Qué necesidad. Danilo Arbilla
03.04.2026
El presidente uruguayo Yamandú Orsi fue invitado por Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, para participar del lanzamiento de la plataforma "Movilización Progresista Mundial". Si va, deberá viajar a Barcelona este mes.
Se trata de una iniciativa del inefable Sánchez para "facilitar las sinergias y la alineación entre las formaciones de centroizquierda". Tomá! Se dice, para ser más claro, que la idea es "ofrecer una alternativa necesaria a las fuerzas conservadoras y de extrema derecha" en un "momento en que el mundo se enfrenta a una coyuntura crítica". ¿Un momento oportuno? Según como se le mire.
La presencia de Orsi los vestiría algo mejor. Irán Lula de Brasil, nuestro paradigma -¿hasta cuándo?- y Petro de Colombia, quien no podrá asumir compromisos por muchos meses. No figuran como invitados, según lo que se sabe, Daniel Ortega de Nicaragua ni Miguel Díaz-Canel de Cuba; quizás por ser de izquierda o extrema izquierda. O quizás para esconderlos, -son medio impresentables- aunque estará Luis Rodríguez Zapatero, el expresidente español, más notorio como el gran amigo de la Venezuela chavista en general y de Nicolás Maduro en particular.
Objetivamente Orsi les levanta el promedio. Es que los nombrados señores que allí estarán podrían también aprovechar "el momento" para lanzar una plataforma de presidentes presuntamente con problemas vinculados a la corrupción, según se ventila y se investiga en su respectivos países, por "involucramiento" de ellos mismos o de parientes muy cercanos y/o allegados muy estrechos. Vaya uno a saber.
La pregunta es: ¿será necesario y oportuno en este momento que el presidente de Uruguay se embarque en esa cosa? Anda mucho loco suelto por aquí, por allá y por todos lados y hay que manejarse con prudencia. Sánchez está jugado, solo le falta declararle la guerra a EEUU. En algo se parece al israelita Benjamín Netanyahu: tratan de demorar o tapar problemitas internos. Brasil con Lula a la cabeza viene de ala caída, ya no es el país potencia -de futuro- de tiempos pasados, razón por lo cual, quizás, en Cancillería deberían revisar el manual seguido hasta ahora. ¿Y Petro?; es cuestión de meses, dicen en Colombia.
Para Uruguay no es fácil, tiene que hilar fino. Javier Milei no tiene problema, lo de él es visceral, además no es muy audaz pensar que lo tiene (Trump) medio agarrado de los pelos (por decirlo así).
Es claro que aquí el gobierno no puede ni debe meterse en lo que hacen los partidos políticos, aun aquellos que son parte importante de la coalición de izquierdas que gobierna. Se explicarían así los saludos a la bandera: lo del Presidente del Frente Amplio a Cuba, las posiciones ultras en relación al Medio Oriente, sus organizaciones terroristas y la guerra, -un visita y meras declaraciones es cierto- y por supuesto su antiimperialismo que se arrastra desde la Unión Soviética y el siglo pasado y resulta ser la lamparita que ilumina y explica lo que sea, incluso que dos más dos no es cuatro.
Se va caminando por una cornisa que es la que deja libre este alocado mundo de ahora y, por tanto, el espacio no es mucho; hay que hacerlo con cuidado entonces. Tenemos problemas internos serios y que pueden ser más serios todavía: que necesidad de salir a comprar otros más afuera.
Danilo Arbilla
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias