Relato mata dato. "La verdad no existe, se crea". La consigna universal de las derechas. Carlos Pérez Pereira
19.02.2026
Terminé de ver la serie española "SALVADOR", con Luis Tosar y Claudia Salas. Ambos excelentes en sus papeles, bien acompañados por un elenco que no desfallece, salvo en algún avatar provocado por la propia anécdota.
Los nombres de los dos principales actores, son un reaseguro para salvar cualquier inconveniente surgido del manejo de situaciones por el director y su equipo. Que no siempre aciertan. Estas series que se alargan más allá de lo deseado o esperado, requieren un alto grado de improvisación que conduce a la repetición inútil de escenas, tomadas desde diversos ángulos. O pasan a primer plano a personajes a los que se les da vida con algún extraño artilugio que solo la magia del cine puede lograr, para desorientar a quienes aún nos manejamos con esquemas de antiguos relatos policiales de Séptimo Sello.
La serie va más allá de la sospecha de quién asesinó a la hija de un conductor de ambulancias (Luis Tosar, quien, pese a ser médico de profesión, por su alcoholismo fue degradado a chofer) e ingresa en las entrañas de los grupos prenazis que surgen en la Madrid actual. En ese transcurso lineal (con anécdotas laterales como la relación del padre con su hija, algunos amores ocasionales, etc.), el director tratará de mostrarnos los métodos y artimañas que utilizan esos grupos en su lucha por imponer los valores de una España atacada por la invasión de "negros y musulmanes que nos quitan los trabajos, nos roban lo que tenemos y violan a nuestras mujeres y niñas".
Los salvajismos e irracionalidades que surgen del accionar de "fachos y nazis" (que no deben estar muy alejados de la realidad) nos provocan la sensación de que ya vivimos en una etapa postapocalíptica, sin retornos a la vista. Con la anécdota centrada en el asesinato de la hija del conductor de la ambulancia, los neo nazis encuentran una veta para culpar a los "árabes" e inmigrantes de los crímenes que se incrementaron en Madrid y toda España luego de las oleadas migratorias. Para complicarla más, se agrega la muerte en una lucha entre hinchas del Madrid y del Marsella en una final por la Copa de Campeones de Europa. En la refriega alguien arroja un cóctel Molotov contra un policía, quien luego morirá (como tres capítulos más adelante) en una terrible agonía en un hospital. Digamos de paso, que repetidas truculencias en acciones y heridas de refriegas, a veces parecen innecesarias. Pero seguramente a mucha gente le agrada, por lo que acá se encuentran a granel. De no ser por esto, no estaría en NETFLIX ni en el primer lugar de las series vistas en España y resto de Europa. Claro que la intención del director no es que a la gente le agrade el producto por la cantidad de sangre y el horror del padecimiento de las víctimas (una concesión inevitable), sino por el sentido de fondo que le quiere dar a la serie. No sé si lo logra.
La situación es más que propicia para acusar de los asesinatos a los inmigrantes. Y ahí se advierten los mecanismos de construcción de los relatos de quienes apuntalan, desde el anonimato, la riqueza y el poder, a los activistas que se juegan en las calles y en los partidos de barras bravas infiltradas. Cuando el médico conductor de ambulancias, se reúne con el empresario conductor de los grupos nazis, ante su pregunta de "dónde está la verdad", recibe como respuesta algo que cualquier historiador o analista de sucesos recientes (o antiguos) sabe: "La verdad no existe, la verdad se crea". Una fórmula triunfante, replicada por todos los adherentes derechosos del planeta. Y para aplicar ese método no importa si lo que se dice es verdad o mentira: importa lo que la gente quiere creer. Y lo creerá.
También aparecen los policías corruptos que bloquean cualquier acción que conduzca a descubrir a los verdaderos culpables. Ellos quedarán protegidos por las redes del poder, y caerán los "chicos". El más corrupto de los policías, será trasladado a un cargo en Washington, antes que se dilucide en la Justicia las acusaciones tibias que caen sobre él. Su brindis con los demás compañeros y su mirada de sorna a la policía que descubrió sus andanzas, lo dicen todo. Habrá culpas, pero no culpables.
En fin, "SALVADOR", no nos da soluciones aceptables, porque al final triunfan los malos. Puede servir sí para lamentar que este tipo de ideologías, con sus métodos inescrupulosos, se están imponiendo en el mundo, y las democracias están escasas de recursos para ponerles coto.
Carlos Pérez Pereira
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias