Primer 1° de Mayo en dictadura. Gustavo Guarino

30.04.2026

Ya llevábamos casi un año en dictadura, el desafío era cómo se celebraría el día internacional de los trabajadores. Se aproximaba el 1º de mayo de 1974; la dictadura había anunciado que estaba terminantemente prohibida toda manifestación y que se impediría hacerlo por todos los medios.

La CNT y la FEUU organizaban celebrarlo en las calles como lo había hecho a lo largo de muchísimos años, era la primera vez que se realizaría en dictadura. La consigna era ganar la calle con las banderas reivindicativas del movimiento popular, la de las libertades adquirían una gran dimensión. 

La convocatoria que se difundía boca a boca en las organizaciones sindicales, estudiantiles, cooperativas y políticas, era la de volcarnos a 8 de Octubre a las 15 horas (creo que ésa era la hora), a la altura de la Curva de Maroñas. Que esa sería la zona era un secreto a voces.

Desde el mediodía del 1 º de mayo, en el lugar había un despliegue inusitado de fuerzas represivas en ese entorno de 8 de Octubre. En esa época se calificaba a los milicos por sus medios de transporte; las Chanchitas, eran unas camionetas tipo VAN que transportaban principalmente a la Guardia Metropolitana, al igual que los roperos, que eran camionetas más grandes y cuadradas, por eso su nombre, que transportaban más policías que las chanchitas. En algunas esquinas estratégicas, como la de 20 de Febrero, desplegaron policía a caballo, en aquel entonces, la Guardia Republicana, mientras pasaban permanentemente los "camellos" del ejército, que eran camionetas Chevrolet que, a la altura de la caja, le hacían un techo más alto para albergar a seis o más soldados sentados a los lados. Era el principal vehículo de patrulla utilizado por las fuerzas armadas (Ejercito, Marina y Aviación).

Toda esa fauna poblaba la avenida 8 de Octubre sobre el medio día de aquel 1º. de mayo. Faltaba algo que fue lo novedoso, los helicópteros de la Fuerza Aérea que sobrevolaban la zona sin parar, haciendo un estruendo infernal con sus motores y aspas; lo hacían muy bajito, era quizás lo más impresionante ya que no estábamos habituados a verlos en operativos; sólo en alguna película o documental sobre la guerra de Vietnam se veían este tipo de aparatos sobre la gente.

La pulseada era grande, ellos por impedir que ganáramos la calle, nosotros por ganarla, sin saber si realmente iban a desatar una represión feroz (condiciones y despliegue tenían). La movilización se hacía de cualquier manera, esa era la consigna. Había un problema de difícil solución, cómo haría la gente para llegar, ya que ese día el transporte urbano sería nulo.

En esa época muy pocos tenían locomoción propia y menos los trabajadores y estudiantes. En los históricos primeros de mayo anteriores se organizaban columnas que marchaban desde los barrios obreros, haciendo más llevaderas las largas caminatas; esas columnas tenían puntos de encuentro con otras y se iban engrosando a medida que se llegaba al punto central de los actos; eran momentos de lucha, pero también de encuentro entre viejos compañeros y compañeras, amigos, corría el mate, el vino y alguna que otra botella de grapa. Los lugares más alejados como Colón, Punta de Rieles y otros organizaban bañaderas o viejos camiones de barrio.

Esta vez eso no se podía hacer, había que ingeniarse o meter mucho talón. 

Nosotros éramos un grupo de estudiantes que vivíamos en las cercanías de Rivera y Soca, en un apartamento conocido como "El 14", era su número de puerta. Normalmente nos juntábamos con otros militantes de la zona, hacíamos un asadito mediante un invalorable horno de aluminio que, puesto sobre el Primus, permitía hacer un par de tiras de asado, 4 ó 5 chorizos y alguna morcilla, tomábamos un vinito y a caminar hacia la Av. Agraciada, lugar tradicional de los 1º. de mayo.

Esta vez se nos hacía lejos la Curva de Maroñas; resolvimos que era el momento de "exigirle" a un compañero que se había recibido de veterinario hacía ya algunos años y, además de trabajar para el MGAP, había puesto una veterinaria en pleno Pocitos para atender pequeños animales de los ricos de la zona; le iba muy bien, había hecho plata, tenía un precioso auto y en los últimos tiempos no participaba en nada. Ese compañero era de Melo, se había hecho comunista en sus años estudiantiles y abrazó las ideas marxistas en busca de un mundo más justo, al punto de transformarse en un obsesivo difusor de las mismas. En sus idas a Melo a pasar las vacaciones nos "adoctrinaba" en forma sistemática; no fue casualidad que una

amplia generación de melenses que en años posteriores fuimos a estudiar a Montevideo termináramos enrolados en la UJC. El asunto era que justo cuando nosotros estábamos en el momento más álgido de la militancia, ese compañero que nos había inspirado, no militaba más; sí nos visitaba con cierta frecuencia, pero sólo nos daba línea, cosa que nos generaba cierta molestia. Por eso el día antes le exigimos que nos tenía que llevar a la Curva de Maroñas. El mismo día nos respondió que no podía por compromisos familiares.

Al otro día de mañana temprano nos llamó para avisar que nos arrimaría, pero temprano antes del mediodía; protestamos porque no podríamos comer el asado, pero no había otra alternativa. A eso de las 11,30 ya estábamos en la zona los cuatro que íbamos en al auto; nos dejó sobre la calle 20 de Febrero, varias cuadras antes de 8 de Octubre. Tuvimos que hacer mucho tiempo para esperar la hora de largarnos a la calle; los que estábamos organizados por centros de estudio teníamos una zona asignada para largarnos, no era solo en la Curva, eso le dificultaría la tarea a los represores ya que estallarían muchas manifestaciones relámpagos a lo largo de varias cuadras de la avenida.

Caminamos por las laterales. Nos cruzábamos con muchos conocidos y nos dábamos ánimo con las miradas, sobre todo que a medida que se acercaba la hora arreciaban las patrullas y el ruido infernal de los helicópteros; llegó la hora y éramos algunos miles que surgíamos desde las laterales, desde los edificios y plazas de la zona. Tomamos la Avenida 8 de Octubre por varios minutos, en algunas esquinas largaron la represión intentando disolver las manifestaciones, la gente se volvía a agrupar cuadras arriba o cuadras abajo, eso duró un largo tiempo, luego nos disolvíamos tal cual estaba previsto y cada uno quedaba librado a su suerte. La mayoría de los detenidos fue durante la retirada, agarraban a la gente en pequeños grupos por las laterales.

Con Susana y otros dos compañeros agarramos Camino Corrales rumbo a Gral Flores, siempre caminando, si corríamos éramos más sospechosos; al cabo de una media hora estábamos a salvo en Corrales y Corumbé, vieja casa de mis abuelos paternos, fue como llegar a un oasis de paz y tranquilidad. Hubo centenares de detenidos, varios heridos, la represión fue dura, pero no tanto como para generar una matanza como lo deseaban los sectores más fascistas del gobierno dictatorial, también ahí hubo una pulseada. Lo cierto es que se logró el objetivo principal, se había ganado la calle con las banderas de la libertad. Eso se extendió por todo el país como una gran inyección de ánimo para seguir la resistencia.

Quedaría trunco el relato si no completo la historia del compañero veterinario que nos llevó a la manifestación en su auto, se trataba del Dr. Juan Carlos Arambillete Plada, alias Faluchi. Años después pudimos acomodar todas las piezas del puzzle; fue precisamente cuando cae detenido el Compañero Rodney Arismendi en su veterinaria de la calle 21 de Setiembre en Pocitos. Faluchi había sido sacado de la militancia algunos años antes para apoyo a las tareas de los compañeros de la dirección del Partido, ya se preveía la necesidad del trabajo clandestino; a él le toco albergar a Arismendi, Secretario General del PCU y uno de los dirigentes más buscados del momento. Tenía esa veterinaria para ricos como fachada.

Tiempo después, el propio compañero nos contó que fue Rodney Arismendi, enterado de que lo habíamos puesto en el dilema de llevarnos al 1º. de mayo en su auto o quedar definitivamente mal con nosotros, le ordenó hacerlo con algunas medidas de precaución, llevarnos unas horas antes y dejarnos relativamente lejos de los puntos calientes. 

Sirva este recuerdo de homenaje al querido compañero Faluchi Arambillete, fallecido hace ya un tiempo.  

 

Fue escrito en abril 2020- año de la Cuarentena.

Gustavo Guarino
2026-04-30T18:35:00

Gustavo Guarino

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias