Lula, su batalla. "Abordando eso gris, que parece la teoría". Jorge Aniceto Molinari

27.10.2026

Mi padre carpintero, nos decía que el trabajo dejaba lesiones que muchas veces son irreversibles. El mismo, conservaba en su mano derecha los vestigios de una lesión provocada por la sierra sinfin.

En su orgullo como trabajador recordaba el hecho y la importancia de respetar los derechos de los trabajadores, al que asociaba con la prédica de don José Batlle y Ordoñez, aunque él no fue un militante político o lo que conocemos como tal. Al  menos en los años de nuestras crianzas, aunque en los últimos años sentía -puedo decirlo con orgullo- al Frente Amplio como propio, aunque no lo expresaba publicamente.

El episodio sobre el tema en el debate presidencial de Brasil, no dudamos, tuvo consecuencias; muchas veces escuchamos comentarios de como los trabajadores acuciados por necesidades inmediatas no llegan a comprender la importancia de determinadas políticas sociales, y de quienes las sostienen en el marco de las burocracias estatales.

El capitalismo ahora salvo en las zonas universales de mayor desarrollo económico como la zona de libre comercio que tiene en su seno a China y Vietnam, las reivindicaciones para tener un nivel de vida razonable están con muchas dificultades. Y no solo en la zonas de menor desarrollo sino en centros como en la vieja Europa.

Cuando Bolsonaro tiene la ocurrencia de llamar a Lula por sus nueve dedos, seguramente no sabía por su propia extracción de clase lo importante, que es para el trabajador recordar las vallas que a lo largo de su vida tiene que superar; es su dolor pero también su legítimo orgullo: consciencia de clase.

Es lo que construye el sindicato y el Partido, cuando logran indentificarse como tales y no como  meros instrumentos del aparato del Estado. Lo que tanto gusta recriminar la derecha, cuando habla de que los dirigentes sindicales no trabajan.

El coraje de Lula, ha sido y es reivindicar siempre su carácter de laburante.

El triunfo de Lula, si es que así se nos permite llamarlo, abre un antes y un después en todo el continente.

Pocos días antes de la segunda vuelta en Brasil, se votaron las 40 horas semanales; Bolsonaro las votó, las derechas las resisten, aunque hemos explicado que ello avanza en un derecho en un marco de aumento de la informalidad, que el capitalismo ofrece como salida mentirosa a su crisis.

Además la apertura a la tecnología que nos promete, tiene  un inmenso valor, cuando se logra el involucramiento de las masas.

Esto me gusta rubricarlo: necesitamos un programa que una a lo mejor de la humanidad. Que haga consciente a nivel de masas lo que la humanidad viene conquistando con distintos niveles según la zona del planeta, enfrentando problemas que exigen una respuesta ecuménica.

 

Jorge Aniceto Molinari

Columnistas
2026-10-27T08:13:00

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