Pensar en grande

Mónica Xavier

21.12.2015

La fortaleza de la izquierda está en su credibilidad. No lo olvidemos. Así queda avalado por más de una década de gobierno en que se ha cumplido rigurosamente con los Programas de Gobierno propuestos. Con ellos logramos crecer, distribuir, asegurar derechos. Y, ahora, vuelve a cumplirse, a través de un presupuesto incremental – recién aprobado – al desafiar tiempos que presentan complejidades también incrementadas.

Así ganamos la confianza de la gente. Hoy estamos en el medio de un debate por ANCAP. De la oposición ya sabemos que va a dar en esa herradura hasta gastarla. Nada nuevo. Pero, ¿riñas entre compañeros? No podemos volver a caer en ese error. No podemos saltarnos la fraternidad ni perdernos en luchas fratricidas. Pisamos el palito de una oposición corporativa que ataca nuestra arma más poderosa: unidad.

De la comisión investigadora, votada por nuestra bancada parlamentaria, culminada el pasado viernes 18-12-15, no surgen elementos de apariencia delictiva. Sin embargo, desde antes de arrancar con el trabajo de la comisión - la oposición - ya tenía resuelto llevar el tema a la Justicia. Amputan la política al judicializarla: intentan dirimir ante los tribunales controversias específicamente políticas.

Su mayor argumento: haber tenido la capacidad de instalar ante la opinión pública la sensación de desaguisado total en torno a una empresa estatal, la cual - paradójicamente -  integraron sus directorios y acompañaron la mayoría de sus decisiones, durante los últimos años. 

Gobernar obliga a la mirada estratégica y también a alentar a la sociedad a la consecución de las metas nacionales. Gobernar obliga a rendir cuentas: asumir responsabilidades y reconocer errores no es ningún demérito. Por el contrario, humaniza. Pasarnos facturas nos enloda. Si no terminamos de aprender esto, se complica.

En la oposición se han transformado en expertos tituladores. Saben que discutir gestión desde los hechos no les conviene. Sin dudas es más complicado que desde los titulares de los medios que los auspician.

Desde allí despliegan sus artillerías los nuevos adalides de un guión que se estrenó en los 70¨s.  Vociferan sobre todo cuanto sume al desprestigio de las empresas públicas. Esgrimen un argumento demagógico por irresponsable: vendan todo el patrimonio estatal y, por arte de magia, luz, combustible, agua, comunicaciones serán ofrecidas a tarifas irrisorias y a niveles de calidad extraordinarios. Esto es lo que proponen los mismos que cuando fueron gobierno fundieron el país. Es una receta que de nueva no tiene nada. Un fiasco.

El presidente, Tabaré Vázquez, volvió a recordar - hace pocos días - a la oposición, que éstos "no son tiempos para pensar en las próximas elecciones sino para trabajar para las futuras generaciones". Y pegó en el clavo. No son tiempos para juego de tronos.

En la columna pasada escribí sobre Seregni, sobre su dimensión política, y sobre su convicción para fundar nuestra fuerza política - en los tiempos más duros - que se ha transformado en la izquierda más grande de Latinoamérica. Siempre con la mirada puesta en la gente.

Debemos mantenernos enfocados en el camino que marca nuestro sentido histórico. No le podemos errar. Ni perdernos en devaneos que nada bueno dejarán ni a la fuerza política ni al país. Tenemos que "pensar en grande".

Mónica Xavier
2015-12-21T21:10:00

Dra. Mónica Xavier.

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