País arrodillado. José Antonio Vera Arenas (desde Asunción)

23.01.2026

La ciénaga estronista, heredada durante los 37 años que, en estos 2 y 3 de febrero cumplirá la mal llamada transición a la democracia, venía operando con total impunidad, pero sin confesión y pocas excepciones, hasta que altos referentes de la política y de la academia, han decidido sacarse la careta.

El pionero, de ese desvelo de hablar con desafuero, fue el poderoso empresario Horacio Cartes, Presidente del omnipresente Partido Colorado y comandante de facto del Ejecutivo Nacional, el parlamento y el Poder Judicial, de casi todas las 17 gobernaciones del país y de sus 240 municipios.

Munido de absoluta impunidad, el multimillonario Cartes, una especie de Donald Trump en pequeñas dosis, encabezó la vida política pública durante unos 15 años, entre el 2008 al 23, con el paréntesis del Golpe de Estado parlamentario que cortó el progresista gobierno de Fernando Lugo, el 22 de junio del 2012.

Empero, ese vedetismo cartista sufrió sanción hace casi tres años, no por voluntad popular, como correspondía, sino por decisión de Estados Unidos que lo acusó de "suficientemente corrupto", junto con varios jerarcas, incluido el Vicepresidente de la República Hugo Velázquez, otro adorador de Stroessner, a quien la ultraderecha paraguaya recurre y utiliza como a Dios.   

Con sus activos congelados por la banca transnacional, la prohibición para él, su familia y los socios comerciales más íntimos de ingresar al adorado país del norte, Cartes sufrió, además, la amenaza de extradición para ser juzgado allá, provocando pánico en la cúspide del poder estatal y privado, cuya membresía bautizada y siempre pecadora, desborda de delincuentes asociados. 

Entonces, llamado a silencio el patrón, le llegó el turno a Santiago Peña, el Presidente Conducido, para encabezar el vergonzante e irrespetuoso lenguaje ideológico estronista, obligados a repetir los  más cercanos colaboradores, y todo el Partido Colorado, "a los cuales les advierto que su pertenencia al Partido, importa más que cualquier diploma universitario, si quieren ocupar un cargo en la función pública".

El país es uno de los más atrasados en educación en el mundo, según informes de la UNESCO con ocho universidades públicas nada gratuitas y unas cincuenta  privadas, llamadas de garage, algunas entregando (vendiendo) diplomas con dos años de asistencia. En Brasil se  ha prohibido ejercer a muchos médicos titulados en Paraguay, que registra más de 60 mil abogados y siete mil con diplomas de licenciado o doctorado en medicina.

A ese humillante cuadro, se sumó, días atrás, José Duarte Penayo, Presidente de la ANEAES, la Agencia para la formación académica y la educación superior, quien se permitió declarar a la prensa que "la dictadura de Stroessner fue benigna, comparada con otros regímenes, como los liberales".

La indignación se generalizó, incluso al interior de profesionales y políticos colorados y, en particular entre los sobrevivientes a la represión estronista, quienes rememoran que el magnánimo Stroessner hizo asesinar en la tortura a 128.026 opositores, 459 desaparecidos, ejecutados o lanzados de los aviones al Río Paraguay, y 126 exterminados en el Operativo Condor.    

La lista benigna es larga. 20 mil 814 exiliados políticos, en el curso de veinte años, 19.862 personas sufrieron prisión, entre ellas 18.772 víctimas de toda clase de torturas, en especial mujeres, 236 menores fueron encerrados varios años, y 17 niños nacieron de madres presas, mientras el caudillo regalaba a sus íntimos siete millones 851 mil 297 hectáreas de la mejor tierra del país.

Duarte Penayo, formado en la Sorbona o quizás deformado en la exquisitez de los ambientes parisinos reservados para ricos, es hijo de Nicanor Duarte Frutos, quien fue Presidente de la República entre 2003/08, considerado un mandatario que salió limpio, comparado con la jauría colorada. Sin embargo, ha comenzado a mezclarse a las huestes de Horacio Cartes.  

El Presidente Peña, opaco alumno en su fugaz pasaje por el FMI, ejercita la obediencia desde siempre. Empezó en el Partido Liberal, que lo empleó en el Banco Central y, en una de esas jugadas del binomio partidario que lleva 150 años compartiendo beneficios, se lo recomendó a Cartes que lo nombró titular de Hacienda en su gobierno que comenzó en el 2014.

En el quinquenio siguiente, presidido por Mario Abdo Benítez, otro colorado adorador de Estados Unidos, hijo de quien fue Secretario Privado del tirano durante 25 años, Cartes, dueño absoluto del Partido, se concentró en dos grandes tareas: 1) repartir sus empresas entre familiares y amigos, por miedo a la extradición por el Departamento de Estado, y 2) preparar al bisoño Peña, para ocupar el Ejecutivo Nacional, con la orden de someterse a él y al imperio.

Misión cumplida, dicen todos los tiranos al terminar su mandato. Nunca al servicio del pueblo, sino de las corporaciones bancarias, la clase oligárquica. En esa línea de "obediencia debida", Peña acumula méritos, con lenguaje elegante de economista exitoso para el capitalismo y de político arrodillado.

La extorsión, aplicada por el imperio al gobierno, como condición para no llevarse a Cartes, tiene un precio demasiado grosero, en la ilusión de reducir las penas a Cartes. La lista de las imposiciones no es muy larga pero es ineludiblemente costosa y perjudicial para el pueblo:

1)    Apoyo irrestricto a Israel, en su genocidio del pueblo palestino, porque Tel Aviv tiene derecho a defenderse frente al terrorismo. Cartes, que no se atrevía salir del país, viajó, autorizado, a darle un abrazo a Netanyahou. Cariño que Peña ha repetido en varios deleites.

2)    Sumarse a integrar la Liga por la Paz, farsa colonialista inventada por Trump quien, tras su fracasada participación en Davos, ese cónclave de gobernantes indecentes, trasladó a sus esbirros a Dakar, para firmar el compromiso empresarial, con un humilde ingreso por país de mil millones de dólares. Entonces, Peña pide a los paraguayos que ahorren, pero sólo un 25 por ciento de compatriotas podrían hacerlo.

3)    La dictadura de Maduro en Venezuela tiene que ser arrasada en defensa de la democracia. El gobierno colorado anterior apoyó al pelele Guaidó.

4)    La invasión rusa de Ucrania debe ser repelida por occidente, al precio que sea. Algunos fanáticos colorados confunden Rusia con la URSS,

5)    El Presidente de Paraguay, junto con sus colegas cipayos de Argentina y Panamá, "ya que otros no quieren ir", deben acompañar en Oslo a Corina Machado para recibir el Nobel de la Paz, tras pedir la intervención militar yanki en su país. Con los (250 mil?) dólares del premio, que Trump no necesita, se habría quedado ella, pero él con la medalla, satisfaciendo su frustrada ambición.

6)    Obediencia y aplicación de los dictados del FMI, en la administración de este país llamado Paraguay. Ajuste, privatización y miseria.  

Sin duda que, en la marcha, habrá otras exigencias, en esta coyuntura de tanta belicosidad imperial, pero es evidente que esos seis deberes, alcanzan para someter a cualquier país, de preferencia cuando los pueblos sufren gobiernos vendidos. A los pocos otros con dignidad, se les embarga, bloquea y se les invade y roba, casos de Irak, Libia, Siria, Afganistán, y ahora Venezuela.

A Cuba se le asfixia desde hace décadas, con el pretexto de sus problemas reales de política interna, lo cual sólo los cubanos deben resolver, como ocurre con la traicionada revolución sandinista. A esos dos pueblos Estados Unidos les quita el oxígeno, al tiempo que alimenta una veintena de tiranías fieles.

Entre las reacciones que circulan, algunas personas dicen (siempre hay algún desbocado) que la conducta actual de las autoridades paraguayas se inspira en la fanfarronería del monarca Donald Trump, quien sostiene en Argentina a uno de sus más fanáticos imitadores, titular regional de insolencia y desparpajo.

Pero, Paraguay no es Argentina y los paraguayos, en general, hablan bajo pero tienen orgullo de su idiosincrasia, con pocas simpatías por los modismos porteños, aunque la capital vecina albergue a dos millones de inmigrantes que la sitúan como la primera ciudad en el planeta, con más población guaraní.

Que en ese mundo aparte, que es la crema del empresariado privado, "algún panzón de riñón cubierto" pronuncie elogios al General Alfredo Stroessner, nunca ha provocado malestar ni sorpresa, dado que le deben al tirano gran parte de sus riquezas, en particular en millones de hectáreas regaladas, en franquicias para contrabandear e, incluso, en el inicio del narcotráfico.

Poco se sabe y menos se cree, que entre muchos de los déspotas uniformados apoyados por Estados Unidos en todos los continentes, el cariño es fugaz, pero no la obediencia. Caso curioso habría sido el Generalísimo español Francisco Franco, quien se atrevió a conspirar contra el Pentágono.

Ahmed Ben Bella, primer Presidente de la Argelia Independiente, años atrás me comentó que el Caudillo, molesto con la prepotencia yanqui, aportó armas para una guerrilla que, en los soñadores años 60/70, se armaba en Venezuela contra el gobierno sometido por el imperio. "Los fusiles iban en barricas llenas de aceitunas". En paralelo, en la España totalitaria y católica, el gobierno continuaba asesinando opositores.

En la criminalidad y el enriquecimiento ilícito, Stroessner fue igual, por supuesto, enteramente sometido por la Casa Blanca, que lo escogió y utilizó como cabecilla de cuanta cruzada anticomunista montó en Latinoamérica, con el Partido Colorado, el empresariado y el ejército al frente.

El máximo de esa cloaca nazifascista se coronó con el Plan Condor, integrado por los despóticos regímenes de Paraguay, Chile, Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay, en el cuadro regional de la "obediencia debida", cuando todos los sátrapas conocidos, cuidaban las apariencias, asesinando en masa y robando también en masa, en nombre de Dios, Patria, Familia, Democracia y Libertad.

En el Paraguay actual, ese lenguaje oficial ha desaparecido, aunque el Partido Colorado, en sus ocho décadas de poder, continúa siendo una cloaca y la codicia de sus dirigentes no conoce límites, agradeciendo a Dios por proteger sus cuentas bancarias. El amor al dinero sobrevuela todos los rincones del país.

"Los Herederos" es el título de un excelente trabajo de investigación del politólogo Idilio Méndez, cuya responsable documentación vislumbra el desmadre estatal que se está produciendo en las altas esferas del poder local, arrodillado ante el gobierno de Donald Trump, que lo extorsiona y conduce.

El listado de los actos de sometimiento a Estados Unidos avergüenza hasta al más descarado. Cuadros colorados, intermedios, lo comentan por lo bajo, reserva del orgullo nacional por la heroicidad del pueblo en las dos grandes guerras, la de 1864/70, contra la Triple (cuatriple) Alianza de Argentina, Brasil y Uruguay, mandatados por el imperio inglés, y la de 1932/35 contra Bolivia.

Para las mujeres, que se están ganando espacios en la actividad política, para los hombres, para la juventud sin presente, para las familias campesinas y las comunidades indígenas, y para un alto porcentaje de la sociedad, ver al gobierno de rodillas, provoca indignación. Cierto es que, con ella sola, ningún país ha cambiado la historia, pero "algo es algo", como dice Mario Bemedetti.

 

José Antonio Vera Arenas

 

 

 

 

 

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2026-01-23T18:17:00

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