Otra vez de moda... el fascismo. Juan Pedro Ciganda
12.05.2026
Hace unos días -en un seminario en la UBA- participé en un interesante intercambio sobre el tema del título. El evento atañe a un curso sobre "El fascismo del siglo XXI" y me parece del mayor interés en los tiempos y días que estamos viviendo.
El asunto, en definitiva, es saber si el propio título del seminario instala una hipótesis plausible - hay fascismo en el siglo XXI - o, en todo caso, si nos incentiva precisamente a argumentar sobre dicho supuesto para demostrar su falta de vigencia o tendencia al anacronismo.
Estimo que la realidad de la hora, con la guerra como contexto inevitable para todo razonamiento, los más de cincuenta conflictos en marcha a la fecha sobre la faz de la tierra, con la presencia "estrella" de Rusia/Ucrania, genocidio israelí en Gaza, confrontación EEUU- Israel / Irán, obliga a todo esfuerzo de investigacion en ciencias sociales e históricas, a replantearse preguntas que circularon sin grandes acuerdos en el siglo pasado, con relación al fascismo como fenómeno y como eventual categoría inseparable del modo de producción capitalista.
Creo que las dos primeras sendas a descartar en la materia son la "calificación" despectiva o vulgar que atribuye el carácter de "fascista" (o "facho" o similares) a todo aquel que no es otra cosa que un ser humano o una institución reaccionaria, racista, conservadora. La utilización del término como forma de agredir o criticar severamente, como adjetivo, tiene el efecto seguramente no querido pero peligroso de quitarle entidad sustantiva al mismo.
Un segundo camino equivocado entiendo que pasa por el criterio que historiadores asumieron al afirmar que el fascismo había sido derrotado y desaparecido en 1945. Dejando de lado que tal forma de pensar le hacìa una caricia - entre otros beneficiarios - a la España franquista, que aparentemente nada había tenido que ver con la segunda guerra mundial y que podía ser un vecino amable en la posguerra.
Mas simplista aún era, precisamente, identificar al fascismo con el fenómeno de entreguerras, con los que hacían el saludo romano, cantaban "Giovinezza" (o "De cara al sol") o con las personalidades de Mussolini o Hitler, con cuya muerte se habría acabado la rabia. Como en el entuerto del perro.
El asunto se discutió en serio en los años setenta y ochenta al buscar calificar las dictaduras de la seguridad nacional que arrasaron con toda institución democrática en Brasil (1964), Argentina (1966 y 1976). Bolivia (1971, Uruguay y Chile (1973).
Las atendibles y serias discusiones entre - a título de ejemplo - Atilio Boròn y Agustin Cueva ubicaban los desencuentros en un ámbito riguroso para valorar esos regímenes, que asolaron estos lares, con el patrocinio de EEUU, el terrorismo de Estado como instrumento para borrar toda resistencia y la aplicación de políticas económicas que fueron el ensayo de lo que ocurriría a nivel general a partir del llamado "Consenso de Washington" en los años noventa.
Estimo que a la fecha "por ahí van los tiros".
Acaso tomando en cuenta el razonamiento de Edward H. Carr que en los primeros años sesenta decía que era fácil demonizar a Stalin, Hitler, Mc Carthy y otras personalidades, pero que era más serio y científico tratar de entender cuáles fueron las sociedades que los parieron.
Hitler fue hasta ridículo en 1923, cuando con algunos amigos y compañeros de causa pensaba en un golpe de estado en una cervecería de Munich. Lo llevaron preso, acaso le dieron alguna cachetada y tuvo tiempo libre en prisión para escribir "Mi lucha". Pero no dejaba de ser un factor descartable en la política de la república de Weimar.
Diez años después era el Canciller alemán, con el respaldo del voto popular, el que montaba la provocación del incendio del Reichstag para empezar a eliminar enemigos comunistas, judíos, gitanos y gente de esa "ralea" e inauguraba rápidamente los primeros campos de concentración para resistentes, a la vez que impulsaba y habilitaba una industrialización importante para grandes capitales alemanes, estadounidenses, banqueros sin nacionalidad, muy en particular en torno a la fabricación de armamento. Sin duda un buen prólogo para llegar bien preparados a 1939.
El ridículo caracteriza sin duda por muchas razones a Donald Trump, a Jair Bolsonaro, a Kast, a Milei. Todo ello importa menos que el momento histórico y las sociedades y los intereses que les han dado la bienvenida con voto ciudadano incluido.
Entonces acaso sea preciso revisar si algunos conceptos emitidos por Dimitrov en 1935 no pueden y deben ser analizados, con criterio histórico, en estos tiempos.
De memoria lo cito en cuanto concebía al fascismo como una dictadura terrorista de los elementos más reaccionarios, más imperialistas, más chovinistas del capital...
¿No es buena cosa asociar dicha definición muy general con la observación de la crisis financiera de las sub prime del 2008, que el capitalismo resolvió socializando las pérdidas y salvando a los bancos?
¿No puede ser saludable hilvanar esa crisis con las impotencias de países europeos - con gobiernos de diverso signo - para atender realmente los problemas de la gente en sus necesidades básicas?
¿No es posible asociar la baja de la tasa de rentabilidad de todo el sistema verificada a partir de los años setenta del siglo pasado con la necesidad sistémica de fortalecer la actividad de mejor tasa de ganancia a la fecha que es la fabricación y el comercio de armas a nivel del mundo, con sede preferencial en EEUU?
Estas reflexiones no me distancian de los líos uruguayos, mercosurianos, latinoamericanos de hoy, sino que pienso que tienden a - precisamente - mirar estos asuntos bien concretos de hoy en un contexto adecuado.
Una vez Mafalda señalaba que el campo...es una cosa verde que queda lejos.
El fascismo de hoy queda cerca. Tiene hoy plena vigencia y ella podría - no necesariamente- guiar nuestras neuronas a observar más el monte y menos el arbolito.
Aunque he hecho unas cuantas cosas en mi ya larga antigüedad en el cargo de estar vivo, fui esencialmente marcado por la experiencia vital que me dio participar en el movimiento sindical.
Y afirmo que un tipo que ande en ese trillo puede hacer muchas cosas mal y una cantidad igual bien. Pero lo que nunca puede perder de vista, más allá de estados de ánimo, indignaciones, calenturas...es saber cuál es la relación de fuerzas al tiempo de tomar decisiones.
En términos deportivos - tan afines a mi gusto y la de algunos miles de orientales - no es lo mismo saber que la semana que viene vamos a jugar contra un club de los llamados chicos en el Campeón del Siglo, que estar notificados que lo que nos toca es enfrentar al Manchester City en su cancha.
Eso, en términos prácticos, es tratar de mirar en serio lo que se puede llamar correlación de fuerzas. No sé si me explico.
La seguimos.
Juan Pedro Ciganda
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias