Pedro Sánchez tiene una muy buena razón para dejar sus tropas en la Península Ibérica. Michael Mansilla
27.03.2026
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, tiene una buena razón para no mandar a sus Fuerzas Armadas a la aventura iraní. El impredecible vecino al sur. Ceuta y Melilla podrían ser invadidas por Marruecos en cualquier momento y la gran pregunta es: ¿el resto de los miembros de la OTAN defendería a España si Ceuta o Melilla fueran atacadas?
En los últimos años, Marruecos ha reivindicado constantemente las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Estos dos enclaves españoles han sido el epicentro de las tensiones entre ambos países. España teme cada vez más un ataque armado de Marruecos para recuperar estos territorios.
En un análisis reciente, el comandante militar Emilio José Arias Otero argumentó que España no está preparada para contrarrestar a Marruecos y advirtió contra la idea de recurrir a respuestas improvisadas en lugar de una estrategia coherente.
Arias Otero, analista del departamento de planificación del Estado Mayor del Ejército español, responsable de la planificación estratégica a medio y largo plazo, subrayó que «el continuo gasto militar de Marruecos debería impulsar el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas españolas».
En el pensamiento estratégico europeo existe una paradoja persistente: mientras la arquitectura de seguridad del continente ha sido diseñada principalmente para responder a amenazas del este, durante la Guerra Fría, que puede ser aplicado al conflicto de Ucrania. Pero los escenarios actuales potencialmente más desestabilizadores se encuentran en su frontera sur. África una constante lucha con el fundamentalismo islámico, movimientos secesionista y constantes golpes de estado que alinean a estos países a ponerse del lado de una potencia a otra y alianzas regionales en guerras civiles.
Allí, en la costa norte de África, las ciudades españolas de Ceuta y Melilla representan una singularidad histórica, jurídica y militar que desafía los supuestos tradicionales de la defensa colectiva occidental. Pero las tensas relaciones entre Donald Trump y Pedro Sánchez, en estos momentos -la ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán-, dejan totalmente fuera alguna posible reacción de ayuda militar por parte de Washington.
El debate sobre la defensa de estas plazas ha reaparecido con fuerza en círculos académicos, editoriales de prensa internacional y centros de estudios estratégicos. La cuestión ya no se limita a una interpretación técnica del Tratado del Atlántico Norte. Hoy se inserta en un marco mucho más amplio: la competencia regional en el Magreb, la evolución del papel de Estados Unidos en Europa, la autonomía estratégica europea y la rivalidad estructural entre Marruecos y Argelia.
Un hipotético conflicto en torno a Ceuta o Melilla no sería simplemente una crisis bilateral. Tendría el potencial de transformarse en "una prueba sistémica para la arquitectura de seguridad euroatlántica".
La defensa de Ceuta y Melilla bajo el paraguas de la OTAN es un tema recurrente. Se supone que, como ciudades autónomas de España, miembro de la Alianza Atlántica, si estas fueran atacadas, el Gobierno español podría solicitar la intervención de sus aliados en base al tratado fundacional. ¿Qué es lo que dice?
En su artículo 5, el Tratado de Washington establece que un ataque contra uno o más miembros de la OTAN se considerará un ataque contra todos ellos, pero luego el artículo 6 delimita esta protección a los territorios situados al norte del Trópico de Cáncer, lo que en sí excluiría a Ceuta y Melilla.
Sin embargo, al final la aplicación de los artículos depende de la decisión política que tome el Consejo del Atlántico Norte, el órgano principal de toma de decisiones de la OTAN. Es decir, no hay que quedarse en la literalidad de los puntos. Si Ceuta y Melilla fueran atacadas, la realidad es que la OTAN podría decidir intervenir o no.
La ambigüedad estratégica de la OTAN
El debate comienza con una cuestión jurídica aparentemente simple: el alcance territorial del compromiso de defensa colectiva.
Ceuta y Melilla, al encontrarse en África, quedan en una zona gris que ha sido objeto de interpretaciones divergentes durante décadas. Ceuta y Melilla son actualmente enclaves costeros del Reino de España en la costa mediterránea de Marruecos. Pero su constitución jurídica como posesión española desde hace siglos y es anterior a la formación del actual Marruecos. La conformación de la monarquía Alauí y su estado en su forma actual solo llevan desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el año 1975, si considera la invasión y ocupación de La Republica Saharaui (Sahara Occidental) reconocida a medias, por la comunidad internacional. Aún más: 2 ciudades Tánger, Casablanca-que fueron "ciudades internacionales", cedidas a Marruecos, luego de la Segunda Guerra Mundial, bajo severas condiciones, incluido un "estatus de desmilitarización" de las estratégicas ciudades.
En un escenario de crisis en el Mediterráneo occidental, la OTAN se enfrentaría a un dilema complejo: "intervenir para proteger a un aliado europeo o evitar una confrontación directa con un socio estratégico clave como Marruecos".
La respuesta no estaría predeterminada.
España y Marruecos: equilibrio asimétrico de poder.
Desde el punto de vista militar, el equilibrio entre España y Marruecos presenta características particulares.
España dispone de fuerzas armadas tecnológicamente avanzadas e integradas en los sistemas operativos de la OTAN. Su superioridad naval en el Mediterráneo occidental es significativa, al igual que sus capacidades aéreas. La Armada española, equipada con fragatas de defensa aérea avanzada y plataformas anfibias, posee una ventaja operativa clara en el control del estrecho de Gibraltar.
En 2022 la OTAN dijo que no. La guerra de Argelia como precedente.
En 2022 la OTAN, bajo el gobierno de Joe Biden anunció que no podria garantizar la activación automática de la cláusula de defensa colectiva en caso de un eventual ataque a Ceuta y Melilla. Finalmente, desestimando la petición del Gobierno español, el nuevo Concepto Estratégico que se aprobó en la cumbre de Madrid de 2022 no incluyo, al menos de forma explícita, la protección de las dos ciudades autónomas bajo el paraguas de la defensa atlántica.
La desestabilización de la región por parte de Rusia (2022), el terrorismo yihadista, las tensiones transnacionales en la franja del Sahel, el incierto equilibrio de fuerzas entre Marruecos y Argelia a costa del Sáhara y la disputa por el gas justifican mirar hacia el flanco sur como futuro foco de turbulencias en la política internacional.
Pero la OTAN se sostiene sobre un conflicto independentista argelino. El Tratado de Washington sí incluía una mención expresa a "los departamentos franceses de Argelia", que se suprimió en 1963 tras la independencia del país. Pero ningún otro miembro de la OTAN participo en el conflicto. Sobre todo, se opuso la otra potencia colonial, Reino Unido, en el comienzo de la descolonización de sus posiciones africanas. El conflicto de Argelia fue catalogado como un conflicto bélico interno, ya que el territorio era considerado un departamento de ultramar. Ceuta y Melilla son "ciudades autónomas" incorporadas plenamente como cualquier región o comunidad autónoma.
De acuerdo con esta definición, la cláusula de defensa colectiva sí cubriría a las islas Canarias, pero no a Ceuta y Melilla, que se ubican en el continente africano.
Cabe recordar que Ceuta y Melilla están integradas en la PESCO (Cooperación Estructurada Permanente) o CSP, un mecanismo de la UE que permite a los Estados miembros desarrollar conjuntamente capacidades de defensa y proporcionar unidades de combate para misiones. Además de la intervención militar, la UE también podría optar por sanciones económicas o diplomáticas, dependiendo de la gravedad del ataque armado. Pero no sería algo automático.
En 2025 -2026 Donald Trump ha sugerido la expulsión de España de la OTAN por lo que él considera un gasto bajo en materia de Defensa.
¿Se puede echar a un miembro de pleno derecho?
No. El Artículo 13 del tratado establece que la única forma de abandonar la OTAN es voluntaria, mediante una notificación formal al Gobierno de Estados Unidos, que actúa como depositario del tratado. No existe ningún mecanismo de expulsión ni cláusulas que permitan suspender o excluir a un país por incumplimiento de compromisos políticos, militares o financieros. La salida voluntaria requiere que hayan pasado al menos 20 años desde la adhesión y un plazo de 12 meses desde la notificación hasta que la salida sea efectiva.
Ningún país ha sido expulsado de la OTAN en sus más de 75 años de historia. Algunos países han reducido su participación militar (como Francia entre 1966 y 2009), pero sin abandonar la alianza. En 1986, España celebró un referéndum sobre su permanencia, pero decidió seguir siendo miembro.
La OTAN se basa en el principio de consenso: cualquier cambio en el tratado requiere unanimidad. Expulsar a un país rompería la cohesión interna y podría debilitar la credibilidad de la alianza frente a amenazas externas. Las tensiones, como las actuales entre Estados Unidos y España por el gasto militar, se gestionan diplomáticamente, no mediante sanciones o expulsiones.
La armada invencible.
España una potencia militar regional con capacidad naval significativa
España posee unas fuerzas armadas tecnológicamente avanzadas, integradas plenamente en la estructura de la OTAN y con amplia experiencia en operaciones internacionales.
El país mantiene aproximadamente 120.000 efectivos militares activos, distribuidos entre ejército de tierra, armada y fuerza aérea, además de un numero de reservistas considerables. Igualmente, todos los hombres entre 18 y 65 años son considerables aptos para el ejército.
El ejército de tierra español cuenta con cerca de 330 carros de combate Leopard 2, uno de los tanques más modernos en servicio en Europa. Estos blindados, fabricados en Alemania, representan una clara ventaja cualitativa frente a muchos sistemas de combate en el norte de África.
La fuerza aérea española dispone de alrededor de 140 cazas de combate, principalmente: EF-18 Hornet, Eurofighter Typhoon. El Eurofighter, en particular, es considerado uno de los cazas más avanzados del continente europeo y constituye el núcleo de la defensa aérea española. Desde el punto de vista militar, España es una potencia regional con fuerzas armadas tecnológicamente avanzadas.
Sin embargo, el verdadero punto fuerte de España se encuentra en el mar.
La Armada española es una de las más modernas del Mediterráneo. Entre sus principales capacidades destacan:
11 fragatas modernas, incluyendo las fragatas F-100 equipadas con sistema AEGIS, 1 buque de proyección estratégica (Juan Carlos I), capaz de operar como portaaviones ligero, submarinos de ataque, actualmente en proceso de modernización con la clase S-80.
Una flota anfibia relevante
Estas capacidades convierten a España en una potencia naval regional considerable, especialmente en operaciones en el Mediterráneo occidental.
En términos presupuestarios, España destina aproximadamente 20-22 mil millones de dólares anuales a defensa, una cifra inferior a la de otras potencias europeas pero suficiente para mantener fuerzas tecnológicamente sofisticadas.
Especial merece el avanzado sistema de defensas cibernética, quizás más importante de todos en terreno militar del siglo XXI.
No obstante, existe una limitación evidente: el tamaño del ejército activo español es relativamente reducido para un conflicto prolongado de alta intensidad.
Marruecos, sin embargo, ha desarrollado en las últimas dos décadas una estrategia de modernización militar sostenida. Con un número mayor de efectivos activos y la adquisición de sistemas de combate modernos -especialmente cazas F-16 y carros de combate de última generación-, Rabat ha reducido la brecha tecnológica con sus vecinos europeos.
Marruecos: una fuerza militar en rápido proceso de modernización
Durante los últimos quince años Marruecos ha llevado a cabo una de las modernizaciones militares más rápidas del norte de África.
El país cuenta con aproximadamente 200.000 efectivos militares activos, lo que lo convierte en una de las fuerzas armadas más grandes de la región.El ejército marroquí posee más de 300 tanques de combate, incluyendo:M1A1 Abrams adquiridos a Estados Unidos, tanques modernizados de origen ruso y francésLa incorporación de los Abrams representó un salto cualitativo importante para las fuerzas blindadas de Rabat.
En el aire, Marruecos ha invertido intensamente en modernización tecnológica. Su fuerza aérea cuenta con cerca de 80 cazas modernos, entre ellos: F-16 Fighting Falcon de última generación, Mirage F1 modernizados. Los F-16 marroquíes han sido equipados con sistemas avanzados de radar y misiles, lo que ha elevado significativamente las capacidades aéreas del país.
En el ámbito naval, Marruecos mantiene una flota más limitada que la española, pero con importantes adquisiciones en los últimos años: fragatas FREMM de origen francés, corbetas modernas, patrulleros oceánicos. Aunque la armada marroquí sigue siendo inferior a la española en términos tecnológicos y operativos, Rabat ha logrado construir una fuerza naval respetable para el control de su litoral y operaciones regionales.
El presupuesto militar marroquí se sitúa en torno a 12-13 mil millones de dólares anuales, una cifra notable para su economía y que refleja la prioridad estratégica que el país concede a la defensa. Marruecos cuenta con el sistema de espionaje israelí PEGASUS, un país aliado.
La variable decisiva: Estados Unidos y la OTAN
Sin embargo, cualquier análisis del equilibrio militar en el Mediterráneo occidental estaría incompleto sin considerar el papel de Estados Unidos y la OTAN.
España forma parte plenamente de la alianza atlántica y alberga instalaciones estratégicas fundamentales, entre ellas la base naval de Rota, que desempeña un papel crucial en la arquitectura de defensa antimisiles de la OTAN.
La presencia militar estadounidense en territorio español, especialmente en instalaciones estratégicas vinculadas a la defensa antimisiles y al control del Mediterráneo, refleja la importancia del país dentro de la arquitectura atlántica.
Sin embargo, el debate contemporáneo sobre el grado de compromiso estadounidense con la seguridad europea introduce un elemento de incertidumbre. La política exterior de Washington ha oscilado en los últimos años entre la reafirmación del liderazgo global y tendencias hacia un enfoque más transaccional de las alianzas.
En este contexto, una crisis en torno a Ceuta o Melilla pondría a prueba no solo la capacidad militar de la OTAN, sino también "su credibilidad política como sistema de seguridad colectiva".
Una respuesta ambigua podría tener consecuencias estratégicas mucho más amplias que el propio conflicto. Aunque Donald Trump perdió toda credibilidad en el ámbito internacional.
El escenario real de una crisis.
Si alguna vez se produjera una crisis militar en torno a estas ciudades, el escenario más probable seguiría una lógica bastante clara según muchos analistas militares.
En una primera fase, España tendría que responder por sí sola, utilizando las fuerzas desplegadas en el sur de la península y en las propias plazas norteafricanas. La superioridad naval española podría permitir el control del estrecho de Gibraltar y el apoyo logístico a las ciudades.
La fuerza aérea española, particularmente los Eurofighter desplegados en bases del sur, jugaría un papel decisivo en la defensa del espacio aéreo. Sin embargo, cualquier conflicto prolongado dependería inevitablemente de factores políticos mucho más amplios. caso de conflicto, España tendría que responder inicialmente por sí sola.
La defensa de Ceuta y Melilla dependería en una primera fase de las fuerzas desplegadas en el sur de la península y de la superioridad naval española en el estrecho.
Posteriormente, Madrid intentaría internacionalizar la crisis mediante consultas en la OTAN y activación de mecanismos europeos de defensa mutua.
La defensa de Ceuta y Melilla dependería en una primera fase de las fuerzas desplegadas en el sur de la península y de la superioridad naval española en el estrecho.
La evolución del conflicto dependería entonces de factores políticos: la reacción de Estados Unidos, la posición de Francia y el impacto del conflicto en la estabilidad regional. La cuestión clave sería si la crisis se transformaría en un problema de seguridad para toda la OTAN o permanecería como un enfrentamiento bilateral entre España y Marruecos.
La disuasión basada en la ambigüedad.
A pesar de las tensiones periódicas y de los debates que resurgen en la prensa internacional, la mayoría de los analistas coinciden en una conclusión fundamental: un conflicto abierto por Ceuta o Melilla sigue siendo extremadamente improbable.
La razón principal es la compleja red de relaciones estratégicas que rodea al Mediterráneo occidental. Marruecos mantiene estrechos vínculos con Estados Unidos y Europa. España es miembro central de la OTAN y de la Unión Europea. El estrecho de Gibraltar es una de las rutas marítimas más importantes del planeta. Y como ejemplo de lo valioso que puede ser un estrecho o un canal interoceánico para la economía mundial, tenemos el cierre del Estrecho de Ormuz que ha provocado aumento de precios del petróleo y en la cadena de suministros en todos los rubros.
Un enfrentamiento militar en esta región tendría consecuencias geopolíticas enormes.
La variable decisiva: Estados Unidos
Ningún análisis del equilibrio militar en el Mediterráneo occidental puede ignorar el papel de Estados Unidos. Las tensiones diplomáticas entre Donald Trump y Pedro Sánchez derivado de la contrariedad española de la ofensiva sobre Irán han alimentado especulaciones sobre hasta qué punto el apoyo estadounidense estaría garantizado en una crisis en el norte de África.
España alberga instalaciones estratégicas clave, como la base naval de Rota, que desempeña un papel esencial en la defensa antimisiles de la OTAN. Pero esta vez los españoles les han vetado su utilización.
La capacidad militar estadounidense -la mayor del mundo- podría alterar completamente el equilibrio regional en caso de intervención directa. Sin embargo, esa intervención dependería de decisiones políticas complejas, especialmente en un contexto internacional donde el compromiso estadounidense con la defensa europea ha sido objeto de debate.
Escenarios posibles:
1. Alto el fuego negociado: retorno a posiciones previas, despliegue de observadores internacionales, inicio de negociaciones políticas
2. Congelación del conflicto: escaramuzas intermitentes, presencia militar reforzada, crisis prolongada
3. Escalada mayor (escenario menos probable): intervención aliada directa, expansión del conflicto al Mediterráneo occidental
La lógica real del conflicto.
En un conflicto limitado, estas variables podrían traducirse en una guerra breve pero intensa, centrada en el control del espacio aéreo, la logística marítima y la estabilidad de las posiciones terrestres en las ciudades autónomas.
La mayoría de los analistas coinciden en que ninguna de las partes buscaría una guerra total. En geopolítica, los conflictos más peligrosos no son siempre los inevitables, sino aquellos que parecen imposibles... hasta que comienzan. La respuesta no estaría predeterminada.
Ceuta y Melilla, la OTAN y la sombra de Argelia.
La variable estructural: Argelia y la rivalidad magrebí.
Cualquier análisis profundo del Mediterráneo occidental debe incorporar el papel de Argelia.
La rivalidad entre Argel y Rabat constituye uno de los ejes geopolíticos más persistentes del norte de África. La disputa por el Sahara Occidental, el nacionalismo Amazigh la competencia por la influencia regional y las diferencias en modelos políticos han configurado una relación marcada por la desconfianza estratégica.
Argelia posee uno de los ejércitos mejor equipados del continente africano, con importantes capacidades terrestres, sistemas de defensa aérea avanzados y una fuerza aérea considerable. Además, el país ha mantenido tradicionalmente estrechos vínculos militares con potencias externas interesadas en el equilibrio regional.
Aunque una intervención militar directa sería poco probable, la implicación argelina -incluso a nivel político o logístico- transformaría el conflicto en una crisis regional de mayor escala.
Suele presentarse a los países del norte de África como "árabes", nada más lejos de la realidad. Desde Marruecos hasta Libia, la etnia predominante es la amazigh, más conocida como "bereber", y sus primos, los "tuareg". Al salir de cualquier gran ciudad de Marruecos, el idioma cambia y las costumbres cambian. En la mayor parte de las zonas rurales esta etnia es bereber, una población de base camítica, con una fuerte influencia genética de las tribus germánicas que pasaron por allí -godos y vándalos-. El rey Mohamed es protector del pueblo amazigh, de su idioma y cultura. La misma familia real tiene más sangre bereber que árabe.
La arabización se produce con la expulsión de los "moros" de la Península Ibérica, de los reinos y califatos, que trajeron las bases institucionales, administrativas y organizativas de más de 700 años de presencia al norte del Estrecho de Gibraltar.
La situación es diferente en la vecina Argelia. Los bereberes se concentran en la región de Cabilia, en la frontera norte con Marruecos; buscan la autodeterminación, mientras que desde Argel se intenta "arabizar" la región. El gobierno argelino culpa al ejecutivo de Rabat de financiar varios movimientos secesionistas. Otra cuestión es el reconocimiento de la República Saharaui y el enorme campo de refugiados de este país, en un gigantesco complejo de campamentos saharauis.
Los campamentos de refugiados saharauis en Argelia, situados cerca de Tinduf, albergan a más de 170.000 personas que huyeron del conflicto del Sáhara Occidental a partir de 1975. Son una de las crisis humanitarias más prolongadas del mundo, organizados en cinco campos principales (El Aaiún, Smara, Dajla, Auserd, Bojador) y administrados por el Frente Polisario, dependiendo en gran medida de la ayuda internacional.
Como consecuencia una frontera cerrada y militarizada.
Una respuesta ambigua podría tener consecuencias estratégicas mucho más amplias que el propio conflicto.
Pero Marruecos podría perder más de lo que ganaría.
Mohamed VI es un rey enfermo. Aunque no se divulga la agenda real, sus apariciones son escasas, casi siempre con lentes de sol y con un desplazamiento un poco errático. Pasa su tiempo entre hospitales de París y Ginebra. Se cree que sufre una enfermedad debido a la herencia endogámica de la familia real alauí. Sus padres eran primos.
El panorama es el de un rey ausente, una democracia restringida y una economía que apenas crece. Aun así, los únicos que se benefician son los más ricos, con conexiones con el gobierno o la corona. De esto ha surgido un movimiento islamista que va desde los moderados hasta los fundamentalistas, pero ambos buscan un sistema republicano, algo así como una "República de Marruecos" o una "República Islámica de Marruecos". Cualquier sistema que pueda sacar a los parásitos del poder.
Podría perder el Sáhara Occidental.
La Republica Saharaui o Sáhara Occidental, está dividida en dos partes por la llamada "Muralla de Arena", una estructura de arena comprimida rellena de minas terrestres. El lado que mira hacia el Atlántico está controlado por el ejército marroquí, mientras que el lado oriental es territorio del Frente Polisario, con el respaldo de Argelia. Volviendo en el mapa hacia las costas del Atlántico, justo frente al Sáhara Occidental se encuentran las Islas Canarias. Al ejército español solo le llevaría algunas horas tomar ciudades como El Aaiún, zonas de yacimientos de fosfatos, así como las principales carreteras y puestos clave de la región occidental, todo esto mientras Marruecos se encuentre inmerso en un conflicto por Ceuta y Melilla.
Guerra limitada, consecuencias globales.
Los estudios prospectivos coinciden en que un enfrentamiento en torno a Ceuta o Melilla difícilmente evolucionaría hacia una guerra total. Sin embargo, sus consecuencias podrían ser desproporcionadas.
El estrecho de Gibraltar es una de las arterias marítimas más importantes del comercio mundial. Cualquier alteración de la estabilidad en esa zona afectaría cadenas logísticas globales, mercados energéticos y flujos migratorios.
Además, el conflicto pondría en evidencia las tensiones internas de la política de seguridad europea: dependencia militar de Estados Unidos, fragilidad de los mecanismos de defensa autónomos, divergencias estratégicas entre los miembros de la OTAN
Esta ambigüedad no es accidental. Las alianzas militares modernas funcionan tanto sobre normas jurídicas como sobre decisiones políticas. En la práctica, la activación de mecanismos de defensa colectiva depende del consenso entre los miembros y de la percepción de amenaza sistémica.
Michael Mansilla
michaelmansillauypress@gmail.com
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