Las flores del mal
Marcelo Marchese
11.02.2022
La cultura nace de una limitación, pues en todo pueblo existe algo prohibido y no hay una sóla colectividad humana donde todo esté permitido. Hubo algo que fue necesariamente prohibido, pues sin límites no hay dirección de la energía.
Los juristas, psicólogos y antropólogos se han preguntado cuál fue la primera prohibición, pues entender ese límite permite entender el devenir humano, y creo que la verdad de ese límite es evidente para cualquiera que no esté en extremo necesitado de negar qué cosa debemos limitar.
Los mitos tienen una función rectora sobre el hombre, que necesita de una historia y de una acción que involucre a ciertos personajes para darle carne y sangre a una ley determinada, ya que el mito es una confirmación necesaria de las leyes primitivas en modo adoctrinamiento.
Entonces, el mito como bandera que señala el origen de la ley.
Un ejemplo preciso es el mito hebreo de la creación, donde Adán y Eva se encuentran desnudos en el paraíso, hasta que Satán en forma de serpiente seduce a Eva para que coma del árbol prohibido, pues si comen de él abrirán los ojos, conocerán el bien y el mal y "seréis como Dioses".
Como sabemos, Eva y Adán comen del fruto prohibido, se ven desnudos, se cubren con las hojas de la parra y Jehová les profetiza una vida de dolor y los expulsa del Edén.
No habría demasiadas dudas sobre el origen de la primera prohibición si tenemos al hombre y a la mujer que se ven a sí mismos desnudos y se cubren con hojas de parra. El mito nos lleva a que a partir de cierto momento se limitó la sexualidad. No existe un sólo pueblo en la tierra donde el hombre no cubra sus genitales de alguna manera, incluso, aunque fuere simbólicamente con una cinta sobre su cadera. La Historia de la civilización también ha sido (alcanza con ver una bragueta del Renacimiento) la historia del progresivo ocultar de los genitales, pues se debe limitar algo de la sexualidad.
Sin límites no hay dirección de la energía. Fue lo prohibido lo que hizo toda la Historia humana, en tanto permaneciera prohibido como propulsor de toda la Historia humana.
Cuando se nos pregunta qué nos separó del resto de los animales, pensamos de inmediato en la inteligencia, pero no pensamos en el origen de la inteligencia, cuando el proverbio dice que "El pensamiento es esclavo de la pasión". Misteriosamente, somos el único animal que habla, y tan rica es nuestra lengua que podemos imitar los sonidos del resto de los animales, y sin embargo, hay algo más determinante como causa de la inteligencia y que al mismo tiempo actúa como causa de la lengua: somos el animal con celo constante.
Acaso el bonobo y el delfín que acompaña a Afrodita tengan un celo constante, pero o el hombre tenía algo que el delfín y el bonobo no tenían, o su celo es más intenso y duradero y esa sería la explicación del principio de todo.
En cuanto al origen del habla, no cuesta mucho imaginarla como una creación femenina, ya que se la nombra como lengua, idioma y habla, y una sóla vez en forma masculina como en verbo. La niña aprende a hablar antes que el niño y cotorrea mucho más que el niño, y al primer lenguaje adquirido se lo llama "lengua materna", desde que nos lo otorga nuestra madre al darnos de mamar. Fue, con certeza, una madre nombrando a su criatura la que creó la primera palabra.
Es curioso el parecido de las palabras Adán y Edén, y en cuanto al nombre Adán, contiene el anda, el dan y el nada, y Eva, el va, el vea y sobre todo, la doble letra femenina, ya que la V es el vientre de la mujer, el monte de Venus, y la A es la V invertida. No te preocupes por cómo sean estos nombres en otras lenguas, pues tu lengua es ésta y con esta lengua haces tu mundo, un mundo hecho con palabras, pues "En el principio, fue el verbo".
La primera prohibición tuvo que ver con el sexo, y las siguientes prohibiciones justifican la primera prohibición. Amarás a tu Dios sobre todas las cosas implica seguir la ley establecida para el bien común. No nombrarás a tu Dios en vano implica que antes de ese Dios hubo otros dioses que el hombre convocó con palabras, ya que en un principio la palabra era la esencia de la cosa y las palabras abrían puertas ("¡Ábrete, sésamo!") y se invocaba a dioses y demonios con palabras. Honrarás a tu padre y a tu madre significa que acatarás sus órdenes, pues el viejo enseña al joven, pero más que nada, significa que no los "deshonrarás", que no afectarás su "honor", y ya sabes lo que significa cada vez que se habla de una mujer deshonrada. No desearás la mujer del prójimo, ya que tu naturaleza es adúltera, lo que implica que el animal humano es polígamo y una extensa poligamia, como entre los bonobos y los delfines, fue lo natural para nuestra sexualidad desbordante, pero entre todos los animales de la especie, siempre había uno preferido y siempre se prefiere a alguien en el amor. La hembra quería un macho que cuidara su progenie y el macho quería una hembra suya para estar seguro de su progenie.
No tolerar pensamientos y deseos impuros se entiende por sí mismo, pues el pasado de la especie acude en forma de imaginación, pero la clave aquí es que desear ya es obrar, por lo que se instala el pecado de pensamiento, y en cuanto a no matarás refiere a un pasado de crímenes, a un vasto pasado sanguinario del hombre en su vida polígama e incestuosa, llena de deseos y llena de celos promotores de perpetuos crímenes. En cuanto a no codiciar bienes ajenos, al establecer la monogamia se establece la necesaria propiedad, y sobre no mentir diremos que el que miente oculta su deseo, pero al mismo tiempo, que el que miente erosiona el poder mágico de las palabras y su vínculo con Dios.
Somos el único animal que necesitó limitar su naturaleza para beneficio de su naturaleza y he ahí el origen de la ley. Es curioso, pues no es natural limitar lo natural, pero fue una decisión natural limitar lo natural, ya que permitió cumplir la primera ley de toda especie, reproducirse; permitió cumplir la segunda ley de toda especie, asegurarse los bienes para subsistir, algo que en nuestro caso se manifiesta en producir cada vez más bienes, habida cuenta que la prohibición del incesto llevó a la exogamia, al estímulo de las relaciones comerciales con pueblos lejanos y a la difusión de la cultura; y permitió cumplir la tercera ley de toda especie, una ley que hemos cumplido al pie de la regla, extendernos en el espacio.
En el film Nostalgia de Tarkovski un protagonista que se dirige a la multitud antes de morir dice que "debemos de volver al punto exacto donde torcimos el camino". El punto exacto donde torcimos el camino fue el mismo instante en que establecimos la primera ley, no porque no debiera ser establecida, sino por la manera en que entendimos por qué debió ser establecida, una manera que dio nacimiento a Satán. Ya lo dijo el sexto patriarca Hui Neng, al profetizar que mara, el mal, cuando sea interpretado, será también el Buda. Cuando el hombre entienda que la naturaleza que limitó, fue limitada naturalmente y que eso dio origen al arte, el lugar donde lo prohibido se puede manifestar, en ese momento acabará la prehistoria del hombre y dará inicio su Historia consciente.
Cuánto tiempo falta para volver a ese Edén renovado nadie lo puede saber, pues el futuro está en movimiento con cada paso que damos, y en este proceso de alejamiento de la vida acaece la pandemia, resultado de la estructura nacida con la primera prohibición.
De sobra conozco las razones por las cuales rechazarás estas palabras, pero hasta tu historia personal prueba lo que digo cada vez que el amor fue crucial en tu vida, si es que no fuera suficiente prueba tu cuerpo que en el centro mismo lleva los genitales.
Es la culpa la que torció la Historia humana y la que generó instituciones para extender la culpa. Apenas Jehová expulsó al hombre del Edén, dijo: "He aquí el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora, pues, no sea que alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre", y puso ángeles con espadas flamígeras cuidando del árbol.
Si el mito refiere al pasado, el mito refiere al futuro, pues pasado y futuro son un engaño de mara, El Señor de la ilusión, así como es mera ilusión, mara, nuestra concepción del tiempo. El hombre comió del árbol del conocimiento y los hombres que escribieron el Génesis supieron que gracias al fruto del árbol del conocimiento, el hombre tomará del fruto del árbol de la vida y comerá y vivirá para siempre.
Estas ideas de la falsa pandemia y sus políticas como resultado de la culpa te parecen sorprendentes, y más aún te resultará sorprendente si digo que dudo infinito que exista un plan para reducir la población humana, pues se trata de limitar nuestra sexualidad, cosa que ocurrió en forma progresiva desde el nacimiento de la culpa.
Limitar la sexualidad limitará la reproducción, pero no es el limitar la reproducción el objetivo directo, sino limitar el poder del hombre, llevar la reproducción humana a los laboratorios, reducir la producción de bienes, extender la conquista del territorio a la conquista del espacio, y, me temo, "alargar la mano y tomar también del árbol de la vida".
Ese parece ser el plan de los nuevos dioses de la humanidad que El Señor de la ilusión no nos permite visualizar.
Marcelo Marchese
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias