Porque era un gran compañero. Danilo Arbilla

10.07.2026

Guillermo Pérez Rossell murió el pasado 4 de julio, cumplido ya los 90 años, creo, -detalles y precisiones son anécdotas- dedicados en su totalidad casi al periodismo. Fueron unos 66, como puntal de El País, según consignó este diario en su despedida.

Alguien me avisó por redes y vi además un tuit de Graziano Pascale, dando cuenta: "Qué triste noticia. Partió Guillermo Pérez Rossell, un periodista de raza, que dejó su huella en la historia de El País...".

Sumé un comentario personal: "El gremio pierde uno de sus más nobles integrantes. Hoy las campanas doblan por todos los periodistas. Además un amigo. Que pena infinita". A su vez Graziano abundó: "Vivirá siempre en quienes lo conocimos. Cumplió al pie de la letra lo de Kapuscinski: no se puede ser un buen periodista si no se es una buena persona".

Todo cierto. Cumplió su tarea a cabalidad, con dedicación completa; por más de medio siglo como secretario de redacción cargó en sus espaldas la responsabilidad de hacer que el diario apareciera todos los días: era de esos "jefes-peones" del periodismo, que recién culminaban su tarea del día a la madrugada del día siguiente luego de dar el "vamos" a las rotativas. Remero incansable.

"Es así, poeta, son esos periodistas laburantes, que no aparecen ni figuran tanto, pero sin cuya existencia los diarios no estarían en la calle todos los días", machacaba siempre el gran maestro, Francisco Luis Llano, el periodista argentino que, entre otras cosas hizo el diario Clarin de Buenos Aires.

Guillermo era gran periodista y humilde, - "rara avis" en el gremio, hay que confesarlo- y su prioridad era, precisamente, poner el diario en la calle para que, por sobre todas las demás, los ciudadanos recibieran información. Porque también era un defensor implacable de la libertad de expresión. Me consta.

Lo conocí por la segunda mitad del década del '60 del siglo pasado; cuando el largo conflicto de la prensa, por el '67, creo,  en  la mesa que "presidía" el maestro, de Guillermo como mío como de tantos otros, Luis Horacio Vignolo -otro grande-, en El Sorocabana de la Plaza Libertad, planta baja y especie de ágora de la Asociación de la Prensa Uruguaya -APU- ubicada unos pisos más arriba.

 Después se nos hizo una costumbre vernos por allí a tomar un café e intercambiar datos y chismes de la profesión y el gremio.

 Nuestra relación se afianza cuando Guillermo pasó a ser parte de la delegación de El País que asistía a las reuniones y asambleas de la Sociedad Interamericana de Prensa. Allí también se vio al obrero, del  mejor nivel intelectual y  profesional, trabajar y ayudar a que las cosas salieran en tiempo  y forma de las diversas Comisiones que desarrollaban una intenso labor en pos de la defensa de la libertad de prensa. Guillermo destacó y destacó mucho.

 Y cuando se suponía que iba a llamarse a sosiego, incluso porque los avances técnicos nos dejaban un poco atrás -a los viejos con catálogo atrasados, diríamos- él se puso a la vanguardia y hoy el País Digital es el permanente y continuo homenaje a Guillermo Pérez: fue su pionero y "empujador" sin pausa y hasta fastidioso. ¡Que curiosidad tan grande!, propia del periodista de primera, con una energía no tan común.

Y cuando se tomó un tiempito se dedicó a escribir, a contarnos de sus recorridas  por el mundo y dio rienda suelta a su gran sensibilidad, a sus miradas profundas y a su poder de comunicador, que sabe lo que es noticia y como contárselo a la gente. Sus notas las recogió en un libro: "El inexplicable ser humano y sus países".

 Y no se quedó ahí. Ya mayor convocaba cada tanto a su casa a viejos colegas, en tertulias enriquecidas por la memoria y la imaginación, transformando aquello en una alegre y gran redacción.

 Merece que estemos de luto y de duelo. Por haber sido un gran periodista  y porque era un gran compañero.

 

Danilo Arbilla

Columnistas
2026-07-10T19:27:00

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