Maten al mensajero. Marcelo Marchese
09.04.2026
No sería un político, un académico o un artista, sino un sacerdote, quien pusiera el dedo en la llaga: la sociedad uruguaya en la que se extiende como una mancha de aceite el cáncer del suicidio, está desapareciendo, pues cada vez tenemos menos hijos.
El grado de ruina es tal, que en vez de prestarse atención al mensaje, se ataca al mensajero por su calidad de sacerdote, y quien así ataca, dice despreciar el fanatismo. La idiosincrasia de la problemática que sufrimos impide ver la problemática que sufrimos, por lo que entramos en un circulo vicioso. Así opera la debacle sexual de una sociedad.
No existe indicador más preciso acerca de la pujanza de un grupo humano que su capacidad de reproducción, ya que eso muestra las esperanzas que viven en ella. En el 2005 la tasa de fecundidad en Uruguay era de 2,0; en el 2010, 1,9; en el 2015, 1,8; en el 2020, 1,42; y en el 2025, 1,06. En el 2024 hubo 29899 nacimientos y 35936 muertes.
Alguien podría pensar que esto obedece a una problemática económica, pero ese razonamiento peregrino hace agua apenas consideramos que la baja de la natalidad es una tendencia mundial; que se manifiesta independientemente del vaivén de los ingresos familiares; y que quienes menos hijos tienen son las clases altas, amén de que son quienes más se someten a cesáreas.
La paradoja es que en un País donde cada vez se tienen menos hijos, se aprobó alegremente la ley del aborto y la ley de eutanasia, lo que de por sí es otra prueba de que no vemos el problema al que asistimos.
LA DEBACLE DE LA SEXUALIDAD
La gente suele creer que la sexualidad nunca fue más libre e intensa que en nuestra época, y para el caso, citan la revolución sexual de los 60. Esta creencia sobre la preeminencia del presente sobre el pasado es otra prueba de que la debacle sexual, por su propia lógica, impide ver la debacle sexual. Creer que los hippies con su amor libre eran más libres que los campesinos del medievo, es como creer que quien propala sus proezas sexuales a los cuatro vientos es todo un padrillo.
Si existe un testigo infalible a la hora de hablarnos del pasado, ese testigo es la palabra. Tanto en Las mil y una noches como en Gargantúa y Pantagruel, hay centenares de maneras diferentes para referirse al acto sexual y a los genitales. Shakespeare fue acusado de procaz por varios críticos posteriores, y tenemos como ejemplos destacados a Boccaccio, Catulo, Petronio y Aristófanes, pero las pruebas supremas de una sexualidad pujante son el libre uso del humor, los insultos y las ideas, y en suma, la vitalidad que caracteriza a la literatura del pasado ante la cual, nuestra literatura da pena.
Una terapéutica deviene de una enfermedad y de esa manera se explica el nacimiento de la psicoanálisis, una terapéutica que se ha sostenido más de un siglo y que es enfrentada por innumerables terapéuticas cuyo propósito es negar la importancia del sexo en los problemas psíquicos. Otra prueba de la decadencia sexual.
En aquel pasado eran bien raras la impotencia masculina y la anorgasmia femenina. Un síntoma inquietante de nuestra caída fue el llamado "Mal du siècle" en el XIX, donde tras la máscara de la melancolía se escondía la crisis del sexo.
Tenemos entonces una tendencia que se profundizó hace dos siglos pero que venía de antes, y como prueba de la antigua vitalidad, véase la bragueta que se usaba en el Renacimiento, una funda que envolvía el pene para exhibirlo en sociedad. Esta tendencia, como bien advierte el Cardenal Sturla, se ha profundizado desde que ciertos agentes, consecuencia de esta tendencia, se han convertido a su vez en causa de esta tendencia, y entre esos agentes debemos considerar al feminismo, al ambientalismo y a la vida digital.
ÁNGELES DE LA DESOLACIÓN
Para el 2026, se calcula que se destinarán para las políticas de género, entre 450 y 500 mil millones de dólares, y para la agenda verde, un aproximado de 2,3 billones de dólares. Este dinero proviene de los gobiernos, los organismos internacionales y los filántropos al estilo de Bill Gates y George George, y estas cifras no incluyen la propaganda verde que hacen la banca y las transnacionales.
Todo ese dinero cumple un rol crucial: por diferentes mecanismos, sea un cambio en las leyes y en el sistema judicial, sea por la ideología que inficionan, culpabiliza a la humanidad.
El feminismo considera una imposición patriarcal que las mujeres quieran ser madres, y argumenta que mujer no se nace, sino que se construye, como si la sexualidad fuera una tarea cultural sobre la que nada dice nuestra biología.
El ambientalismo alerta que vamos hacia el final de los tiempos, y este Armagedón es provocado por un mono asesino que se ha adueñado del planeta.
Las efectos de la culpa y el deseo son bien fáciles de establecer. Si el lector tuviera que dar la vuelta al mundo en un coche y le dieran a elegir entre dos motores, uno llamado "culpa" y el otro llamado "deseo" ¿cuál elegiría?
Sumemos a la obra de los ángeles de la desolación, la nueva normalidad de un hombre encerrado en su covacha que se alimenta por Pedidos Ya, se comunica por las redes sociales y se viste por Temu. Este hombre de la nueva normalidad está bombardeado por páginas de machos estoicos según las cuáles, para conquistar a una mujer hay que fajarla a latigazos, y si ninguna le da bola, mejor, ya que la suprema felicidad, como afirman Schopenhauer, Dostoievski y otros, es la del hombre que está solo pues los demás son unos pelmazos.
No olvidemos, por último, las "violaciones en manada" que a la postre nunca fueron violaciones en manada, el dudoso caso Penadés, los ubicuos Archivos Epstein y las eternas noticias sobre robos, asesinatos, torturas, guerras y maldades humanas de toda laya.
Al cierre de su mensaje, Daniel Sturla habló de una elección que tenemos ante nosotros: o una vida de éxitos materiales inmediatos, o una vida de amor. Fíjese el lector en qué países se tienen más hijos y verá que no es precisamente en los países donde abunda la laicidad. Uso la palabra "laicidad" con toda intención, pues se afirma que lo laico es aséptico y ajeno a toda fe, y sin embargo, el laico sólo sustituye una fe por otra, sólo que la nueva fe es la ciencia, por lo que, según el concepto de laicidad vigente en nuestra educación, un profesor puede dar sus visión siempre y cuando la fundamente científicamente, y nuestros gobiernos, a la hora de los cargos o las consultas, acuden a los técnicos y los científicos, por lo que siempre hay una fe que viene a llenar la damajuana.
La razón de toda especie es reproducirse, ya que somos lo que seremos y toda criatura da la vida por sus hijos. Como dice el Dante, es el amor quien mueve al hombre, al sol y a las demás estrellas. Jamás la humanidad vivió una crisis como ésta, mientras surcan nuestro cielo los ángeles de la desolación. Como dije al principio, no sería un político, un académico o un artista, sino un sacerdote, quien nos dijera que el amor, el dulce amor, se encuentra ante el abismo ¿Qué es lo que molesta? ¿Que sea un sacerdote el que avise del peligro, o el mensaje que nos interroga?
Me despido del lector recordándole que los reyes sabios, premiaban al mensajero; los necios, lo decapitaban.
Marcelo Marchese
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias