Otra vez de moda... el fascismo (2). Juan Pedro Ciganda
30.06.2026
Malestares transitorios - sorpresivos - junto a novedades que preferiría no haber recibido, sumados - ambos - a los resultados electorales colombianos y peruanos y algún resfrío espiritual consecuencia de los tres factores antes enumerados, me hicieron demorar un tantìn en gestar este segundo epitome. Se lo debía, por lo menos, a Claudia y a Héctor que dejaron en Facebook preguntas concretas en relación con el aporte de hace un mes.
Vamos, pues, a algunas ratificaciones y proposiciones.
En el lugar uno de la tabla tiene que concurrir la ratificación a pleno - que la vida misma se esta encargando de decirnos en voz tan alta como para sordos - que el fascismo del siglo veintiuno está en plena marcha sobre la faz de la tierra, arrasando con todo aquello que tiene delante.
En estos tiempos lo hace en nombre de la libertad, de la seguridad, de Occidente, de la civilización judeo cristiana, de la herencia cultural greco romana e, incluso, de la seguridad nacional...de Estados Unidos y algunos amigos íntimos, así como de América, que debe ser siempre propiedad de los americanos... del norte.
Una segunda reafirmación: es una tontería calificar de fascista a todo otro ser humano que, por sus ideas, su incapacidad, su brutalidad, su analfabetismo funcional, nos desagrada o genera choque de insultos en la vía pública o en una final de la liga de básquet. Es zoncera porque lo que hace es quitarle entidad al término y lograr que quede igualado con calificativos de la ralea de "imbécil", "viejo reaccionario", "hijo de mala madre" y otras preciosidades similares.
No. Fascismo y fascista no son palabras para usar livianamente.
Más allá del detalle de aplicar tal sustantivo a la experiencia alemana de los años treinta y cuarenta, de la italiana de la misma época, de la española de esos tiempos - a la que algunos historiadores bendijeron y lavaron, afirmando que el fascismo se había terminado en 1945- , de la experiencia sufrida por los pueblos del barrio - Chile, Argentina, Uruguay - en los años setenta y ochenta (con patrocinio norteamericano pero entusiasmo civil y militar local para beneficiarse con los resultados materiales del entuerto) lo más relevante es observar como el siglo veinte vio el parto y la continuidad de ese fenómeno político, social, cultural y económico.
Por fuera de los cientistas sociales que entienden que este presente y aparente "cambio de época" no da lugar a la vigencia de "esencialismos", entiendo que lo enseñado por la experiencia - precisamente - es la tozuda vigencia de fenómenos constitutivos del modo de producción que - hasta nuevo aviso- tiene hegemonía en el planeta Tierra: el capitalismo, la economía de mercado, el sistema de "los hombres libres", que vive y lucha en Uruguay, Estados Unidos, China, Italia, Argentina, Francia, Vietnam y siguen firmas...
La bondad superlativa del sistema en cuestión, esa si esencial, está en el logro de la mejor tasa de rentabilidad. El problema es que cuando la referida tasa se viene a pique - como ocurre desde los años setenta del pasado siglo- y el mejor resultado económico está en dos rubros... hay que dedicarse a laborar en esas área atractivas por excelencia.
Los dos rubros estrella de la economía de mercado son la fabricación y venta de armas y el tráfico de drogas y personas. No hay nada que de mas beneficios.
Uno de los dos pinta ilegal o inmoral, pero se dice que no hay que pecar de super exigente. Se trata de rentabilidad no de concursos de belleza o de coros infantiles. Así está la cosa. Para demasiadas gentes, así está la cosa.
Y también es así como funciona la perseverante e incansable marcha de la locura bélica desatada en estos primeros veintipico de años del siglo XXI para borrar con bombardeos todo el derecho internacional y los pactos que dieron un cierto orden civilizado a la convivencia terrícola (sin exagerar), luego de terminada la segunda guerra mundial en 1945.
Por todo ello es perezoso hablar de la demencia de Trump. Lo que si funciona y sin desequilibrio mental alguno es el complejo industrial bélico que, si no tiene un Donald, lo busca hasta encontrarlo. Sea Mickey, Benjamín o Pluto.
La tercera ratificación es que esa búsqueda de rentabilidad para la que el fascismo es un modo de acción, una solución violenta de problemas - como lo ha sido históricamente- funciona en la vida real con protagonistas que lideran esos procesos pero que solamente nacen en la medida que haya sociedades en condición de darles vida, de parirlos, justificarlos y empoderarlos.
Así fue con personajes funestos como Hitler, Mussolini o Franco, como los dictadores de la "seguridad nacional" en el Cono Sur, con los contemporáneos de las extremas derechas 2.0 como se les denomina también.
En 1933 el voto ciudadano de los alemanes respaldo al nazi. Luego este no rindió cuentas democráticas. En el 2026 hay funcionamiento de democracias acorraladas que nos dirán que piensan las sociedades estadounidense y brasileña, por ejemplo.
Los ejemplos chileno, colombiano y peruano nos muestran que esas comunidades eligen gente de las virulentas derechas. ¿Estamos ante el fascismo? No es serio afirmarlo hoy. Es temprano para aseverarlo. Es tarde para no preocuparse.
Ahí viene una respuesta posible a la pregunta de Claudia cuando planteaba con mucha sencillez y agudeza: "¿y entonces...?"
Entonces por lo menos habría que atender a tres asuntos:
1) En estos lares sudamericanos se ha observado como las expresiones de derecha o ultraderecha elegidas en comicios han sido sucesoras de gobiernos de izquierda, progresistas o similares. Estos gobiernos, por razones diversas no han logrado la ratificación de confianza que aguardaban. En el muestrario de este siglo se ha apreciado como la falta de realizaciones, la corrupción - a veces-, la retorica no acompañada de hechos, son algunos de los argumentos que aparecen como posible explicación de esas derrotas de voces alternativas y los retornos al conservadurismo (en el mejor caso) y a las derechas mas peligrosas (en el peor).
2) En el Uruguay en el que contamos con un gobierno de izquierda hay que contestarnos si seguimos atendiendo en serio al mundo o pensamos que somos el ombligo del mismo y que nuestra excepcionalidad nos salvará. Si así fuera podemos seguir con el nivel de cloaca o de trivialidad de algunas polémicas. Si así no fuera, deberíamos pensar (en especial quienes mas responsabilidades tienen) sin dar muestras de indigencia cognitiva.
3) En Uruguay todos los partidos y organizaciones democráticas tienen para aportar a una respuesta colectiva frente a los temas que nos angustian o preocupan. No hay enemigos entre quienes pensamos diferente. Hay adversarios. Al menos para mi los enemigos son los que están dispuestos a quebrar la democracia y sus pactos esenciales. Los delincuentes, los corruptos - sin importar que traje o divisa usan -deben rendir cuentas ante la Justicia. Sin excepciones.
El resto puede ser lo de menos.
A veces, el resto es silencio.
Juan Pedro Ciganda
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias