Nueva edición del festival de cine MONFIC. "Las 7 balas" abrió la programación. Andrés Vartabedian
09.10.2026
Por primera vez en más de 20 ediciones, el Festival Internacional de Cine de Montevideo (MONFIC) se inauguró con una película uruguaya: Las 7 balas, de Sebastián Pérez Pérez. El acontecimiento nos reunió nuevamente para celebrar el cine en su lugar por antonomasia: la sala. Una vez más, invita Movie.
Se trata de la edición número 22 de este festival ya afincado en la cartelera montevideana en cada octubre. En la oportunidad, se llevará a cabo entre el 8 y el 14 de octubre. Como es habitual, este MONFIC 2026 concentra en una semana un buen número de producciones -este año son 19 las películas seleccionadas- de diversas procedencias y géneros. Para esta ocasión, la organización señala dos denominadores comunes entre ellas: por un lado, la calidad; por otro, el ancla regional.
A saber: seis de los diecinueve filmes tienen como origen el Río de la Plata; varios son coproducciones. En esa línea, la trascendencia otorgada a este bloque lo marca la presencia de dos largometrajes uruguayos como función de apertura y función de clausura del festival. Como se señala en el copete de esta nota, el lanzamiento estuvo a cargo de Las 7 balas, dirigida por Sebastián Pérez Pérez, mientras que el cierre correrá por cuenta de Carne, ópera prima de Tomás Marichal Urban; dos filmes de género por otra parte (afortunadamente, un fénomeno en crecimiento en nuestro país). Entre los restantes, dos de ellos presentan, además, actuaciones estelares de César Troncoso: La casa, a cargo de Gustavo Triviño, y La mujer del río, de Néstor Mazzini. A estos se suman Escondida en mi cabeza, dirigida por Lucas Vivo y protagonizada por Nicolás Furtado y Papeles, de Arturo Montenegro, una historia vinculada al escándalo mundial de los Papeles de Panamá.
En materia de filmes que ya llegan con cierto respaldo crítico y el reconocimiento de importantes festivales internacionales, encontramos, desde Europa, a Minotauro (Minotaur), Gran Premio del Jurado en la última edición del Festival de Cannes, dirigida por el multipremiado ruso Andrey Zvyagintsev (Sin amor, Leviatán, Elena, El regreso); Tierra de mi padre (Fatherland), a cargo del notable polaco amante del blanco y negro Pawel Pawlikowski (Guerra Fría, Ida, Mi verano de amor), lauro a Mejor Dirección también en Cannes; La bola negra, empate a Mejor Dirección en el prestigioso certamen y Premio de la Audiencia tanto en Toronto como en San Sebastián, de Javier Ambrossi y Javier Calvo (segundo largometraje luego de La llamada y varias series exitosas para televisión); La chica de Colonia (Köln 75), con dirección de Ido Fluk, seleccionada en la sección Gala Especial del Festival de Berlín 2025; Una quinta en Portugal (Una quinta portuguesa), de Avelina Prat, nominada a los Goya 2026 en las categorías Mejor Guion Original y Mejor Actor; mientras que el bloque lo completa la animación El gran viaje (Dandelion's Odyssey), ganadora del Premio FIPRESCI (premio de la prensa cinematográfica) también en el Cannes más reciente, a cargo de la japonesa Momoko Seto, su debut en el largometraje.
El panorama de filmes a estrenar se compone asimismo por La negociación (Dead Man's Wire), del veterano, polifacético y polémico Gus Van Sant (Tierra prometida, Milk, Elefante, En busca del destino, Mi mundo privado) y Yo soy Rocky (I Play Rocky), a cargo de Peter Farrelly (el director de la oscarizada Green Book), provenientes de Estados Unidos; mientras que desde el continente asiático llegarán Hope: el primer impacto (Hope), dirigida por el surcoreano Na Hong-jin, candidata a la Palma de Oro en Cannes, y Un fantasma a su servicio (A Useful Ghost), de la mano del tailandés Ratchapoom Boonbunchachoke, filme ganador de la Semana de la Crítica en Cannes, este año, y galardonado con el premio a Mejor Guion y a Director Revelación en el Festival de Cine de Sitges 2025, el primer festival de cine fantástico del mundo y uno de los eventos cinematográficos más importantes del continente europeo, desarrollado en Cataluña.
Con proyecciones en las salas Movie del Montevideo Shopping Center, el MONFIC, desde su primera edición allá por 2002, ha exhibido más de 800 títulos de todo el mundo para más de 100.000 espectadores. Como suele suceder, una vez más combinará producciones independientes y cine de autor con grandes nombres más vinculados al mainstream internacional, realizaciones muy recientes junto a homenajes y celebraciones. En la ocasión, estas se harán eco de esos aniversarios a los que solemos denominar "redondos", lo que será una gran oportunidad para el repaso de títulos valiosos en pantalla grande, algo que ya representa un valor en sí mismo. Los elegidos para este particular capítulo del festival 2026 son: Cuenta conmigo (Stand by me), de Rob Reiner, en su 40° aniversario (oportunidad para recordar también a River Phoenix, un adolescente por ese entonces), la apabullante Trainspotting (Mejor Guion Adaptado en los BAFTA de 1996, los premios de la Academia Británica), ya transformada en un clásico del afamado Danny Boyle, en su cumpleaños número 30, y la más reciente La la land, el musical de Damien Chazelle (Óscar y Globo de Oro a Mejor Dirección, Globo de Oro a Mejor Película Comedia o Musical, BAFTA a Mejor Película, entre otros reconocimientos) que está cumpliendo 10 años de vida.
Recordando algo que apuntaba en 2025 Henry Segura desde la organización del festival, el sentido de un acontecimiento como este en tiempos de sobreabundancia audiovisual continúa siendo el de preservar la experiencia única de ver cine en una sala y el de valorar la calidad de la creación artística. En un contexto dominado por la dispersión del consumo cultural y por las pantallas pequeñas, el MONFIC defiende la vivencia cinematográfica colectiva, el poder del sonido envolvente y la "tiranía" de la pantalla grande como espacios insoslayables e insustituibles para la emoción y la reflexión crítica. No es poca cosa.
Afortunadamente, la programación del festival continúa siendo amplia y global. En su sitio web se puede hallar el detalle de todas las funciones.
"Las 7 balas": siempre pierden los mismos

En una Montevideo preelectoral, el copamiento de un bar ubicado frente al banco más importante del país -un monumental y señero edificio que dice mucho acerca de su importancia y antigüedad- alterará grandemente el funcionamiento habitual de la ciudad y movilizará a policías, políticos y periodistas de un modo infrecuente; el acontecimiento lo amerita. Tres "menores" lo han tomado y reclaman 100.000 dólares para desalojarlo y liberar a los rehenes. El bar, un bar pequeño de hecho y sin mayor valor aparente que el de conservar cierta sustancia de una época ya perimida, con un valor casi testimonial, de memoria, no parece ser un fin en sí mismo.
En caso de no recibir el dinero en pocas horas, los delincuentes volarán el bar, y junto con él buena parte de la manzana y el entorno; poseen una cantidad de dinamita casi desproporcionada. Pocas semanas antes un predio del Ejército había sido asaltado y una cantidad importante de explosivos había sido sustraída de sus instalaciones. Ambos hechos parecen estar vinculados. La tensión dentro y fuera del recinto crecerá en forma constante. Los muchachos, por su parte, no se muestran muy experimentados en atracos de esta índole.
Hasta aquí todo asoma bastante clásico y previsible. Sin embargo, a medida que avance el relato y la trama logre ir mostrando todos sus hilos, entenderemos los entretelones de una dinámica que parece conducir a ninguna parte y descubriremos a los titiriteros detrás de estos jóvenes-muñecos que funcionan básicamente de cebo y engañapichanga.
Estos adolescentes delincuentes, como suele suceder, son pobres. Cada uno carga sobre sí el pesado fardo de una infancia con carencias, progenitores de una u otra forma ausentes, un hábitat con escasos o malos servicios, cierta paternidad prematura, puertas laborales cerradas por falta de experiencia, ausencia de oportunidades (en este sentido, el planteo de Pérez Pérez, aun mostrando una notoria sensibilidad social, no logra sortear lo más consabido y elemental, se presenta carente de matices, estereotípico, flaco, un cliché que ni siquiera culmina logrando su finalidad última: nuestra compasión o empatía, nuestro entendimiento de sus decisiones; una búsqueda que no es suficiente para ubicarnos definitivamente de su lado). El deseo de dinero "fácil" y la cercana presencia de quienes pueden facilitarlo por una vía "rápida", harán el resto. Lamentablemente para estos niños, el crimen no pagará y los acontecimientos se precipitarán en franca bajada. La bola de nieve crecerá incesantemente a medida que descienda y no se detendrá hasta estallar contra el muro de lo irremediable.
La historia del copamiento, sus consecuencias, y los retazos de vida de Tato (Salvador Gaetán, de exquisita labor), Quique y Jhonny (Gastón Gard y Gabriel Villanueva, muy a tono con sus personajes) se contará a través del estruendo de las siete balas del título; siete balazos que estremecerán el relato y harán las veces de divisores, cual marcadores de capítulos. Afortunada resulta la decisión de Pérez Pérez de fragmentar este drama en tono de thriller en una serie de momentos que no respetan la linealidad cronológica. Ello nos permitirá entender que su preocupación está puesta menos en el thriller policíaco que en el drama del que deriva y en el que devendrá, con una notoria preocupación social y un indudable cariño por sus personajes más vulnerables.
Sebastián Pérez Pérez (Montevideo, 1981; Kamikaze es su largometraje anterior), también guionista, productor y editor de Las 7 balas, asume riesgos y apuesta por el cine de género, y ello es algo que se celebra por lo infrecuente en nuestro país (afortunadamente, otros comienzan a su vez a animarse). Maneja con buen pulso la tensión y nos mantiene pendientes de sus movimientos y vueltas de tuerca de principio a fin. A ello le suma una fotografía precisa -que no preciosista-, cuidada, ciertos guiños de humor que funcionan de buena manera y un diseño de producción logrado y muy eficaz, que se las ingenia para disimular de forma creativa los habituales presupuestos acotados con los que deben lidiar nuestros realizadores.
En Las 7 balas, Pérez Pérez no solo pretende ofrecernos entretenimiento; aunque -entiendo- sin el énfasis o el desarrollo requeridos, también efectúa apuntes contra el periodismo carroñero y sensacionalista, que parece deshumanizar a los sujetos sobre los que pone el foco y con ello deshumanizarnos como espectadores, al igual que contra diversas instituciones que han sido contaminadas por la corrupción y carcomidas por dentro. Y nos dice con énfasis que detrás del acontecimiento delictivo hay vulnerabilidades sociales explotadas. Debemos estar atentos, ya que muchas de las "mentes brillantes" detrás de los planes maestros del delito pueden ser los mismos que definen las políticas públicas que "pretenden" atender esas mismas debilidades. En este sistema, la inseguridad puede resultar muy funcional a su sostenimiento. Lamentablemente, la carne de cañón continúa siendo la misma.
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Ficha técnica
Título original: Las 7 balas
Uruguay/Argentina, 2025, 93 min.
Dirección: Sebastián Pérez Pérez
Producción: Sebastián Pérez Pérez, Ignacio García Cucucovich
Guion: Sebastián Pérez Pérez
Fotografía: Mauricio Acosta, Fermín Torres
Edición: Sebastián Pérez Pérez
Elenco: Salvador Gaetán (Tato), Gastón Gard (Quique), Gabriel Villanueva (Jhonny), Paula Silva (Claudia), Robert Moré (Yuri), Eli Almic (Marta)
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