Diálogo con un ser enigmático acerca de Cordera
Marcelo Marchese
11.08.2016
Me encontraba en un balcón del Palacio Salvo, maravillado de ver a la ciudad vieja inclinarse hacia la bahía como un animal sediento, cuando se materializó a mi lado una figura inquietante.
-¿Quién sos? ¿Por qué estás disfrazado así?
-Respondo, en una sola respuesta, a tus dos preguntas: no estoy disfrazado.
-Ya entiendo. Me das miedo.
-No creas todo lo que dicen de mí. Así como los califas de Las mil y una noches extendían al mensajero temeroso un lienzo que aseguraba protección, yo te entrego ahora ese lienzo para que hablemos sin temores.
-Bien, pero este diálogo me recuerda algo que he leído.
-La vida, ya se sabe, gusta de plagiar a la literatura y si transitás por Pessoa...
-Ahora recuerdo, y en ese texto vos también asegurabas protección aunque a la postre, todo lo que dijiste pareció caer en saco roto.
-Ni yo, ni el otro, y menos todavía los mortales, sospechamos qué catástrofes pueden ocurrir apenas se pronuncian las palabras, esas palabras que salen del cuerpo para hendir el aire y trastornar un espíritu, un cuerpo, y ya no sé si las palabras son ideas o materia o qué misterio encierran.
-Precisamente pensaba, en tanto admiraba la bahía, en las palabras que pronunció un músico acerca de mujeres reprimidas que necesitan ser violadas, mujeres que les gusta jugar a eso.
-¿En qué contexto lo dijo?
-No lo sé y no sé qué importa.
-¿Pero qué venía diciendo? ¿A dónde iba?
-No lo sé. Escuché un audio completo en youtube que dura dos minutos y treinta y siete segundos...
-Te mintieron, no es un audio completo. Es un mero fragmento sensacionalista.
-Puede ser, pero lo que dice es escandaloso.
-Es escandaloso, por supuesto, pero si no sabemos qué venía diciendo y a dónde quería ir, si sacamos una frasecita del contexto terminamos cayendo en aquello que dijo un poeta en un libro llamado El Pozo, algo así como que contada toda la verdad, pero ocultando el alma de los hechos, se estaría perpetrando la peor de las mentiras.
-¿Lo estás defendiendo?
-Sólo digo que para juzgar necesito de todas las pruebas, salvo que tenga una necesidad imperiosa por juzgar y no me interese perder el tiempo en averiguaciones.
-No existe ninguna mujer que desea ser violada, abusada, decir eso es una apología de la violación, es dar piedra libre a los violadores, a una práctica aberrante.
-Concuerdo que la violación es una práctica aberrante, pero no entiendo que de ninguna manera el músico la esté defendiendo. Es más, yo escuché el fragmento y no la defiende en absoluto, y aclara que si bien hay mujeres que les gusta jugar a eso, a él no le gusta jugar a eso.
-No hay mujeres que les guste jugar a eso. Si dice eso es porque es un machista, o más bien un misógino.
-Está bien, vos no conoces mujeres que les guste jugar a eso, pero eso no significa que en este vasto mundo, en 3500 millones de mujeres, no exista alguna que le guste jugar a eso, que le guste jugar a que la aten, por ejemplo, pues cuando se siente atada se siente liberada.
-No puede sentirse liberada si se siente atada. No puede desear que la violen, pues ese deseo negaría en sí a la violación. Es una incoherencia.
-Si hay algo incoherente en este mundo son los monos sin cola que lo pueblan y su lenguaje. Acaso la mujer que gusta que la aten se siente menos culpable cuando se encuentra atada, y por lo tanto, al liberarse de la culpa mediante la atadura, se siente liberada.
-Pura misoginia.
-Acaso los hombres que practican la necrofilia tengan pavor de enfrentar el deseo de un ser vivo, tengan pavor de algo que pueda transformarlos, cambiarlos de lugar, acaso tengan pavor de recibir.
-Esa gente estaría enferma y son unos pocos y no vienen al caso. El músico habló de todas las mujeres.
-El músico habló de algunas mujeres, no de todas y aclaró "somos muy complejos los seres humanos", cosa la cual es radicalmente cierta.
-Ya veo que después de todo, de tu profusa fama, no sos otra cosa que un intelectualoide que gusta de relativizarlo todo.
-¿Negás que hay mujeres y hombres que gustan que los aten y los flagelen?
-He leído por ahí que sí...
-Les gusta, lo sabe todo el mundo. Hay gente que le gusta eso, hay gente que se excita con los truenos y relámpagos, hay gente que se excita sólo en las bañeras, hay gente que se excita sólo si hay arañas de por medio, pues "son muy complejos los seres humanos".
-Pero no queda claro si quiso decir eso, si se refiere a que algunas mujeres les gusta jugar a ser violadas o si dijo que a algunas mujeres hay que violarlas derecho viejo.
-Si no queda claro qué quiso decir no veo cómo puede ser juzgado por algo que no queda claro qué quiso decir. Lo más sabio sería averiguar qué quiso decir y luego pensar lo que quiso decir y después, en todo caso, discutirle lo que quiso decir y eventualmente, castigarlo si hizo una apología del delito con eso que quiso decir. En este caso veo menos peligroso al que habla que al que escucha.
-¿Qué querés decir?
-Si yo describo una realidad, si digo que hay unos pocos que son dueños de la mitad del mundo y alguien interpreta que estoy defendiendo que unos pocos sean dueños de la mitad del mundo, el problema radica en el que escucha, en lo que quiso escuchar, en su deseo involucrado a la hora de escuchar.
-No lo veo un ejemplo pertinente. Lo que él dijo es claro. Dijo que las mujeres necesitan ser violadas.
-Yo veo ahí un exceso de "literalidad". Si Tarantino hace que un personaje racista emplee el vocablo nigger, no significa que Tarantino sea racista, significa que Tarantino quiso representar perfectamente a un personaje racista. Esta literalidad significa que existe una menguada capacidad de simbolización, y esta menguada capacidad tendrá consecuencias en las expresiones de todo tipo y en el arte, y si vemos las producciones artísticas de los últimos treinta años y las comparamos con las expresiones de los treinta años anteriores, en comparación el arte actual es una miseria.
-Y ahora te metés con el arte. No sabía que fueras un demente que mezcla un tema con otro, aunque tampoco sabía que existieras, si debo ser sincero.
-Que no creas que algo exista no le resta a esa cosa el menor derecho a la existencia, como esas mujeres que les gusta que las aten o esos hombres que se excitan con relámpagos y truenos. Uno ve lo que se anima a ver por un elemental mecanismo defensivo.
-¿A dónde vas con eso?
-A que la violación es un hecho que horroriza. Es horrible que alguien, por ser más fuerte, someta a un ser más débil y acaso le trastorne toda la vida. Es algo espantoso, y es algo que se da todos los días. Es algo que se debe erradicar, no puede existir nunca más. Ahora, imagino que quien practica esta cosa horrorosa, no la defiende públicamente.
-En eso estamos de acuerdo. Jamás se delataría.
-Y si una persona habla de esto públicamente, de esa cosa rara de alguien que desea ser violada, de seguro no lo está llevando a la práctica.
-Sí, sería rarísimo que no esté preocupado más bien por esconder lo que hace.
-Yendo al asunto del horror, creo que podríamos darle otra vuelta de tuerca, pero, si fuera un mortal, de ninguna manera te hablaría de esto, pues podría ser malinterpretado.
-Sólo estamos tú y yo y nadie me creería si digo que te he visto y además el largo brazo de la justicia no puede alcanzarte.
-¿Me tendés el lienzo de la protección?
-Si sólo estás analizando el mundo y no hacés ninguna apología del delito, no veo quién podría castigarte.
-Bien ¿por qué será que a algunas personas les gusta que las aten?
-No logro entenderlo. A mí no se me ocurriría, y menos aún vestirlas de alguna manera ni decirles palabras groseras. Fui educado en ciertos principios...
-Vale, vale ¿Te parece que pueda existir al menos una lejana relación entre el deseo a ser atadas con ese otro deseo a ser violadas?
-Sí, si existieran las dos cosas, sospecho que habría alguna relación.
-¿Así que algunas personas pueden tener en algún grado de su psique un deseo más o menos oculto a ser violadas, deseo que de ninguna manera y jamás habilitaría a un energúmeno a que las violara?
-Estoy absolutamente de acuerdo con la segunda parte. ¡Me tranquiliza que lo aclares! En cuanto a la primera parte, puede que sí, que algunas personas puedan tener ese deseo más o menos oculto. Si me hablás de aquellos que se excitan si hay arañas, bien que podría haber mujeres que tengan un deseo soterrado a ser violadas.
-¿Sabías que en algunas tribus de la Polinesia el novio rapta a la novia, o más bien se practica una suerte de ceremonia por la cual el novio rapta a la novia?
-No lo sabía, me parece rarísimo.
-¿Por qué se haría esa ceremonia?
-Es un enigma, pero imagino que es una especie de atavismo, o de gesto civilizado que incorpora a su manera una práctica muy antigua. No sé si llamar civilizada a esa gente.
-¿Conocés el cuadro de David "El rapto de las sabinas"?
-Sí, lo vi en el Louvre. Los romanos han raptado a las sabinas y luego los sabinos, los padres y hermanos de las sabinas, vienen a recuperarlas y cuando están por vencer a los romanos, las sabinas intervienen para que no maten a los romanos, es decir, a sus maridos. David quiso simbolizar la necesaria reconciliación de los franceses tras la revolución.
-Acaso conscientemente quiso representar eso y muchas otras cosas, pero inconscientemente...
-¿Te vas a meter con el tema del inconsciente?
-Quería decirte que en ese mito de las sabinas me llama la atención la defensa que hacen las mujeres de sus raptores, de sus violadores.
-Pero ese mito fuera de toda duda es un mito creado por los hombres, es un mito machista.
-Puede que sí, puede que no, puede que sea un tema bien complejo, pero me gustaría terminar de explicarte esa vuelta de tuerca con respecto a lo que nos horroriza.
-Adelante.
-¿Puedo suponer que cuando el tal Freud dijo que una madre goza sexualmente al dar de mamar, y que el bebito goza sexualmente cuando mama, horrorizó a la gente de su época?
-Sin duda, se horrorizó y lo trató de cosas peores que las que le dijeron a Cordera.
-Y supongo que cuando habló del incesto se le vino el mundo encima.
-Lo abuchearon en un congreso, es bien sabido.
-Si dijo que una madre puede tener un deseo, más o menos oculto, por su hijo, lo mismo que un niño un deseo más o menos oculto por su madre, y un padre por su hija y una hija por su padre, si todo esto tuviera algo de cierto, y sólo en el caso que tuviera algo de cierto ¿a quién horrorizaría?
-Es evidente que a las madres y los padres y a las hijas y los hijos.
-¿Por qué?
-Siempre y cuando estuviera en lo cierto, cosa que dudo, les horrorizaría que los enfrentara a una realidad, a una verdad que no quieren que les presenten, pues harían lo imposible por negarla, por no reconocerla, pero yo desprecio al psicoanálisis pues me parece un divague de principio a fin. Me gusta más bien el conductismo, mucho más eficiente.
-Sólo quiero saber si te parece que el tal Freud, en su forma de pensar, percibió que el horror que generó con su teoría se convirtió en una prueba accesoria de la verdad de su teoría.
-Debe haber pensado eso.
-¿Y estamos de acuerdo que hay cosas horrorosas para vos y para mí y en un segundo nivel hay cosas horrorosas sólo para mí? Por ejemplo, si me enfrentan con una realidad, con una verdad que juzgo inaceptable, si me dijeran algo que es verdadero pero que de ninguna manera quiero reconocer, pues me llevaría a un mundo oscuro, desconocido para mí, un mundo que me da miedo, un mundo lleno de monstruos de rostros informes.
-Aceptaría que eso te horrorizaría.
-¿Me quedo tranquilo que esto que hablamos sólo quedará entre nosotros? Verás, tengo una pésima reputación y salvo los escritores románticos, como Blake y Baudelaire, y luego Pessoa con ese libro maravilloso que conocés, el resto sólo ha dicho de mí no lo que soy, sino lo que temen. Al hablar de mí, hablan de sí, como Savonarola y Torquemada, pero ya es tarde para dedicarme a explicar esto y sólo quisiera asegurarme que no extenderé, ante oídos demasiado afectos a la "literalidad", una fama repugnante.
-Bueno, te confieso que grabé toda esta conversación y como escribo una columna semanal, me encantaría transcribirla ¿Qué podés perder?
-Lo sospechaba. Ya vi por ahí que negabas que existiera el plagio, así que veo muy coherente que mandes todo esto como una creación exclusiva tuya.
-Si no tenés objeción. Nadie me creería si estampo tu firma, no tengo más remedio que firmarla como Marcelo Marchese.
-Hacelo, a condición que pongas esta velada acusación de plagiario.
-Estamos de acuerdo.
-¿Firmamos un pacto?
Y entonces él transformó el lienzo de la protección en un bellísimo pergamino y apoyándolo en el balcón comenzó a redactar el documento, en tanto los rayos del sol que habían pintado las cúpulas y ventanales de dorado, lo teñían ahora todo de rojo.
Marcelo Marchese
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias