Maduro y Cilia: dos víctimas más del régimen imperialista. Ismael Blanco
24.04.2026
Las imágenes siempre hablan más que mil palabras. El rostro demacrado, ojeroso, lánguido y cansado del presidente Nicolás Maduro; el bigote ralo, malamente afeitado en la cárcel y con la expresión de quien tiene certeza de que nada de lo que ocurriría en ese lugar - más precisamente el estrado judicial del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York presidido por el Juez penal Alvin Hellerstein- estaría relacionado con verdad o con el derecho y menos aún con la justicia.
Porque si de impartir justicia se tratara, él, un mandatario electo de un país soberano no debería estar allí sentado en el banquillo de los acusados para ser sometido a juzgamiento en territorio extranjero en circunstancias que ni la imaginación más frondosa pudo haber elucubrado.
Esta imagen del presidente Maduro quedó grabada en mi mente. Será acaso de que como expresa Borges, " no hay detalles insignificantes" y menos aún para quienes ejercemos la profesión de abogados, y por esta razón, podemos percibir el dolor auténtico de un imputado penal que se sabe inocente, y al mismo tiempo, también sabe que nada de lo que diga o haga determinará su suerte....
Su causa penal fue creada artificialmente por el Régimen del Imperio que no escatimó esfuerzos hasta lograr su propósito; así opera. Ofreció millonarias recompensas por su captura, trató por todos los medios ilegítimos de derrocarlo, financió a la oposición para arrancarlo del poder legítimo, y ante el total fracaso de todos los mecanismos lo secuestró para juzgarlo.
El Profesor Raúl Zaffaroni, nos habla en derecho penal de la Teoría Conspirativa que se desarrolla a través de la construcción de relatos, en los cuales "al enemigo se lo construye a medida, se lo estigmatiza se lo denigra, se lo criminaliza socialmente primero y penalmente después a través de mecanismos preestablecidos, para desplazarlos del sistema." Esta teoría del enemigo aplica en la esfera del Derecho Internacional.
Para el ilustre profesor, esta teoría "tiene forma de delirio paranoico y es un recurso político y amoral utilizado para canalizar en un determinado individuo el malestar de la sociedad y generar un sentimiento de rechazo, venganza y miedo en la sociedad.
Víctima de este tipo de maniobras, Maduro llegó a esos estrados Judiciales. No fue conducido por orden judicial, o proceso de extradición legal -derecho que le asiste a cualquier imputado- sino que fue vilmente secuestrado él y también su esposa -la Diputada Cilia Flores- imputados de un elenco de gravísimos delitos que garanticen una condena a cadena perpetua.
Este atropello jurídico sin parangón en la historia se llevó a cabo por orden presidencial directa y extraterritorial impartida sin amparo legal alguno y a espaldas del propio Congreso Norteamericano, desconociendo la institucionalidad de su propio Estado persiguiendo un propósito vil, muy determinado y preanunciado de apoderarse de las cuantiosas riquezas petroleras del pueblo venezolano, para lo cual debía quitar de la escena al Mandatario.
Queda muy en claro que en este escenario, Maduro era "inconveniente" a los intereses espoliarios del régimen del Imperio y prueba de ello es que aunque posteriormente fue constatado la notoria falta de pruebas sobre las gravísimas imputaciones de tráfico internacional de droga, nada cambió en la causa judicial; el secuestrador dijo tener "otros cargos penales más", porque si estos no sirvieron o no existían, está dispuesto a buscar algún otro para poder retener a su víctima alejada de su país y de su pueblo venezolano para cumplir su propósito.
El asunto es que - si certeza hay de algo en este tortuoso entuerto jurídico - es que si los iniciales cargos que le fueron imputados no existen o son falaces, eso no importa, buscaran o inventaran otros para condenarlo, porque para eso se lo secuestró porque esa es la consigna para poder en ese inter seguir usurpando las tierras venezolanas, pisoteando todos los Principios, Tratados y normas del Derecho Internacional.
Esa imagen de Maduro que todos vimos ante la Corte, habla de un hombre cansado, abatido y agotado al límite de lo humano, que bien sabe que nada de lo que diga o haga será suficiente para demostrar inocencia.
Los operadores del derecho conocemos muy bien estos rostros porque percibimos la impotencia humana de un inocente ante una incriminación poderosa y orquestada por quien se cree el amo del mundo.
Todo hace presumir a priori que esta historia no tendrá un final justo, que no es más que una macabra y marchita historia para Venezuela y también para el continente por ser uno de los objetivos del diabólico plan estratégico "América Primero", desarrollado por un impostor de la democracia y un estratega de la conspiración que representa al Imperio.
Maduro no esta ante un estrado judicial real más que en apariencias, aunque en ese lugar que todos vimos había un juez real, un fiscal y un defensor también reales estando revestido de todas las formalidades de una puesta en escena teatral pseudo creíble para algún distraído. Sabe muy bien que desde antes de dar inicio al juicio él no es un condenado... no una persona inocente a ser juzgada en un marco legal garantista; sabe también que forma parte de uno de los tantos planes conspirativos a nivel global que todos conocemos.
Esto es más de lo mismo. Se repite el mismo juego perverso del Imperio, que llevó a cabo innumerables veces, y ahora desarrolla, junto con otro mandatario también títere y ególatra, que tampoco respeta reglas y que también se cree imbuido de un poder divino, desconociendo los límites de su propio territorio y no duda en masacrar a los palestinos, a los iraníes y a todo aquel que trate de recordarle que los países tienen fronteras delimitadas por el derecho internacional y que deben ser respetadas.
En el juicio al Presidente Maduro solo se utiliza a los operadores jurídicos para legalizar lo corrupto, porque lo que se persigue en realidad no es un fallo justo, sino que necesitan un fallo judicial que convalide con formato protocolar y sello judicial una infamia contra los acusados, un presidente y su cónyuge.
Lo que pasó en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York a cargo del Juez Alvin Hellerstein no fue positivo para Maduro, el juez rechazó los argumentos de inocencia planteados en la moción presentada en de su defensa que solicitó desestimar todos los cargos de narcoterrorismo y demás que se le imputaron.
Como cualquier mortal, Maduro ve claramente que esto era lo esperable, y que sus probabilidades de probar inocencia eran escasas o nulas porque el derecho, la verdad y la justicia anidan muy lejos de esa Corte Judicial y porque aplicando un razonamiento lógico no es dable que las garantías puedan estar dadas en el País del Imperio secuestrador.
Es un hecho que el propósito del vil captor, fue acudir a viejas técnicas de dominación utilizadas para derrocar gobiernos, revestir de formalidades judiciales sus gravísimos actos de atropello para de esta forma derrocar democracias, sin medir límites, cometiendo incluso graves delitos de sangre y hasta de Lesa Humanidad; en esta oportunidad contra autoridades de gobierno e incluso contra el pueblo venezolano a consciencia y voluntad, haciendo uso del poder de su propio Estado con abuso de su investidura presidencial.
Usa el poder Estatal, como una burda herramienta, valiéndose de su ejército para desplegar un accionar esquizofrénico y sin escrúpulos, con respaldo (a posteriori) pero respaldo al fin del Congreso de los Estados Unidos, que lo legitima, en todos los atropellos cometidos.
Su aparente accionar a capricho, en el fondo, no es un acto aislado de un mandatario destemplado, que sí lo es, sino que lo que hace es repetir una vez más viejos patrones de conducta de sus predecesores. Actúa en la línea de los mismos intereses de dominación neocolonialistas que siempre tuvo históricamente el Régimen del Imperio y desarrolló durante los Siglos XIX y XX en nuestro Continente. Solo que ahora plasman sus aspiraciones en un nuevo Plan Estratégico, con métodos altamente violentos diseñados a medida y arremeten en forma descarada secuestrando al mandatario para "juzgarlo".
Este era el último recurso y lo utilizaron ante el fracaso de otras tantas estrategias desarrolladas por el Pentágono, (golpes de Estado; apoyo y financiación de sectores opositores; sanciones económicas etc. etc) utilizadas sistemáticamente en Latinoamérica y también en Venezuela, donde arremetió con la Cuarta Flota y finalizó con el secuestro.
Todos recordamos el fracasado y sangriento intento flash de golpe de Estado de George W. Bush contra el presidente Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana del año 2002, que duró tan solo 48 horas, lapso en el cual el mandatario impuesto por el imperio aprobó un paquete de leyes, entre ellas la de hidrocarburos.
La historia se repite, ahora con toda la violencia imaginable, es que el nuevo inquilino de la Casa Blanca fue por todo, sin miramientos en esa misma dirección, sin importarle las víctimas que vayan quedando como reguero en el camino de sus ensangrentadas manos.
Maduro conoce bien esta historia, y por esta razón sabe que a nadie en esa Corte Judicial del país secuestrador le importa su sostenida inocencia; sabe también que tanto él como su esposa no están a salvo porque están recluidos en la cueva del victimario por el que serán juzgados tras haber sido sometidos y ultrajados por quienes lo juzgarán.
Cobran vigencia más que nunca las reflexiones de Francisco de Quevedo, que allá por el siglo XVII, como humanista y observador de la realidad de sus tiempos, reflexionó sobre la fragilidad de los sistemas cuando la ética del poder del estado y la justicia no van de la mano, cuando no se respaldan la una en la otra y tras su análisis concluye que " ninguna víctima tiene justicia si lo ha de juzgar el vencedor".
Maduro en su día ante un Tribunal supo que estaba sentado frente a un hombre con Toga y martillo, frente a un juez de cuya dignidad, respeto a su investidura, independencia técnica de criterio y vocación profunda por la justicia verdadera dependía su suerte en esta fábula.
Ese reducto humano, que puede anidar en quien lo deberá juzgar es su única esperanza que lo puede salvar de una condena a cadena perpetua a medida.
Esa determinación dependía de la integridad de un hombre, que en esa primera audiencia dio un indicioleve, un haz de luz en esa abrumadora noche del derecho, dado que no le negó in límine la posibilidad de ser patrocinado por el defensor por él elegido en esta fábula de juicio.
Era demasiado dejarlo sin patrocinio legal por falta de recursos para abonar honorarios; ¿el razonamiento del juez fue lógico, si ambos países (Venezuela y Estados Unidos) tienen relaciones diplomáticas cual es el impedimento o el peligro alegado por la Fiscalía para que se destinen fondos para el pago de patrocinio legal al mandatario?
Por otra parte, el propio EEUU le reconoció en los hechos la negada investidura presidencial a Maduro al reiniciar relaciones diplomáticas con la vicepresidenta en ejercicio. Por tant, y por si alguien no se percata también debió preguntarse ¿Es competente un juez de EEUU para juzgar a un mandatario que llegó a su corte secuestrado, sin seguir el proceso de extradición y sin respetar su inmunidad presidencial reconocida en los hechos por el Estado ? Claramente no lo es. Ese aspecto era medular en todo este invento normativo.
En esta línea argumentativa, queremos pensar que el Juez podría llegar preguntarse a sí mismo, "si lo trajeron a mi Corte secuestrado y me exigen que lo juzgue, al menos quiero que tenga garantías" dado que también el Juez es consciente y sabe que lo obligan a formar parte de la farsa, Este derecho a una defensa garantista también le quería quitar la fiscalía del país secuestrador, argumentando que representa un peligro.
El escenario ideal, era dejar a Maduro en manos defensores de oficio también vasallos del Régimen del Imperio que bajo el "formato de abogados de su defensa" articularan más rápido su condena a cadena perpetua en el juicio que un día que no se sabe cual será dará comienzo, y que lo hicieran en forma más veloz. El Juez impidió se concretará en esa audiencia el propósito de la Fiscalía. Este límite quedó a resolver y por ahora, no fue traspasado por la Corte...
La suerte de Maduro de tener al menos una defensa garantista solo depende de la integridad de un hombre, un juez de muchos años de vida que ha visto seguramente muchas justicias e injusticias... depende solo de su voluntad y su apego a la integridad, depende de la decisión de un hombre de avanzada edad que lo ha visto todo, y seguramente abrigamos la esperanza de que no quiera irse de este mundo con tamaño peso moral sobre su conciencia.
Eso queremos pensar al menos los que estamos del lado del derecho, los que luchamos por las causas justas, los que queremos seguir creyendo que la justicia no se compra ni se vende.
Ese reducto moral es lo que traza la línea delgada entre la arbitrariedad y lo justo, la esperanza queda en que quiera demostrar que no puede ser articulado ni manipulado por macabros planes ilegítimos, ni por ningún asesino serial, aunque tenga investidura presidencial en los Estados Unidos.
Este hombre tiene la oportunidad única de poder demostrarle al mundo que la justicia existe, que no está en el mercado. El magistrado es el único reducto de esperanza y al menos dio una buena señal, queremos creer... y en el inter seguiremos luchando por la justicia.
No renunciaremos nunca a luchar por la defensa de Maduro y su esposa. Lo haremos con firmeza y convicción y en defensa del Derecho Internacional. Ellos son los que están fuera del sistema, y por eso la denuncia que nivel global que haremos los pueblos no cesará. No pararemos hasta que tamaño criminal asesino de niños e inocentes, que hoy detenta la presidencia de Estados Unidos, despreciando los principios de derecho, las normas en su conjunto y la soberanía de los Estados y hasta el derecho a la vida de sus propios ciudadanos y de los demás habitantes del planeta, sea juzgado y encarcelado por el resto de sus días en este bendito planeta.
Lucharemos por el derecho y la verdad y lo haremos por Maduro y Cilia y por tantos inocentes asesinados; por tantas crueldades injusticias desplegadas. No será impune.
Dr. Ismael Blanco