Los homicidios en el Uruguay y la guerra de los números. Fernando Gil Díaz
28.04.2026
La escalada de violencia letal uruguaya sigue dando titulares de prensa, y hay algunos personajes que aprovechan esa circunstancia para llevar agua (podrida) para su molino electoral. No recuerdan que tampoco ellos tuvieron la solución al problema y dejaron el peor quinquenio en cifras de homicidios desde que se lleva registro.
En esa guerra infame de seguir contando muertos estamos inmersos hace mucho tiempo, un tiempo perdido en el que siguió creciendo el problema mientras nos enfrascábamos en debatir cifras. En vez de seguir haciendo cuentas y sumar asesinatos, tendríamos que encontrar la forma de unir esfuerzos para empezar a encontrar una salida a tanta barbarie instalada en este rincón del sur latinoamericano.
Fundapro, los visionarios
Durante la presidencia de José Mujica, la gestión de la seguridad estuvo rápidamente en la mira de la oposición que a poco de iniciada ya pedía la renuncia del ministro Bonomi. Lo responsabilizaban por la muerte de 12 privados de libertad en un incendio en la cárcel de Rocha que se produjo a pocos meses de iniciado el gobierno. No importaba otra cosa que obtener un trofeo político, entonces. Mucho menos respetar el acuerdo firmado sobre seguridad concretado meses antes de asumir Pepe la presidencia.
Lo que sobrevino después es conocido, la mezquindad política en su máxima expresión, instalando el "renunciá Bonomi" sin reparar en aquel acuerdo que el "Bicho" cumplió a cabalidad durante su década de gestión. Lo que importaba era dar de baja al Ministro a como diera lugar, ó, en su defecto, hacer de la inseguridad un estandarte de campaña electoral que les aseguraran los escanios y, ¿por qué no?, llegar al gobierno. No pudieron en el primero ni en el segundo intento pero en el tercero lo lograron de forma exigua por unos 30 mil votos.
Los primeros cuestionamientos a las estadísticas oficiales llegaron del lado de una fundación colorada liderada por el malogrado Guillermo Maciel (destituido durante el gobierno multicolor), con una cuestionada metodología de contar homicidios a partir de reportes de prensa sin mucho rigor y contraviniendo criterios básicos en la categorización de los homicidios (sumaban abatidos por la policía en cumplimiento de la ley, por ejemplo). De sus registros jamás se conocieron los vínculos a las noticias que reportaban y en múltiples ocasiones se constató duplicación de casos, lo que generaba una inflación de las cifras que deslegitimaron la metodología. Lo extraño fue que una vez que asumieron el gobierno como coalición multicolor, las estadísticas y la fundación desaparecieron mientras su titular pasaba a ser el número dos de la cartera del Interior.
Paradojalmente, durante el gobierno multicolor de Luis Lacalle Pou se produjo el mayor registro de homicidios en un quinquenio desde que se lleva registro, con la particularidad de incluir - en ese período - casi dos años de pandemia. En efecto, de los cinco años registrados hubo casi dos en que la actividad criminal - incluida la violencia letal - disminuyeron por causa de la baja movilidad social generada por la pandemia del Covid 19, lo cual lejos de relativizar los datos de ese período los agravan, porque la sumatoria respondería a tres años y fracción. Un período corto en que los homicidios se dispararon agravando un problema que no pudieron resolver los mismos que hoy critican desvergonzadamente la gestión del ministro Carlos Negro.
Nosotros seguimos contando
Nobleza obliga reconocer que también llevamos registro de los homicidios durante el gobierno pasado, pero, a diferencia de aquella fundación colorada, siempre respaldamos los resgistros con los vínculos correspondientes a la noticia criminal, salvando detalles (groseramente violados por aquellos), de seguir los criterios estandarizados de categorización de los homicidios que llevaba el Observatorio del Ministerio del Interior. Es decir, los abatidos por la policía en cumplimiento de la ley no se contabilizan como homicidios y cuidamos celosamente de no duplicar los casos, individualizando claramente cada homicidio con la correspondiente nota de prensa que lo referenció. Datos que se ofrecieron oportunamente a la administración multicolor y nunca aceptaron cotejar.
En ese tiempo surgió el dato preocupante de las muertes dudosas, lo que pudo implicar una forma de disminuir la cifra de homicidios de manera de no vulnerar el triste récord del año 2018, bandera que todavía flamean.
La gran diferencia, también, es que sin perjuicio de estar en el gobierno hoy, seguimos llevando el registro. No porque sea una administración frenteamplista vamos a dejar de registrarlos porque consideramos que es un aporte que podemos hacer al recopilar la información y cotejarla con los datos oficiales. En definitiva, se trata de información que consumimos todos los uruguayos y que está generando opinión y es menester saber si lo que se publica se corresponde luego con los datos oficiales o no.
De todas maneras, seguir contando muertes no aporta a la solución definitiva del problema ni mucho menos. Claro que desconocer los datos tampoco. En esa dialéctica en que nos hemos enfrascado últimamente estamos hoy mientras la violencia muestra su peor cara y los códigos de antaño han desaparecido por completo. Ya no se respeta el barrio, ni a niños ni a ancianos. Los principales protagonistas de esos hechos o de sus detonantes, debieran saberlo antes que exponer a su familia a las consecuencias de la vendeta narco. Sin embargo, siguen apareciendo casos donde esa exposición queda en evidencia.
El narcotráfico sigue siendo una (sino la principal) causa de los homicidios, tal como lo reconoció implícitamente el último anuario publicado por la AECA (Área de Estadística y Criminalidad Aplicada), dando la razón al exdirector del Observatorio del Ministerio del Interior - Javier Donnángelo - a quien, de todos modos, le mantuvieron el sumario de manera inexplicable.
Es hora de dejar de esperar agazapados un próximo homicidio y, en cambio, sumar esfuerzos para buscar una solución efectiva.
La muerte anda suelta y no respeta edad, nacionalidad, religión, género ni la orientación sexual.
Anda suelta y desbocada por el Uruguay del siglo XXI.
el hombre guardó la calculadora,
el perro aullaba triste en su casilla...
Fernando Gil Díaz