La partida de ajedrez y dos peones autollamados Romina y Paula

Marcelo Marchese

08.05.2024

Nosotros vemos el movimiento de las piezas, pero no vemos quién las mueve, aunque podemos imaginarlo. El ataque a Penadés tuvo un doble propósito, así como tuvo un doble propósito el affaire Mónica Lewinsky. Por un lado, se ataca a la clase política, por el otro, a la sexualidad por su lado más perverso.

En el ataque a la clase política participa la industria del cine: "House of Cards", "No miren arriba", y también las "filtraciones" como los Panamá, los Paradise y los Pandora Papers. Se apunta a la clase política para darle en la cabeza a la democracia. El tema es que como la clase política está absolutamente desprestigiada, amén de que el nivel de la clase política es penoso, imposibilita que la gente entienda la gravedad del ataque. Es más, se alegrarán por este ataque que en realidad, es contra la gente.

La clase política es expresión de la sociedad podrida que tenemos. Los políticos salen de nuestras familias, de nuestras escuelas, de nuestras universidades. El asunto es que nuestras democracias son republicanas, algo que precisa de un elenco político y si viene alguien y muestra que ese elenco político está putrefacto, tarde o temprano aceptaremos que se arroje a la basura el sistema republicano.

Es elemental.

Si este primer ataque cuesta entenderlo, entender el segundo ataque es casi imposible: es un ataque a la sexualidad en toda la regla. Ese ataque está tan bien pensado, que mediante la industria del entretenimiento se estimula la sexualidad infantil, que es la mejor manera de atacar la sexualidad, ya que una sexualidad desorbitada y antes de tiempo, luego genera asco al sexo. El sexo se sostiene si hay un viento de amor que lo impulse.

La prueba más elocuente del ataque a la sexualidad fue la pandemia. Distanciamiento social es distanciamiento sexual. Los jóvenes no podían ir a la playa, al parque, a los boliches, a los conciertos, a los bailes y a los cuartos de sus novias. Seguramente en toda la historia humana nunca se hizo menos el amor que durante la pandemia. Para colmo de colmos, el tapabocas que arruinaba el hermoso rostro del ser humano.

Es obvio que si alguien va a atacar la sexualidad no lo hará atacando a Romeo y Julieta. Buscará la peor de sus expresiones: la pedofilia, pues la pedofilia nos pone a todos los pelos de punta desde que fuimos niños y desde que somos padres. Es tal el rechazo a la pedofilia (no les diré qué opinan Shakespeare y Freud acerca de los reales motivos de este rechazo, pero el lector inteligente me adivinará) que ningún argumento puede atravesar el denso humo que llena la cabeza de muchos, incluyendo, por supuesto, a fiscales y jueces. Hay cosas aberrantes que nublan el juicio por el sencillo motivo de que somos animales, animales dotados de palabras, pero animales, y nuestros sentimientos, y en realidad, nuestro inconsciente, determina lo que pensamos. Lo que pensamos es una hoja que arrastra la tormenta del inconsciente.

El ataque a la sexualidad involucra también al feminismo, que recibe miles de millones de dólares al año de parte de los Georges Soros de este mundo, e involucra a sus engendros, como la ley de violencia de género que se impone en todos lados. Esta ley nefasta cumple unos cuantos roles, pero el fundamental es erosionar las relaciones sociales, las relaciones sexuales.

Nada hay más complicado en esta vida que la relación con el otro sexo. De hecho, en el fondo, nunca terminaremos de entender al otro sexo. He ahí la gracia. El tema es que si se demoniza a una de las partes, se acaba la necesidad de entender y congeniar, pues para eso sirve el chivo expiatorio: uno arroja en él todas las culpas y lo envía al desierto donde lo encontrará el demonio Azazel.

La gente madura debe pensar en los pibes que, con diecisiete años, antes de decirle algo a una piba que les encanta, lo piensan tres, diez y hasta seiscientas sesenta y seis veces, no sea que una simple y preciosa insinuación termine en un calabozo.

Otro efecto demoledor de la ley de violencia de género es la ruina del sistema legal desde que ataca la igualdad ante la ley, principio elemental de nuestro ordenamiento jurídico, y desde que ataca la presunción de inocencia. Uno pasa a ser culpable hasta que se demuestre lo contrario.

Este es el telón de fondo de la obra que se despliega ante nosotros. Alguien, con toda evidencia, asesora a Romina, pues maneja al dedillo todos los artilugios legales, el tema es que al que asesora a Romina se le fueron las cosas de las manos, pues Romina cometió un error impulsada, precisamente, por esas cosas oscuras que gobiernan nuestros actos: entrar en el juego del dinero.

En esta partida de ajedrez, alguien impulsa al feminismo, a la ley de violencia de género y a las Rominas de este mundo, pero hay otro alguien al que no le gusta nada este asunto, seguramente alguien con ideas religiosas, que esperaba el momento del contraataque, y ese momento se le apareció la misma noche en que "Romina" y "Paula" cometieron el garrafal error de denunciar a Orsi.

Visto hasta la mitad del programa Santo y Seña, la llamada Paula Díaz no ofrece garantías. No queda claro por qué pretendió enchastrar a Orsi, y menos claro queda por qué se arrepintió de tamaña maldad. Uno debe suponer que pensó que acusando a Orsi ganaría tal cifra, y debe suponer que luego vino alguien y le ofreció el doble, o el triple, si se desdecía. Ese alguien le habría explicado que se comería un par de meses de cárcel, pero luego, saldría con mucho dinero.

Todo este enjuague trasciende a Penadés y a Orsi, y trasciende al Partido Nacional y al Frente Amplio. No son operaciones de esos partidos, pero con toda evidencia le comieron una pieza al que impulsa la ley de violencia basada en género, que es el mismo que impulsa al feminismo, que es el mismo que impulsa al Frente Amplio. Las piezas se mueven desde muy arriba y nuestro partidos políticos ni cortan ni pinchan, como no cortan ni pinchan en nada importante. Sólo obedecen órdenes y tratan de zafar lo mejor posible de su ruina inminente.

A Romina le espera la cárcel, y es posible que en este ataque a la realidad donde un hombre que se dice mujer pasa a ser mujer, en esta demencia desatada, la arrojen a una cárcel de mujeres.

A los medios de comunicación que ampararon este culebrón, les espera el desprecio de toda persona sensata. Nada más se puede decir de esa porquería.

A nosotros nos espera reflexionar sobre la vida que nos están regalando: pibes que comen dentro de los contenedores de basura, otros que duermen sobre cartones, una agresividad que se puede palpar en el aire, jóvenes que buscan trabajo desesperados, cada vez más botijas vestidos de mujer que caminan tristes por las calles, una educación que no sirve para nada, un sistema de salud que no sirve para nada, un deliberado ataque a la ganadería, un deliberado ataque a la industria nacional  y suma y conclusión de todo esto, un deliberado ataque a la democracia.

Esta espantosa telenovela de baja categoría con actores que impostan la voz para pasar como actrices, cosa de muy dudosa elegancia, todo este asunto y su hedor a excrementos, debería actuar como un sacudón que nos lleve a ponerle freno a una deriva que nos conduce a una vida miserable.

 

 

 

 

 

 

 

 

Marcelo Marchese
2024-05-08T10:15:00

Marcelo Marchese

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