León XIV y su esfuerzo por mantener una iglesia unida. Michael Mansilla
19.08.2026
Aunque la misión de León XIV es la evangelización de los pueblos, su otra tarea le ocupa tiempo: mantener la unidad de la Iglesia Católica. La situación de la Iglesia Católica cuando León XIV asumió el papado evidenció esta necesidad; La polarización, un ejemplo la excomunión la Sociedad de San Pío X y la perdida 600 mil fieles católicos. La divisoria también está los numerosos gestos individuales de diversas figuras que ocupan cargos eclesiásticos, incluidos algunos obispos.
El obispo de Ávila, España, prohibió a un capellán vinculado a un grupo que promueve la Misa en latín celebrarla para un grupo de peregrinos estadounidenses. El padre João Silveira, sacerdote misionero que reúne a comunidades de todo el mundo para la Misa en latín, publicó en X el 15 de junio que un grupo de peregrinos estadounidenses había solicitado reservar una capilla en la ciudad de Ávila. Cuando informaron a la Curia Episcopal que la Misa sería en latín, se les comunicó que se requería la autorización del obispo, ya que «esa Misa está prohibida en esta diócesis». La orden provino del obispo Jesús Rico García, nombrado por el papa Francisco en 2023.
Un incidente similar ocurrió con el obispo F. William Medley de Owensboro, Kentucky, quien el 18 de mayo prohibió al padre David Kennedy celebrar la Misa Tradicional en latín (utilizando el Misal Romano de 1962), citando instrucciones recibidas previamente de la Santa Sede.
Estos casos se están dando en diversos países y regiones. Cabe recordar que el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, de 2007, reconoció el Misal Romano de 1962 como una «forma extraordinaria» del Rito Romano y otorgó a cada sacerdote la libertad de celebrarlo sin necesidad de permiso especial de su obispo. El documento concibió la liturgia tradicional no como una reliquia del pasado, sino como una expresión viva del culto de la Iglesia, capaz de enriquecer a todo el mundo católico. El Motu Proprio Traditionis Custodes del Papa Francisco de 2021 modificó este enfoque, declarando que la liturgia reformada por Pablo VI después del Concilio Vaticano II es la «expresión única» del rito romano y sometiendo la celebración de la forma antigua a un estricto control episcopal (que requiere autorización explícita, a menudo restringida a entornos no parroquiales).
En estos documentos se presentan dos visiones eclesiológicas: una de pluralismo litúrgico dentro de la unidad y otra de uniformidad litúrgica como condición para la comunión eclesial. El pluralismo fue establecido por el Concilio Vaticano II mediante el llamado a la adaptación en el documento Sacrosanctum Concilium (específicamente en las secciones 28 a 40). Además, el 27 de mayo, el Papa hizo un llamado a encontrar un equilibrio entre la preservación de la tradición y el fomento de la renovación. Continuando con el repaso de los acontecimientos: el 5 de junio, cuando el arzobispo de Detroit elogió la nueva mezquita construida en la ciudad, declaró: «No hay lugar donde sienta mayor bondad».
La declaración de Edward Weisenburger fue considerada escandalosa por algunos, ya que sugería que, dentro de un lugar de culto musulmán, uno podía «percibir plenamente la presencia de lo Divino». Muchos se sorprendieron al saber que el arzobispo Edward Weisenburger asistió a la inauguración de una mezquita y de la sede del Instituto Islámico de América. Pero ¿qué hay de la afirmación de que musulmanes y católicos adoran al mismo Dios? La Declaración Conciliar Nostra Aetate , aprobada por los obispos del Vaticano y promulgada por Pablo VI el 28 de octubre de 1965, señalaba que «la Iglesia también tiene en alta estima a los musulmanes que adoran al único Dios, vivo y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que ha hablado a la humanidad (...). Aunque no reconocen a Jesús como Dios, lo veneran como profeta; honran a su Virgen Madre, María, y a veces incluso la invocan con devoción».
Cristianismos
Los musulmanes no aceptan la Trinidad ni consideran a Jesucristo como Dios. Sin embargo, adoran al único Dios; esto crea un vínculo que fomenta la cercanía en el cultivo de la fe y la práctica de la caridad, una virtud muy valorada entre los musulmanes, ya que la Iglesia y el islam colaboran en el mundo secularizado que nos rodea. No obstante, sin una explicación, esto genera confusión.
La secularización de los espacios sagrados se hizo evidente en las pantallas de televisión instaladas para ver los partidos de la Copa Mundial de Fútbol dentro de la Iglesia de San Antonio en Madrid, España, o en la reunión de personas en la Catedral de Innsbruck, Austria, para comer pasta y socializar en una larga mesa frente al altar. Una situación similar se presentó con un grupo de peregrinos que viajaban con un sacerdote de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro; se le negó el permiso para celebrar la Misa en latín en tres ciudades italianas diferentes, lo que obligó al grupo a asistir a Misa en el sótano de un hotel en San Giovanni Rotondo. Los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro gozan del reconocimiento explícito de la Santa Sede. ¿Entraría Cristo hoy en el templo y destrozaría los televisores? ¿O aceptaría la situación porque el sagrario había sido cubierto con una cortina roja en la parroquia de San Antonio en Madrid? La línea que separa lo sagrado de lo secular exige un testimonio cristiano más firme en el ámbito terrenal. El papa León XIV recordó una cita histórica de San Juan Pablo II de 1975: «Nada es más necesario para un mundo cada vez más secularizado que el testimonio de esta renovación espiritual». En efecto, el objetivo de acercar a quienes están alejados del Evangelio no parece lograrse desacralizando los lugares de culto.
El acercamiento de la Iglesia a la comunidad LGBTI llevó al cardenal Robert McElroy a afirmar, durante una homilía en la Universidad de Georgetown el 20 de junio, que el pontificado de León XIV ofrece señales de «gran esperanza» para el ministerio de la Iglesia hacia los católicos LGBTI, como lo ejemplifica el ministerio «Outreach» fundado por el padre jesuita James Martin. Algunos críticos consideraron esta declaración contraria a la doctrina de la Iglesia y como una proyección de ciertas expectativas sobre el Papa.
Al parecer, el arzobispo de Washington restó importancia a la postura del Papa León XIII sobre la moral sexual al recomendar un informe del Vaticano que aboga por un enfoque más pastoral hacia los creyentes que experimentan atracción por personas del mismo sexo. El arzobispo declaró: «En una Iglesia que tantas veces ha herido a la comunidad LGBT mediante el juicio y la exclusión, deberíamos encontrar gran esperanza en dos importantes acontecimientos que han tenido lugar durante el pontificado del Papa León XIII y que constituyen semillas fértiles para el avance del Evangelio en los años venideros».
En la misma línea -reflejando una aparente disminución de la firmeza respecto a la inmoralidad de la homosexualidad- se ha llamado la atención sobre una iniciativa de la Archidiócesis de Florencia, Italia: un proyecto de vivienda para jóvenes adultos que se identifican como LGBTI, financiado con la parte de los ingresos fiscales italianos destinada a la Iglesia Católica. Caritas Florencia ofrece «Casa Andrea» como un servicio residencial y de asesoramiento para adultos LGBTI de entre 18 y 35 años. El padre Andrea Bigalli describió la iniciativa así: «Nuestro objetivo es ofrecer diálogo, escucha activa y apoyo concreto para que los jóvenes LGBTI puedan construir sus vidas en paz, evitando el aislamiento y la discriminación». Esta declaración puede interpretarse como apoyo pastoral a las personas homosexuales o como un ataque a la doctrina moral de la Iglesia, según la interpretación que se le dé al albergue. En cualquier caso, representa una forma muy selectiva de brindar apoyo con fondos aportados por todos los católicos.
Religión y creencias
El papa León XIV fue claro al afirmar que no prevé cambios en la postura oficial de la Iglesia Católica respecto a las personas LGBTI: «Francisco lo expresó muy claramente cuando dijo: "Todos, todos, todos" [...]. Me parece muy improbable, al menos en un futuro cercano, que la doctrina de la Iglesia respecto a sus enseñanzas sobre la sexualidad y el matrimonio cambie». (...) «La familia está compuesta por un padre, una madre e hijos», declaró en una entrevista con la periodista estadounidense Elise Ann Allen en julio de 2025. En cuanto al papel de la mujer en la Iglesia, se ha destacado una propuesta del arzobispo italiano Erio Castellucci. Él invocó el testimonio de Santa María Magdalena sobre la Resurrección de Jesús para justificar que las mujeres proclamen el Evangelio y prediquen durante la Misa. Según el boletín del 24 de mayo de la Diócesis de Módena-Nonantola, el arzobispo propuso, durante una conferencia en Carpi organizada por el grupo feminista Centro Italiano Femminile , que las mujeres «copresidan» la Liturgia de la Palabra mientras los sacerdotes presiden la consagración eucarística. La postura del Papa León XIII también queda patente en una entrevista con la periodista Elise Ann Allen, en la que afirmó que la cuestión de la mujer en puestos de poder dentro de la Iglesia debe ajustarse a la doctrina eclesiástica. Respecto a la posibilidad de que haya diaconisas, declaró: «No tengo intención de cambiar la enseñanza de la Iglesia». A raíz de declaraciones como las de Monseñor Würtz, el obispo alemán más reciente nombrado por el Papa, quien preguntó: «¿Qué perderíamos y qué ganaríamos si aboliéramos el celibato obligatorio?», parece que el debate sobre el celibato sacerdotal obligatorio sigue vigente en la Iglesia. El prelado alemán sostuvo que cualquier posible modificación de esta disciplina requiere una cuidadosa consideración tanto de lo que se podría perder como de los posibles beneficios de tal cambio. Ante la controversia, el Papa León XIII expresó en dos discursos -uno a seminaristas italianos y otro a más de 400 obispos y cardenales reunidos en el Vaticano durante el Año Santo del Clero- que «el celibato constituye un carisma que debe ser reconocido, protegido y cultivado». ¿Por qué existe tanta controversia en torno a aspectos clave de la vida interna de la Iglesia? ¿Está la Iglesia dividida y en conflicto, o simplemente hay más ruido que paz? ¿Se inclina el Papa hacia una facción mientras margina a la otra? Responder a estas preguntas requiere tres aclaraciones para comprender lo que sucede en la Iglesia hoy.
Libros de historia de la Iglesia
En primer lugar, los medios de comunicación tienden a difundir acontecimientos radicales o marginales que captan la atención, incluso si representan solo a una minoría, mientras guardan silencio sobre las posturas reales de los líderes que guían a toda la Iglesia y de la gran mayoría de los fieles. En segundo lugar, siempre ha habido, y siempre habrá, individuos o pequeños grupos que promuevan ideas infundadas; estas propuestas no representan la universalidad de la Iglesia Católica y destacan únicamente por su novedad, pero tienden a desaparecer poco después. La novedad es efímera. En tercer lugar, está la cuestión de la selección de información, que influye en ciertos eventos o incidentes, omitiendo otros detalles importantes. En consecuencia, se magnifican las controversias que involucran a un puñado de obispos, mientras que nunca oímos hablar de los miles que trabajan en las selvas africanas, en los remotos rincones montañosos de Sudamérica o en las llanuras de Asia. Tampoco reconocemos la labor de sacerdotes y laicos que atienden veinte capillas de una parroquia en los bosques de Canadá o que cuidan a los enfermos y presos en pequeños pueblos europeos. La Iglesia realiza una enorme cantidad de bien que pasa desapercibido, y es una alegría para nosotros reconocerlo. Sin embargo, es evidente que los gestos y las palabras que se prestan a malas interpretaciones contribuyen poco a fomentar la unidad que busca el Papa León; por el contrario, alimentan a quienes se encuentran en el lado opuesto de la polarización, quienes perpetúan el conflicto al destacar precisamente estos incidentes y declaraciones.
La nueva generación de sacerdote católicos son conservadores.
Una nueva generación de sacerdotes que no arrastran el lastre partidista de la época del Concilio Vaticano II ni las disputas posteriores. Cada vez más, las parroquias están dirigidas por sacerdotes más jóvenes, de tendencia más conservadora. El Estudio Nacional de Sacerdotes Católicos, realizado por el Proyecto Católico de la Universidad Católica de América, ha demostrado claramente que el catolicismo progresista genera pocas vocaciones sacerdotales.
Desde una perspectiva sociológica, la polarización que azota a la Iglesia no es principalmente una batalla doctrinal, sino una ruptura de la cultura compartida que antes nos unía. Cuando los católicos pierden los hábitos, símbolos y prácticas comunitarias que conforman una identidad común, la política se apresura a llenar ese vacío. La tarea por delante, entonces, no es ganar discusiones, sino reconstruir el tejido social y espiritual que hace posible la comunión: parroquias donde la gente se conoce, sacerdotes formados para liderar sin partidismos y comunidades que se rigen más por los ritmos del año litúrgico que por el ciclo de noticias.
Durante demasiado tiempo, los católicos en varios países han tratado a la Iglesia como una extensión de identidades políticas, una distorsión sociológica que ha trasladado el lenguaje, las lealtades y los resentimientos de las guerras culturales directamente al santuario.
El resultado es una comunidad católica que ya no es una verdadera comunidad, cada vez más incapaz de rezar junta, de discrepar juntamente o incluso de imaginarse mutuamente con caridad. Las amistades se han fracturado dentro de las parroquias por cuestiones políticas presidenciales o disputas políticas menores, como si la identidad bautismal fuera secundaria a las etiquetas partidistas que se porta.
Las divisiones persisten y la polarización no cesará hasta usar la fe como pretexto para la política y comience a reconstruir la cultura católica compartida que antaño permitía el desacuerdo sin rupturas. Esa cultura -arraigada en los sacramentos, la vida parroquial y una moral común- nunca fue perfecta, pero proporcionó una base para la unidad diferente actual división ideológica prácticamente ha borrado. Recuperarla no es nostalgia; sería el único camino para seguir.
Lo que esto revela no es simplemente un mal comportamiento de la izquierda o la derecha, sino la pérdida más profunda de un marco católico común que alguna vez mantuvo nuestras discrepancias vinculadas a algo más grande que nuestros instintos políticos. Cuando los católicos ya no comparten una sólida cultura de los sacramentos, la vida parroquial y una imaginación moral coherente, inevitablemente se recurre a las únicas estructuras de identidad que nuestra sociedad aún ofrece: las partidistas.
Articulo CC de libre reproducción.
Michael Mansilla.
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