Otros apuntes sobre la derrota de la izquierda chilena. Carlos Pérez Pereira
13.01.2026
Cierto sector de la izquierda, en sus análisis planos de la derrota de la izquierda en Chile, comete, además de un lamentable olvido, una injusticia flagrante con miles de militantes, víctimas del pinochetismo.
Se acusa a la actual izquierda, mutada en "progresismo" (término que para algunos se ha vuelto peyorativo), de permitir el desempeño libre de los poderes reales de la sociedad chilena, en vez de disputarlo. (¡Qué fácil es opinar, desde afuera y sentado frente al televisor escuchando las noticias!) Olvidan (quizás por la juventud, o por el paso del tiempo) que ese intento ya se hizo, no una sino dos veces, en Chile. Y los dos fueron fallidos, con nefastas repercusiones, tanto para Chile, como para los demás países latinoamericanos que emprendieron proyectos progresistas. Las victorias y derrotas de la izquierda repercuten, y mucho, en este pequeño mundo interrelacionado.
En los últimos años de la década de los 60 y en los primeros de los 70 del siglo pasado, la izquierda con la UNIDAD POPULAR y el MIR, legitimada por las urnas, se enfrentó duramente con la derecha para disputarle el poder. ¿Y qué pasó? Ahí el enemigo (la oligarquía y los sectores de centro derecha amparada por el imperialismo yanqui) no actuó solo. El gobierno de la Unidad Popular, con Salvador Allende a la cabeza, estuvo condicionado por la disputa interna entre el MIR, el PCCH y el PSCH, que se arrancaban los ojos, literalmente. Eran los tiempos nefastos de "el gobierno en disputa", (consigna que, una vez repetida luego de las derrotas, ya deviene en tragicómica). La vanguardia iluminada, que debió conducir y canalizar las energías populares, como fuerza social y política de la UNIDAD POPULAR, se transformó en el insumo principal del guiso de la derrota. Alguien asimiló esta experiencia chilena del gobierno de la Unidad Popular, con la lucha de las izquierdas españolas en defensa de la República, allá por la década del 30 del siglo pasado. Y agregaba que la izquierda, tan estudiosa, tan analista de los procesos históricos, lamentablemente no había aprendido nada. Estuve en Chile durante el gobierno de Allende y algo vi y puedo atestiguarlo. Cada sector por su lado; había enemigos afuera y "adentro"; los insultos más estruendosos eran dirigidos más a los supuestos aliados que a los (supuestos) enemigos. El intento del gobierno de Allende, apoyado por muchos sectores del pueblo chileno, fue el primer enfrentamiento que fracasó, debilitado primero por el propio imperialismo, y en segundo lugar por las rencillas dentro de la izquierda. El segundo intento ocurrió hace poco tiempo, cuando hubo grandes manifestaciones de masas estudiantiles y trabajadoras contra el poder de los oligarcas, quienes permanecían amparados por las constituciones de "salida" pinochetista. Esas manifestaciones populares fueron reprimidas con tal saña, que a los más viejos les hizo revivir otros tiempos. Esa movilización, que costó sangre, muerte, ceguera y enfermedades a miles de jóvenes chilenos, quiso ser "vanguardizada" por sectores que planteaban poco menos que LA ENTREGA DE TODO EL PODER A LOS SOVIETS (dicho ello metafóricamente), la socialización de los medios de producción, la reforma integral de la tierra, la entrega del gobierno a los sectores populares, a los pueblos originales, la nacionalización de los recursos mineros, etc. Consignas FINALISTAS que la sociedad chilena (mayormente integrada por sectores de clases medias) no estaba dispuesta a refrendar. En poco tiempo las "profundas consignas" se quedaron huecas, sin pueblo detrás. Entonces la REFORMA CONSTITUCIONAL elaborada con esos parámetros "todonadistas", fue un rotundo fracaso. No la votaron ni las comunidades cuyos delegados las promovían. Y también fracasó la nueva reforma, más lavada y anodina, propugnada por la coalición progresista, lo cual condicionó al gobierno de Boric, para todo el período. En las urnas se perdió lo que se ganó en la calle, porque aquella población que buscaba una salida a la situación, se congeló, se desesperanzó, se asustó, se despreocupó de su propio futuro. Y se enredó en discurso de la seguridad y el orden, antes que la libertad y el desorden. Los sectores medios, nunca comprometidos con cambios profundos, y una juventud, mayoritariamente ignorante del pasado chileno, compró el discurso del pinochetismo renovado y disfrazado de Kast.
En el análisis de la propia izquierda hay un claro olvido del sacrificio chileno de sus partidos populares, de SALVADOR ALLENDE, un mártir del socialismo y de la izquierda mundial. Y una tremenda injusticia con los miles de muertos por el pinochetismo y sus esbirros, más otros latinoamericanos apresados por el diabólico PLAN CONDOR, entre los cuáles hubo varios uruguayos.
La "disputa por el poder" en Chile, ya ocurrió por duplicado, y el precio que se pagó fue grande. No hay que olvidarlo. Pensemos que por algo es que CADA DIA HAY MÁS PERSONAS DISPUESTAS A VOTAR POR UN POLÍTICO QUE DEFIENDE A UN DICTADOR GENOCIDA. Si les seguimos echando la culpa a esas personas y no a errores de concepción estratégica, como sucedió en CHILE con las disputas internas de la izquierda, más que ver luces al final de los túneles, nos toparemos con oscuridades difíciles de manejar.
Por aquello de que QUIEN QUIERE LOGRAR TODO, AL FINAL NO LOGRA NADA. Y habrá que empezar otra vez, casi desde cero, con más costos para los sectores siempre postergados.
Carlos Pérez Pereira
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias