Nuestro compromiso con la ciencia y la innovación como pilares del desarrollo sostenible. Diego Romaniello
26.08.2025
Durante esta semana, se está llevando adelante en Uruguay una iniciativa sin precedentes, que sitúa a la ciencia, la educación y el conocimiento como ejes vertebradores para la comprensión de nuestro ecosistema y, por ende, del futuro del país.
Se trata de un esfuerzo impulsado por la academia, que el sistema político tiene la responsabilidad ética y estratégica de acompañar, respaldar y proyectar.
Uruguay Sub 200, una propuesta que emerge en un mes de profunda carga simbólica e histórica como agosto que trasciende las diferencias partidarias y nos interpela colectivamente a repensar el lugar que ocupan la ciencia y la tecnología en nuestra visión de desarrollo nacional y departamental. Esta iniciativa no sólo promueve la investigación científica de alta calidad, sino que también instala en la agenda pública una discusión impostergable sobre las prioridades que orientarán la construcción del próximo Presupuesto Nacional.
En este sentido, es imprescindible que, desde las administraciones departamentales, y particularmente desde los órganos legislativos, asumamos una concepción integral de nuestro rol institucional. La Junta Departamental no puede limitarse a funciones procedimentales o simbólicas; debe constituirse en un actor político que contribuya activamente a la promoción del conocimiento, el pensamiento crítico y la investigación científica como bienes públicos estratégicos.
Vivimos tiempos atravesados por la fragmentación, la polarización y el descreimiento en los valores colectivos. En este contexto, iniciativas como Uruguay Sub 200 no sólo representan un avance académico y científico, sino también una oportunidad para recuperar el sentido de lo común. Defender la ciencia, la educación y la investigación como causas transversales, capaces de articular consensos amplios por fuera de las filiaciones políticas, religiosas o ideológicas, es un imperativo democrático.
Ahora bien, este compromiso no puede quedar anclado en lo discursivo. Para que tenga capacidad de transformación real, debe apoyarse en tres pilares fundamentales:
? Financiamiento sostenido y estratégico: La ciencia y la tecnología requieren planificación, continuidad y recursos. No es posible proyectar un país que innove, investigue y se posicione regionalmente sin una inversión sostenida que garantice la autonomía de nuestros centros de investigación y la consolidación de políticas públicas basadas en evidencia.
? . Integración regional del conocimiento: Este proyecto fortalece nuestra inserción en la región a través de la articulación de la UdelaR con las principales instituciones científicas del Cono Sur. En un mundo donde resurgen discursos y prácticas neocoloniales, defender a nuestros investigadores y su capacidad de generar conocimiento desde el sur global es un acto de soberanía intelectual y compromiso ético.
? Democratización del acceso al conocimiento y a la tecnología: Uruguay ha sido históricamente vanguardia en la expansión de derechos. El acceso universal a la tecnología como herramienta educativa debe consolidarse como un derecho fundamental. Iniciativas como el Plan Ceibal plantaron la semilla de una transformación que hoy se materializa en jóvenes científicos y científicas que, habiendo crecido en ese ecosistema de oportunidades, lideran hoy proyectos de enorme valor para el país. Nuestro deber es asegurar que esos sueños no queden en utopías, sino que cuenten con el respaldo político y social necesario para convertirse en realidades transformadoras.
Hoy, nuestra bancada departamental ha aprobado la declaración de interés departamental para el proyecto Uruguay Sub 200, reconociendo su trascendencia científica, educativa y estratégica. No obstante, sabemos que este gesto institucional no debe agotarse en el plano formal. Nuestro compromiso debe ser tangible, operativo y sostenido. Acompañar a quienes dedican su vida al conocimiento, a la innovación y a la investigación no es sólo una expresión de justicia, es una apuesta al porvenir del país. Uruguay tiene en su historia ejemplos paradigmáticos de coraje intelectual, de compromiso con la educación pública y de inversión en el pensamiento crítico. Hoy nos corresponde estar a la altura de ese legado, proyectarlo hacia el futuro y, sobre todo, actuar con la convicción de que sin ciencia no hay desarrollo, sin educación no hay democracia, y sin tecnología no hay soberanía
Diego Romaniello. Edil Departamental por Compromiso 711 - Frente Amplio y Presidente de la Comisión de Cultura de la Junta Departamental de Montevideo
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