Lise Klaveness, la dirigente que incomoda al poder. José W. Legaspi
07.07.2026
Hay personas que llegan a los cargos para administrar el poder y otras que llegan para interpelarlo, y Lise Klaveness, primera mujer en presidir la Federación Noruega de Fútbol, pertenece, sin duda, al segundo grupo.
Exfutbolista, abogada y dirigente, ha construido un liderazgo tan inusual como necesario en una de las organizaciones más opacas y verticales del deporte mundial. En un escenario donde demasiados dirigentes parecen convencidos de que el silencio garantiza influencia, Klaveness ha elegido el camino exactamente contrario: hablar.
Lo hizo en 2022, en el Congreso de la FIFA realizado en Doha, cuando cuestionó públicamente la decisión de otorgar la organización del Mundial a Qatar sin asumir las consecuencias que ello tuvo para miles de trabajadores migrantes y para las libertades fundamentales. Mientras la inmensa mayoría de las federaciones guardaba un prudente silencio, la presidenta noruega recordó que el fútbol no puede exigir respeto si antes no es capaz de respetar los derechos humanos.
No fue un gesto aislado.
Desde entonces ha cuestionado reiteradamente la concentración de poder en la FIFA, la falta de transparencia en sus procesos de decisión y la creciente personalización de una institución que debería responder a sus asociaciones miembros y no a la voluntad de un solo dirigente.
Su última intervención volvió a demostrar esa coherencia. Cuando la FIFA decidió otorgar un premio de la paz al presidente estadounidense Donald Trump, Klaveness no discutió la figura del mandatario. Cuestionó algo mucho más profundo: que una organización deportiva se arrogue la potestad de conceder reconocimientos políticos que inevitablemente comprometen su proclamada neutralidad. Lo hizo reclamando que ese premio fuera eliminado y respaldando una denuncia ética contra el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
En tiempos donde la conveniencia suele imponerse sobre las convicciones, esa actitud resulta casi revolucionaria.
No deja de ser significativo que sea una mujer quien haya asumido ese papel en una estructura históricamente dominada por hombres. No porque las mujeres sean, por definición, mejores dirigentes, sino porque durante décadas el poder del fútbol estuvo asociado a una cultura de obediencia, favores recíprocos y silencios estratégicos. Klaveness rompió ese molde.
Su liderazgo tampoco se construye desde el enfrentamiento permanente. Nadie podría sostener seriamente que Noruega tiene el peso político suficiente para imponer condiciones a la FIFA. Sin embargo, su presidenta ha comprendido que la autoridad no depende exclusivamente de los votos que se controlan, sino también de la credibilidad que se construye.
Mientras muchas federaciones grandes administran poder sin ejercer liderazgo, una federación pequeña ha conseguido instalar debates que incomodan a la dirigencia mundial.
Esa es la verdadera fortaleza de Lise Klaveness. No habla porque tenga garantizado el respaldo de las mayorías. Habla precisamente cuando sabe que hacerlo puede tener costos.
El fútbol necesita dirigentes capaces de organizar campeonatos, administrar recursos y desarrollar el deporte. Pero necesita, sobre todo, dirigentes capaces de recordar que ninguna institución conserva legitimidad si renuncia a sus propios principios.
En un tiempo donde abundan los dirigentes que buscan quedar bien con el poder de turno, Lise Klaveness eligió un camino mucho más difícil: incomodarlo.
Y quizá esa sea hoy la forma más auténtica de ejercer el liderazgo.
José W. Legaspi