Ramón Fonticiella
09.08.2024
Una especie de Menem
Posiblemente parte de la población uruguaya no sepa o no recuerde quién fue Carlos Saúl Menem. Gobernó la República Argentina entre 1989 y 1999. Cuando dejó el gobierno, pocas empresas le quedaban al Estado argentino, Ménem las había vendido a casi todas. Extraño en alguien que se auto consideraba peronista y había accedido por el Partido Justicialista. No debería ser cosa de uruguayos, ocuparnos de los vecinos, pero en este caso creo que vale como ejemplo.
Tan pronto llegó a su primera presidencia, Carlos Menem (siempre de impecable presencia) se dedicó a mostrarse como un presidente piola, popular, campechano. Si les suena parecido a alguien de este lado del río, no están equivocados.
El presidente Menem era nacido en La Rioja, provincia de la que fue gobernador, desde donde cultivó su figura para posicionarse en calidad de presidenciable. Esa época coincidió con mi transitoria etapa de periodismo en Argentina, por lo cual tuve oportunidad de entrevistarlo y de valorar lo que acabo de decir en cuanto a sus características populistas. En la ciudad donde ejercí el oficio, se comentaba que Carlos Menem lucía un pulcro peinado de melena y patillas largas, en su afán de identificarse físicamente con Facundo Quiroga, quien en el siglo XIX fue caudillo federalista y gobernador riojano. Para las clases académicas, personificadas por su primo carnal Domingo Faustino Sarmiento, Quiroga fue el símbolo de la barbarie. Pero esto no es el centro de la nota.
El presidente Menem, seguramente conocedor del estereotipo popular porteño de la época, rápidamente se presentó públicamente en actividades insólitas para un mandatario, pero que a la población le sacaba sonrisas. Se hizo incluir en la selección argentina de fútbol en un partido de exhibición, televisado a todo el mundo, en el que lució la camiseta número cinco: "centrojá". También participó de un partido de exhibición de tenis de nivel profesional, transmitido por la televisión estatal argentina. Esas y otras acciones de alta exposición pública, poco tenían que ver con la gestión de gobierno del presidente Menem, pero popularizaban su figura. Mientras, sus equipos de conducción iniciaban el desmantelamiento del patrimonio productivo estatal argentino y en diez años lo llevaron a la postración económica y social. Cualquier similitud con este lado del río, no es casualidad; son formatos de gobierno que priorizan la privatización y la tilinguería al bienestar de las mayorías populares.
No me sorprende ni me enerva, que el presidente Lacalle Pou eche mano a gestos populistas, como el de salir a caminar por 18 de Julio luego de "inaugurar" un local de UTU, que según he leído no tendría ascensor en funcionamiento a pesar de sus varios pisos, ni personal de servicio. Son gestos típicos de populistas que se creen estadistas; propios de quienes tratan de esconder normas constitucionales, como no participar en contiendas electorales, detrás de biombos teatrales llamativos.
Aunque como demócrata me duela, son también gestos de este tiempo, proclive a las pantomimas vacías, que valoran la supuesta diversión de músicas, jaranas y deschaves, más allá de que su resultado sea NADA para la población.
No me preocupa que Lacalle siga cultivando su ego de cara a las elecciones de 2029. Me molesta que se le tolere el uso del Estado para sus fines personalistas. Sólo la concientización de gran masa de la población, hará que toda ella pueda construir verdaderos presente y futuro, empezando por la defensa de la Constitución, la Ley y el derecho de todos. El presidente y sus adictos pueden tomar el camino político que quieran, pero sin involucrar al Estado. Sin regalar el puerto, sin enajenar el país (recordar a Menem), sin prostituir la administración ni debilitar la Justicia. La libertad de elegir caminos es total, si se respeta el sendero ajeno, si no se engaña, no se miente ni se manipula al Estado. Quienes crean que esta situación no los involucra, porque no les interesa la política, pueden darse cuenta tarde.
Cada uruguayo es dueño de su destino. No se cambia por "un plato de lentejas": un puesto en Salto Grande, un terreno, un cargo o una selfie...
Ramón Fonticiella es Maestro, periodista, circunstancialmente y por decisión popular: edil, diputado, senador e intendente de Salto. Siempre militante
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