Política y fútbol, una mezcla explosiva. Esteban Valenti
22.07.2026
Hace apenas tres días que terminó el Campeonato Mundial de Fútbol y, naturalmente, sobre el estruendo fundamental del triunfo de España, que se clasificó con absoluta justicia como campeón del mundo por segunda vez, también se sienten los ecos políticos. Estos siempre quieren ocultarse cuando se trata de deporte, pero emergen con prepotencia.
Todos quisiéramos hacer un alto en el espinoso camino de la política, tanto los que la hacemos como los que la sufren, pero tiene una prepotencia que vence las mejores intenciones.
Comencemos por un gesto notorio: el presidente Donald Trump, que armó cada detalle del Mundial para su ego personal y su fanatismo nacionalista, fue abucheado notoriamente al entrar al MetLife Stadium a premiar a los jugadores y técnicos. No lo pudieron ocultar; las cadenas informativas internacionales fueron superadas. La mayoría de los hinchas eran argentinos, pero los españoles y norteamericanos no se quedaron atrás.
Por primera vez en una final de un campeonato del mundo, antes de iniciarse el partido se cantó el himno de una de las naciones anfitrionas, obviamente el de Estados Unidos, interpretado por la cantante y actriz ganadora del Óscar Jennifer Hudson, quien entonó "The Star-Spangled Banner".
En declaraciones públicas previas al encuentro, Trump mostró claramente su apoyo a la celeste por razones políticas. Dejó ver ciertos guiños de afinidad y simpatía hacia el conjunto argentino: "El jefe de Estado de Argentina es un amigo mío y ha hecho un trabajo magnífico". En alusión a sus lazos políticos, rindió tributo al nivel de la Albiceleste y en especial al capitán argentino -como en el duelo ante Inglaterra-, calificando una de sus jugadas de gol como un pase "a un cuarto de pulgada de ser perfecto" y destacando que "es difícil apostar en contra de Messi".
Durante un evento organizado por la FIFA, se acercó especialmente a saludar al presidente de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia, y desde la Casa Blanca se respaldó el derecho de los jugadores a manifestarse libremente, en medio de la atención mediática generada alrededor del plantel argentino.
Pero... durante la ceremonia de entrega de medallas tras la final del Mundial 2026, el defensor argentino Cristian "Cuti" Romero protagonizó un momento que se volvió viral en las redes sociales al omitir el saludo al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Durante la previa y el desarrollo de la final del Mundial 2026 entre Argentina y España, tanto Donald Trump como Gianni Infantino estuvieron en el centro de la atención mediática y de las discusiones sobre supuestas preferencias institucionales.
El presidente de la FIFA ha sido repetidamente cuestionado por su estrecha relación con figuras políticas y por los altos honores otorgados a Donald Trump. Durante los eventos previos al cierre del torneo, Infantino no escatimó en elogios hacia la administración estadounidense y la realización conjunta del evento; la prensa europea lo interpretó como un favoritismo generalizado hacia el gobierno norteamericano.
El clima general del torneo estuvo marcado por suspicacias sobre ayudas a los "equipos grandes". Críticos y sectores de la prensa internacional señalaron que las intervenciones directas o la alta visibilidad política en partidos clave -como las polémicas en torno a sanciones de jugadores y decisiones de organismos- generaron un ambiente donde se especulaba con un impulso institucional hacia los principales animadores del campeonato, entre ellos la selección argentina.
A pesar de estos gestos de proximidad en el palco y en la antesala, el desencontrado partido en el MetLife Stadium terminó consagrando a España, y la ceremonia posterior quedó marcada tanto por los sonoros abucheos del público hacia Trump e Infantino como por el despliegue protocolar de la entrega de medallas.
Creo que nunca como hasta este Mundial, con excepción del organizado por la sangrienta dictadura argentina en 1978 en ese país, hubo una relación tan evidente entre la FIFA y el presidente de uno de los países anfitriones, excluyendo a México y a Canadá.
El deporte nunca ha existido en un vacío; las competiciones internacionales han servido constantemente como escenario para la diplomacia, la protesta, la propaganda y la reivindicación social. Desde la década de 1930, los eventos deportivos más importantes del mundo han sido un reflejo directo de las tensiones geopolíticas de su época.
Cronología de los momentos en los que la política y el deporte han colisionado de manera decisiva:
Berlín 1936: El desafío a la propaganda nazi. Adolf Hitler intentó utilizar los Juegos Olímpicos para demostrar la "supremacía aria" y promover la ideología del Tercer Reich. Sin embargo, el atleta afroamericano Jesse Owens desmanteló esa narrativa al ganar cuatro medallas de oro en atletismo, convirtiéndose en el héroe indiscutible del evento frente a la cúpula nazi.
Melbourne 1956: Sangre en el agua. Pocas semanas después de que la Unión Soviética invadiera Hungría, las selecciones de waterpolo de ambos países se enfrentaron en la piscina olímpica. El partido fue tan violento y cargado de tensión política que el agua se tiñó de rojo tras un golpe a un jugador húngaro, terminando con una victoria para Hungría y una escolta policial para evitar disturbios en el recinto.
México 1968: El saludo del Black Power. Durante la ceremonia de medallas de los 200 metros llanos, los atletas estadounidenses Tommie Smith y John Carlos bajaron la cabeza y levantaron un puño enguantado en negro mientras sonaba el himno de su país. Fue una protesta silenciosa pero histórica contra la segregación racial y la pobreza en Estados Unidos, lo que les costó la expulsión inmediata de la villa olímpica.
Múnich 1972: El terrorismo golpea los Juegos. La tragedia ensombreció el deporte cuando el grupo terrorista palestino Septiembre Negro se infiltró en la villa olímpica. Tomaron como rehenes y finalmente asesinaron a 11 miembros del equipo olímpico israelí y a un oficial de policía alemán, cambiando para siempre los protocolos de seguridad en eventos internacionales.
1980 y 1984: La Guerra Fría y los boicots cruzados. En 1980, Estados Unidos lideró un boicot masivo a los Juegos de Moscú en protesta por la invasión soviética de Afganistán, al que se sumaron más de 60 países. Cuatro años después, la Unión Soviética y sus aliados del bloque del Este tomaron represalias diplomáticas boicoteando los Juegos de Los Ángeles 1984, argumentando preocupaciones de seguridad.
Sudáfrica 1995: El rugby une a una nación. Tras décadas de estrictos boicots deportivos internacionales contra el sistema del Apartheid, la nueva Sudáfrica democrática organizó y ganó la Copa Mundial de Rugby. El presidente Nelson Mandela vistió la camiseta verde de los Springboks (históricamente un símbolo de la opresión blanca) para entregar el trofeo al capitán François Pienaar, en uno de los mayores actos de reconciliación nacional del siglo XX.
París 2024: El aislamiento de Rusia. Como respuesta al ataque de Rusia a Ucrania iniciado en 2022, el Comité Olímpico Internacional prohibió la participación formal de los equipos de Rusia y Bielorrusia. Un número muy reducido de atletas de estas nacionalidades solo pudo competir bajo un estatus estrictamente neutral: sin banderas, sin himnos y excluidos del desfile en la ceremonia de apertura.
El aislamiento deportivo de Sudáfrica fue una de las herramientas de presión internacional más visibles y efectivas para forzar el fin del régimen de segregación racial del Apartheid. Durante más de tres décadas, el gobierno de Pretoria intentó mantener sus políticas racistas mientras competía en el extranjero, pero el mundo acabó cerrándole las puertas de los estadios.
El repudio internacional se articuló a través de varios frentes y deportes clave.
La expulsión del movimiento olímpico: Sudáfrica no enviaba equipos multirraciales a competir, lo que violaba la carta olímpica. El Comité Olímpico Internacional (COI) prohibió a Sudáfrica participar en los Juegos de Tokio 1964. Ante la negativa del país a cambiar sus leyes, la suspensión se mantuvo en México 1968, y en 1970 el COI tomó la decisión histórica de expulsar formalmente a la nación del movimiento olímpico. Sudáfrica no volvería a unos Juegos hasta Barcelona 1992.
El pitazo final de un árbitro jamás podrá silenciar el clamor de la historia. Cuando las luces de los inmensos estadios se apagan y el confeti deja de caer sobre el césped inmaculado, lo que perdura en la memoria colectiva no es la frialdad de las estadísticas o el brillo efímero de los metales, sino el eco inextinguible de los gestos que desafiaron al poder. El fútbol, como disciplina reina, y el deporte en su vasta totalidad, han dejado de ser meros entretenimientos de masas para consolidarse como los foros políticos más formidables, viscerales y universales de nuestro tiempo.
Quienes exigen que la política se quede fuera de las canchas ignoran deliberadamente la naturaleza humana. Pedir que el deporte se esterilice en una burbuja aséptica es una utopía hipócrita, promovida asiduamente por aquellos mismos que utilizan las gradas como palcos de campaña y los trofeos como herramientas de propaganda nacionalista. La cancha es el espejo más nítido de nuestras sociedades, reflejando las profundas miserias del autoritarismo y la exclusión, pero también la resiliencia indomable de quienes exigen igualdad, libertad y justicia social.
En este Mundial, las miradas furtivas, los abucheos ensordecedores a las autoridades y los silencios cargados de tensión en la entrega de premios no fueron anomalías pasajeras. Son la continuación lógica de un legado indeleble iniciado por figuras como Jesse Owens, Tommie Smith, John Carlos y Nelson Mandela. El deporte es un arma de doble filo: puede ser manipulado para blanquear regímenes y adormecer conciencias, pero también posee el poder inigualable de derribar muros de opresión.
Mientras haya líderes arrogantes intentando apropiarse de la gloria ajena desde los palcos VIP, habrá atletas valientes dispuestos a negarles el saludo. Porque la verdadera victoria nunca se medirá en goles, sino en dignidad.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)