El que no llega la queda

Ramón Fonticiella

23.08.2024

Hace días que el candidato blanco Álvaro Delgado prometió que, cuando sea presidente, su gobierno dará un premio a los estudiantes pobres que terminen el liceo. La propuesta ha levantado aplausos y silbidos, según las visiones políticas de los ejecutores.

A mí me suena como "el que no llega, la queda". Han pasado como dos semanas. He leído y escuchado más críticas que reconocimientos, posiblemente porque visito mayor cantidad de sitios que se oponen al conservadurismo, que aquellos que lo apoyan.

 Estas líneas las hago después de leer los conceptos de alguien que, como yo, es docente: Emiliano Mandacén. Me permití escribirlo con tilde en la é, porque así los nombrábamos en Salto a quienes, creo, pueden ser sus antecesores. Me refiero a los apreciados vascos Mandacén, sencillos comerciantes primero, elaboradores de viandas después (de aquellas que se llevaban en bicicleta de reparto en unos recipientes de aluminio o de esmaltado, que tenían un plato para cada comida e iban superpuestos). Disculpen esta imprescindible recordación de quienes, creo, eran los abuelos del dirigente y de quien estimo fue su papá (el apreciado amigo Totín) y de su tío (el Quique, como yo lamentable jugador de básquetbol juvenil del club Universitario); es una necesidad personal, que ruego me permitan deslizar, sin que forme parte de la razón del artículo.

El profesor Mandacén ha dicho en Caras y Caretas que " la propuesta de Delgado no es un simple incentivo, sino que forma parte de una "profunda batalla cultural" en la que se impone la idea de que el éxito es puramente individual, derivado únicamente del esfuerzo personal. Según Mandacen, esta visión meritocrática ignora las desigualdades estructurales que existen en la sociedad y que afectan directamente las oportunidades de los estudiantes."

Modestamente comparto el criterio del dirigente gremial,  quizás por coincidencias profesionales. Quienes nos hemos desempeñado en la educación en territorios pobres, sin incentivos culturales provenientes del entorno social o familiar, sin que los chiquilines tengan integradas aspiraciones intelectuales o de oficio que alienten la aprehensión de conocimientos como elementos naturales para su desempeño vital, no podemos admitir que unos pesos de premio les abran la cabeza al aprendizaje, les desarrollen neuronas que quizás no se instalaron por falta de alimentos o que lleguen sólo por impulso personal.

Posiblemente el candidato Delgado y  quienes le acompañan desde su " torre de marfil" (parafraseando a Rubén Darío), crean que basta con hacer méritos y esforzarse, a despecho de las condiciones socioeconómicas, psicológicas y hasta físicas de los muchachos pobres. Quienes no tienen derecho a pensar así, son las personas formadas para educar en democracia; nutridas por estudios serios, deberían saltar como por un resorte, para decirle a Delgado que ofende la inteligencia de sus seguidores ilustrados y desposeídos de afán de aprovecharse de los menos pudientes. Como maestro me duele que las palabras del principal candidato del gobierno, corran como un elixir embobante sobre la inteligencia de los profesionales de la educación, de la salud y de la sociología que apoyan al gobierno, sin sentirse ofendidos.

No me refiero a "los miembros de los quintiles más bajos" de la población, a quienes seguramente les atraerán esos pesos, sin pensar que lo natural es que los tuvieran siempre  para criar y educar a sus hijos. La pobreza no es un delito, y quienes la sufren no son culpables. Ojalá aparezcan las manos socráticas que ayuden "el parto de sus ideas" y cooperen para que las comunidades COMO TALES (y no como individuos), puedan desarrollarse.

Respetuosamente, creo que este es un elemento que pinta los objetivos de una parte del espectro político: sin claridad, sin respeto, sin consideración (no compasión) por los más débiles. Parece que sólo importa tener jornaleros (físicos o mentales) aptos para servir a quienes son fuertes por herencia, casualidad o vaya a saber por qué...

Me permito rogar que lo dicho se considere al decidir qué camino electoral elegir: puede determinar el destino de todos.

 

Ramón Fonticiella

Columnistas
2024-08-23T08:05:00

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