Luis Manuel Otero debería estar paseando por las calles de La Habana. Jorge Ángel Pérez (desde Cuba)

01.05.2026

Ese hombre, y también su belleza, se han hecho invisibles por malvadas decisiones.

 

Dice una canción que nada es para siempre, y también asegura que hasta la belleza cansa, lo que, sin dudas pretende hacer notar que todo tiene, irremediablemente, un principio y también un final; pero aun así yo sigo creyendo, y a pie juntilla, que existen algunas bellezas que tienen la apariencia de lo que no terminan nunca, de lo que no tiene muerte, esas cosas que permanecerán integras en el tiempo, y por los siglos de los siglos.

Hay bellezas milenarias, que han permanecido "intactas" por siglos y siglos, y hasta nos dan la impresión de que no desaparecerán jamás, porque la belleza nunca cansa, porque la belleza permanece en los recuerdos, y en la historia del mundo, y en la de un país. Y pareciera que algunas bellezas son inmortales. Hay edificios milenarios que aún reciben cortesías, hay puentes viejos que todavía resultan útiles y siguen nutriendo la belleza del mundo. Hay mujeres y hombres cuyas linduras son imposibles de olvidar.

La belleza sigue y seguirá recibiendo reverencias. Y quizá por todo eso yo he estado pensando en estos días en la belleza de un hombre a quien se le ha prohibido mostrar plenamente su hermosura. La belleza de ese hombre está escondida, su belleza está presa detrás de unas paredes infranqueables y al otro lado de unas rejas que lo retienen desde hace algunos años, ya demasiados años.

Ese hombre, y también su belleza, se han hecho invisibles por malvadas decisiones. Y yo estoy pensando en una belleza presa detrás de paredes que parecen infranqueables. Él ha desaparecido en medio de la más cerrada oscuridad. Él se llama Luis Manuel Otero Alcántara y está preso, encerrado porque también la belleza es acosada y se le teme.

Y ese hombre está encerrado porque la belleza cansa, porque a la belleza se le teme. Y estoy hablando sin metáforas, estoy hablando de una belleza concreta, de una belleza muy real que podría, debería, ser contemplada. Estoy escribiendo de una belleza que no cansa. Y esa belleza se llama Luis Manuel Otero Alcántara, pero los cercanos, y muchos de los que ni siquiera lo encontraron en alguna calle habanera, lo llaman Luisma, porque los diminutivos casi siempre son muestras de cariño y también de amor. Luis Manuel está encerrado, sin los beneficios que esas leyes que suscriben los comunistas que encierran sin recato y que también matan y rematan.

Y la naturaleza es muy sabia, y es a veces justa. La naturaleza reconoce que la belleza no siempre cansa, como se empeña en demostrar esa canción tan socorrida, esa que habla del cansancio ante la belleza. Luis Manuel Otero Alcántara es uno de esos hombres bellos, con una belleza concreta, con una de esas bellezas tan reales que no aburren, tan distinta que no cansa.

Y Luis Manuel, con toda su belleza, debería estar paseando por las calles de La Habana, porque así lo indica la ley, porque todos esos días de encierro que ya cumplió son más que suficientes para conseguir la libertad, aunque fuera condicionada. Su belleza suelta podría alejar en algo nuestras tristezas y congojas, porque este país lleva decenas de años visibilizando a hombres muy feos, como ese que cree que es jefe del Gobierno, como feo fue también aquel carente de toda gracia que escondía su antipatía detrás de una barba, ese que se arropaba con un traje verde olivo que daba miedo, que provocaba espanto.

Y Luis Manuel está preso, aunque debería estar suelto y desandando las calles de La Habana. Luis Manuel debería estar suelto, muy suelto y desandando cualquier sitio de la Isla, porque las cosas que son bellas deben mostrarse en todas sus lindezas y espantar todo lo que es feo: esos trajes verde olivo, las estrellas en la charretera, todo lo que es feo y se volvió en extremo visible; los Fideles, los Raúles y, por supuesto, los Caneles. Cuba necesita un poco de belleza.

Publicado en Cubanet, el 30 de abril de 2026

Jorge Ángel Pérez nació en Cuba (1963), donde vive, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas.

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2026-05-01T05:46:00

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