de la Espriella frente a Iván Cepeda, se basa en el éxito de su campaña bajo el movimiento "Defensores de la Patria". Prometió mano dura contra el narcotráfico y el crimen organizado. Ambos líderes, teniendo varias diferencias en el discurso, se integran a una sólida red de mandatarios afines en la región, como Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador y Santiago Peña en Paraguay. En este eje, es obligatorio mencionar una fuerte influencia geopolítica de Donald Trump.
¿Porqué este vuelco de la población hacia la derecha? Los principales argumentos son el aumento del narcotráfico, crimen organizado y la violencia urbana. Todo esto provocó en los votantes, una indignación y un miedo real a salir a la calle, lo que llevó los pueblos a priorizar propuestas tipo autoritarias y "mano dura" sobre reformas sociales. No menos importante fue una cierta fatiga migratoria. Los masivos éxodos desde Venezuela y el Caribe, saturaron los servicios públicos y convirtieron las prioridades electorales en políticas migratorias y control de fronteras. Sumando al combo, una fuerte Inestabilidad económica, debido a la situación de tensión internacional desde 2022, con 2 guerras como la de Rusia-Ucrania y Medio Oriente, la situación se volvió el mejor caldo de cultivo para las políticas de derecha. Hay descontento por una persistente inflación, aumento del desempleo y falta de crecimiento económico postpandemia, que pulverizó el respaldo a las agendas fiscales expansivas. Nadie puede negar que hubo grandes errores de la izquierda en general, desde la más "blanda" a las dictatoriales (Maduro, Díaz Canel, Ortega). Avanzó el voto del castigo y la desilusión y me parece que, más que un enamoramiento ideológico, los pueblos están rechazando los oficialismos de turno.
El péndulo, en realidad, es el castigo a la incapacidad para gestionar las demandas ciudadanas básicas. Otros elementos de primer orden fueron las promesas incumplidas, que se acentuaron en Uruguay. Cuando el Presidente Orsi se puso serio y repitió en el cara a cara con Delgado en el debate pre-electoral ""No vamos a subir impuestos" , hoy, da la sensación que se cavó la tumba! Ningún gobierno progresista reciente, logró consolidar reformas estructurales estables, por imposibilidad y por duras peleas internas, las que alejan a los despavoridos votantes moderados.
Un discurso a parte es la Corrupción institucional. Los escándalos éticos y malversación de fondos, debilitaron la superioridad moral con la que la izquierda ascendió originalmente al poder. Otro elemento clave en el alejamiento de la gente de las "ideas progresistas", fueron las declaraciones oficiales sobre las dictaduras regionales, como en Cuba, Venezuela o Nicaragua. Por años, la izquierda más extrema, insistió en la teoria de "Democracias Distintas", para justificar, sin argumentos, dictaduras feroces. Muchos históricos de la "izquierda seregnista" (si hablamos de Uruguay), que cuentan con una más sólida comprensión de la libertad de pensamiento, no se tragaron las declaraciones obsesivamente benévolas de algunos "tercos de manual" que, livianamente, siguieron definiendo regímenes dictatoriales. El absoluto deterioro democrático en Cuba, Venezuela y Nicaragua actuó como un poderoso elemento de propaganda negativa, que la derecha aprovechó para asociar cualquier proyecto progresista con un colapso institucional.
Las contradicciones y peleas dentro de los bloques de izquierda, también fueron elementos primordiales y algunos líderes de izquierda, le regalaron a la gente, argumentos críticos para evidenciar contradicciones infantiles. El mantener una postura ambigua o de respaldo retórico hacia Caracas, La Habana o Managua por "solidaridad ideológica", (a pesar que Gabriel Boric intentó distanciarse), fue un duro golpe a la credibilidad política de la izquierda.
La falta de cohesión interna y la defensa pasiva de estos regímenes, alentaron al votante centrista hacia la derecha y se dejó entrar, por la puerta grande, a los conservadores. De todas formas, el actual giro, no es homogéneo. Conviven populismos libertarios como el de Milei, derechas tradicionalistass y nacionalistas, como las de De la Espriella y conservadurismos identitarios como el de Kast. El continente está sufriendo una especie de "ansiedad de resultados". El votante actual se aleja rapidamente del dogmatismo y, si un modelo fracasa en darle seguridad y economía estables en 4 cuatro años, votará exactamente por el extremo opuesto en la siguiente elección. Ahora ¿Podrá resolver la derecha los problemas estructurales de criminalidad y pobreza? ¿O el péndulo volverá a moverse cuando la ciudadanía se enfrente al desgaste de los nuevos gobernantes?
Para medir la magnitud y la duración de los desgastes, tenemos que entender que ya no existen los simples rechazos ideológicos, sino ante un cambio estructural en las demandas, el votante latinoamericano mira más el bolsillo, la integridad y la estabilidad. El desgaste del progresismo es de magnitud sísmica, por varios elementos. Se murió la "superioridad moral". Casos de corrupción sistémica y masiva, como lo que se destapó en Argentina y los desfalcos en gestiones oficialistas de la región, dinamitaron la bandera ética de la izquierda, poniéndola a la misma altura de la política tradicional. Hasta un gobernante como el Vicepresidente de la República Raúl Sendic, llegó a afirmar que "si sos de izquierda no sos corrupto", histórica frase sin sentido.
El rechazo internacional al narcoterrorismo de Estado en Venezuela y la represión en Cuba y Nicaragua, tuvieron un efecto devastador en el electorado centrista, acompañadas por una postura "proPal", "pro-flotilla" y "pro-Irán". La incapacidad de sectores de izquierda de condenar, de forma coral y tajante a estas dictaduras, permitió que la oposición derechista haya instalado con éxito la narrativa del "peligro del comunismo". Finalmente, el continuo fracaso ante el crimen organizado (Uruguay sigue siendo un ejemplo), dado que hoy, la delincuencia, no llega a la gente como una "percepción", sino como una amenaza real y existencial, que paraliza todo. La retórica de atacar las causas sociales que se provocaron solamente en gobiernos de centro o centroderecha, ya no se la cree ni el uruguayo que duerme en la calle. Todo paró ante la urgencia de frenar masacres, extorsiones y bandas. Así se volvió mucho más atractiva la retórica punitiva de derecha. Estos vicios de una nueva izquierda mundial caricaturesca y anti Trump, que sigue defendiendo dictadores, que no muestra resultados donde gobierna, no hace más que recordarle a la gente que, en El Salvador, el método Buquele, un Mandatario apoyado por el 90% de su pueblo, es la única solución al equilibrio social. El votante actual se vuelve cada día más pragmático y le faltan lealtades ideológicas firmes. El desgaste progre, se mantendrá mientras la derecha logre ofrecer resultados tangibles. Si los nuevos gobiernos fallan en reactivar la economía o frenar la violencia, el electorado castigará al nuevo oficialismo con la misma velocidad, acelerando el regreso del péndulo.
Stefano Casini es periodista. Empezó en Radio Clarín, su primer noticiero en 1968. Después continuó por L'Eco D'Italia, L'Ora D'Italia, Guía Financiera, suplementos en El País, El Observador, La República, fue 23 años Corresponsal de RAI, Gente dItalia, 5 años de Radio TV Suiza Internacional y 2 años de CNN.
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