NOL$ALP. Danilo Arbilla
24.04.2026
La prioridad de todo presidente autoritario o dictador es cero libertad de prensa. Fidel -categoría totalitario- decía ¿por qué gastar divisas en papel para que escriban en contra de la revolución? Y así acabó con el periodismo independiente y opositor y la libertad de prensa. Fue sincero. Y además, nunca llamó a elecciones: ¿para qué perder tiempo y gastar en ellas?
El nicaragüense Ortega a lo ordinario nomás desterró a periodistas y puso fin a la prensa no adicta. El salvadoreño Bukele tan solo ha sido un poco más elegante y moderado. El mejicano AMLO, todas las mañanas se desayunaba denostando a la prensa. Hugo Chávez por radio y TV insultaba medios y periodistas y le gustaba en actos públicos identificar a éstos con nombre y apellido y apuntarle con dedo acusatorio; también reclamaba que jueces obedientes a él hicieran lo suyo. El argentino Néstor Kirchner hacía cosas parecidas, y su esposa Cristina Fernández aparentemente lo superaba: "esa vieja es peor que el tuerto", opinaba José Mujica.
El colombiano Petro, más o menos lo mismo, pero sin mucha trascendencia. Al requerido expresidente del Ecuador Rafael Correa se le contabilizaron ciento cuatro insultos diferentes utilizados contra la prensa y los periodistas.
Lula, el brasileño, liberado por cuestiones formales -plazos y expedientes traspapelados- decía siendo dirigente sindical que en Brasil cuando un pobre roba una gallina lo llevan preso, pero si el que roba es un político lo nombran ministro. A él le ha ido y le va yendo mejor, pero viene en baja. Cierto que no ha sido tan duro contra los periodistas. El estadounidense Trump, en cambio, afirma que los periodistas somos unos vagos y unos estúpidos y se jacta de que en los EEUU lo que más aman los periodistas es odiar a Donald Trump. De puro pedante que es: él sostiene -incluso en un libro- que se apoyó en esas dos características de nos adornan -holgazanería y estupidez- para hacerse conocer en toda la nación y llegar a la presidencia. Hacía cualquier declaración escandalosa que sirviera para el gran titular y así, -contó- se ganaba las primeras planas y los informativos centrales. Después, agrandado, usaba las redes, incluso la propia, para decir, anunciar y amenazar a gusto y gana urbi et orbi. Si se limitara solo a eso, sería lo mejor que podría pasar.
Pero ninguno tan original como el argentino Javier Milei un producto o mala herencia del kirchnerismo.
Cuando ataca a periodistas y lo hace a menudo en X, lo anuncia con la sigla NOL$ALP (No odiamos lo suficiente a los periodistas). Acaba de clausurar la sala de prensa de Casa Rosada, y hace unos días arremetió contra el analista de temas económico-políticos Carlos Pagni. A Milei le está yendo mal en las encuestas. En los últimos tres años Pagni ha sido reconocido como el periodista más influyente y respetado por los argentinos según la consultora Poliarquía.
Los presidentes no deberían hablar tanto. Están limitados en su libertad de expresión, hablan en nombre de todo el país. Los ciudadanos le delegan poderes y conceden privilegios de los que no goza el resto, pero con límites. Como pasa con jueces, fiscales, militares o policías. La libertad de expresión es patrimonio de los ciudadanos. De todos y cada uno de ellos; un derecho que no deben ni pueden delegar.
Por suerte en Uruguay el presidente Orsi no es del tipo reseñado, aquí esas cosas no pasan. Insisto: qué lástima que haya ido a juntarse con esa otra gente.
Danilo Arbilla
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias