República corrompida. José Antonio Vera, desde Asunción
08.06.2026
Formalmente, Paraguay nació República Independiente de España en 1811, pero su soberanía comenzó a construirse dos años después, cuando un Congreso de mil campesinos e indígenas, designó gobierno a una Junta de civiles y militares patriotas, opuestos a la dominación colonial, que fue el principal punto identitario de ese grupo.
Hasta 1816, la difícil construcción política del país, estuvo en manos de Juntas, Consulados y hasta una dictadura temporal que, a poco andar, se convirtió en perpetua, asumida y proclamada por José Gaspar Rodríguez de Francia, un Teólogo, Filósofo y Abogado, formado en la excelsa Universidad argentina de Córdoba.
La historia, cuando la investigación con rigor supera las falsedades y permite que surja su autenticidad, merece respeto, admiración y protección, dado que no faltan los intereses mezquinos que, a menudo, la relatan escribas al servicio de los intereses del secular sistema de dominación capitalista, y su clase dominante.
Resultado de su contenido revolucionario, buena parte de la narrativa de la obra ética de Rodríguez de Francia no ha escapado a esa perversidad, que lo signó hasta su muerte en 1840, sucedido con lealtad durante veinte años por Carlos Antonio López, y éste por su hijo, el Mariscal Francisco Solano López Carrillo, hasta 1870.
Poco más de medio siglo duró esa singular experiencia republicana, osada y desafiante para el imperialismo inglés y las monarquías de España y Portugal, que utilizaron a los regímenes de Argentina y Brasil, en una alianza que invadió militarmente Paraguay, con la penosa participación de Uruguay y de los contrarrevolucionarios, traidores llamados legionarios.
Lo que la historiografía, nada prolija cuando obedece al poder, registra como Guerra de la Triple Alianza (Eduardo Galeano la eternizó como Triple Infamia) y que, en realidad, fue un genocidio (con un millón 50 mil muertos, 80 por ciento de la población) perpetrado por cinco actores. Inglaterra, Argentina, Brasil, Uruguay y los legionarios, quienes iban detrás de las tropas invasoras, rematando heridos y violando mujeres.
MURIO LA REPUBLICA ¡¡VIVA LA REPUBLICA!!
Así, la primera República Independiente y Soberana de América, desapareció, pero nos legó una educación emancipadora, con alumnos que, al entrar al aula, repetían "soy paraguayo, porque nací en Paraguay", inculcando amor a su pertenencia patria, sentimiento casi en extinción hoy. "Las escuelas son los monumentos de nuestra libertad", decía Rodríguez de Francia.
El analfabetismo no existía y la mayor parte de las enfermedades "se curaban con yuyos", por médicos ñana, duchos conocedores de la generosidad de los bosques y la diversidad de plantas que explotan hasta hoy, muchos laboratorios.
El científico francés André Bompland, de visita, quedó impactado por la exuberante riqueza natural, esa que están erradicando las transnacionales de la soja transgénica y sus fumigaciones aéreas con herbicidas venenosos.
Bompland solicitó radicación en el país y Francia, celoso en proteger el patrimonio nacional, se la concedió, pero lo instaló lejos de Asunción, para tenerlo controlado por la propia comunidad e impedirle exportar hierbas sin autorización. Consciente o no, le regaló una inmensa cantera para sus experimentos.
Distinto fue la decisión del "Yo el Supremo", como firmaba Francia, con el Prócer uruguayo José Gervasio Artigas. Traicionado, el héroe ingresó al país en 1820, buscando armamento para combatir a la Junta de Buenos Aires y a Portugal.
Francia le otorgó asilo político, pero lo confinó en la espesa selva de Curuguaty, alejado de Fulgencio Yegros y otros militares amigos, que el dictador acusaba de traidores, complotando para asesinarlo. Meses después, unos veinte fueron fusilados.
En 1840 falleció Francia y su sucesor, Carlos Antonio López, cinco años más tarde, sacó de la selva y de la pobreza al caudillo de los pueblos libres. Lo instaló en su propiedad en la periferia de Asunción, donde Artigas murió en 1850, 30 años de digno y sacrificado exilio, negándose a regresar a Uruguay, "donde dicen que todavía hablan de mi". No faltaban, entonces, como hoy, enemigos de su proyecto.
En la enseñanza, pública y privada, junto con los demás servicios sociales, abandonados en estos tiempos por los tres poderes en Paraguay, es donde se comprueba la extinción del Estado social de derecho y la negación de la democracia republicana ejercida por el doctor Francia y los López, padre e hijo. Entre otras osadas medidas, el Dictador, separó radicalmente al Estado de la Iglesia Católica.
Ahora, las clases escolares comienzan con el Padre Nuestro, y egresan alumnos, hasta en las universidades, memorizando para salvar livianitos exámenes, porque los informes oficiales, presentados a organismos financieros internacionales, sólo deben hablar de meritocracia.
Ha desaparecido la categoría de aplazados, aunque se carezca de base racional y pensamiento propio. Basta con obedecer las normas impuestas. De un millar de aspirantes a docentes, sólo unos 150 salvan los exámenes, convocados cada un par de años por el Ministerio, ese órgano traicionero de su misión, que sacrifica la investigación y el estudio de la ciencia, por la formación en administración tecno-computarizada de empresas.
En esos 59 años de autodeterminación paraguaya, hubo distribución de la tierra entre quienes la cultivaban, nació la Estancia de la Patria, para abastecer el consumo del funcionariado civil y militar, sumado a la primera industria pesada de Indoamérica, metalúrgica y siderúrgica, fabricando armas y barcos, y el ferrocarril, uno de los primeros en el continente.
Fue prioridad para el Estado el desarrollo económico y el autoabastecimiento del país, explotando sus abundantes recursos naturales, "para que ninguno sea lo bastante rico, como para comprar a otro y que ninguno sea tan pobre para verse forzado a venderse a otro",
Toda esa política, soportaba un bloqueo dirigido por Londres, que no aceptada que sus barcos pagaran peaje al cruzar el Río Paraguay y que el gobierno pusiera precio a su algodón, cuya alta calidad era muy valorada por la hilandería inglesa, afectada por la disminución de la producción en Estados Unidos, su principal abastecedor, en plena Guerra de Secesión.
De ese legado sólo resta una máscara del formal sistema republicano con los tres poderes teorizados por el Cardenal Richeliu. Una promesa de iniciar una transición democrática, anunciada por la diversidad partidaria, nació en febrero de 1989, tras la expulsión del poder del General Alfredo Stroessner con 35 años de totalitarismo, sostenido por Estados Unidos y su cruzada anticomunista.
GUERRA Y ASOMO REPUBLICANO
A mediados de la década del veinte, las angloamericanas Texaco y Esso, tenían estudios que confirmaban la existencia de petróleo en la vasta zona del Chaco Boreal, que une a Paraguay y Bolivia, cuyos gobiernos cayeron en la trampa que los convenció, a cada uno y por separado, de ser propietario de esos recursos "que esperan ser explotados para que su país crezca". El chovinismo, atizado por los gringos, y la codicia, desató una guerra fratricida entre 1932/35.
Al término de la misma, con la muerte de miles de combatientes y los destrozos materiales que dejan todos los conflictos armados, un grupo de civiles y oficiales paraguayos organizó un frente político patriótico, con el Coronel Rafal Franco en la conducción. Formaron gobierno e iniciaron una substancial reforma estructural del país.
En sólo año y medio (17.02.36 al 13.08.37) el gobierno creó los Ministerios de Salud y Agricultura, las Facultades de Odontología y de Economía, fundó el Banco Central, las Escuelas Agropecuarias y de Artes Manuales, e inició la segunda Reforma Agraria en la historia de Paraguay.
Por ley, instaló el Derecho Agrario y el Derecho Obrero, estableció la jornada laboral de ocho horas, el descanso dominical, las vacaciones pagas, el aguinaldo, y el Departamento Nacional del Trabajo con protección de las madres docentes y obreras, asistió a la maternidad y a la niñez y protegió a las comunidades indígenas y a los veteranos de la guerra del 70 y a sus viudas.
Franco fue derrocado y comenzó el reinado del Partido Colorado hasta 1989, con breves gobiernos del Partido Liberal que, derrotado en la Guerra Civil de 1947, recién resurgió en el 2008, en la Alianza por la Patria, que ganó las elecciones nacionales con el exobispo Fernando Lugo, traicionado cuatro años después por su asociado, en la persona de su Vice, el liberal Federico Franco.
El General Alfredo Stoessner había asumido el poder en 1954, sostenido por Estados Unidos en todas sus crueldades, entre ellas la creación del Plan Condor que, junto con todos los déspotas de la región, eliminó a miles de luchadores antimperialistas, que militaban por conquistar cambios políticos con justicia social.
STROESSNER SE FUE PERO NO EL ESTRONISMO
Después de utilizar varios años a esa alianza de criminales y ladrones, formada por Washington, el Presidente Jimmy Carter comprendió que esa aberración ya no le servía al imperio y, aplicando la natural hipocresía del sistema, se decidió instalar en Sudamérica gobiernos con civiles obedientes, dóciles, enarbolando las banderas de la democracia y la libertad. Mercenarios, en fin.
En la noche del 2 y 3 de febrero de 1989, Stroessner fue sacado para un exilio dorado en sus propiedades en Brasil, donde mirando una foto de las nuevas autoridades, exclamó "pero, el único que falta soy yo". El estronismo prosigue, repicando a la Alemania nazi. Se fueron Adolfo, Alfredo, Augusto y otros varios, pero dejaron bien prendida su ideología en la subjetividad social de estos países.
En 1992, la transición paraguaya adoptó una nueva Constitución Nacional que, con limitaciones, resultó un avance objetivo respecto a los derechos humanos, tan pisoteados por la alianza de Stroessner con el Ejército, la Policía, el Partido Colorado, y el concentrado capital privado transnacional y lugareño.
En otro fracaso de las buenas intenciones políticas alimentadas en la región, en Paraguay, la transición a la democracia ha sido un fiasco, acabando con la inmensa alegría popular que celebró la caída del tirano, decepcionando en buen porcentaje la esperanza de cambios.
La República continúa subterránea, disimulada en instituciones formales que decoran al régimen, cuyo discurso oficial prioriza interés en el bienestar de la población, aunque ésta continúe prisionera del prebendarismo, nepotismo y corrupción que practica el aparato colorado con la complicidad del Partido Liberal, ambos con más de un siglo de poder alternado, santificando la democracia y los derechos humanos.
Otro Paraguay nació con la Guerra de la Triple Alianza (Triple Infamia, según Galeano y Cuatriple para la historia, porque la impulsó y financió el imperio inglés, endeudando a los invasores) que comenzó en 1864 con el asalto de los ejércitos de Brasil, Argentina y Uruguay, y terminó en 1870, prolongada varios años con la ocupación, hasta hoy, de unos 150 mil kilómetros cuadrados del territorio guaraní, unos 90 mil Argentina y alrededor de 60 mil Brasil.
Este último, con la complicidad de los gobiernos paraguayos, desde hace años, persiste en extender su presencia en la región oriental, la de la tierra más fértil, comprada barata por grandes inversores del agronegocio del gigante vecino.
Desde 1970, al cumplirse un siglo de la invasión brasilera, ambos países, bajo gobiernos militares despóticos, se asociaron a partes iguales en la explotación de la represa hidroeléctrica de Itaipú, de la cual el gigante se lleva el 80/90 de la producción.
Ese abuso consentido es estimulado por la corrupción de esta falsa Republica copada por la narcopolítica, que genera descomposición moral y desenfrenada codicia por los cargos públicos bien pagados, con salarios mensuales de 20 mil dólares, para la jerarquía, y de menos de 500 para el 25 por ciento de la PEA que tiene empleo, alentando el enriquecimiento rápido y fácil, y el desprecio y apatía por la actividad política del grueso de la ciudadanía.
Un reciente acuerdo del Estado paraguayo con Estados Unidos, caratulado SOFA, otorgó una generosa autorización para que el Ejército imperial se instale en el territorio guaraní, gozando de total impunidad para su accionar. Esa política, despierta preocupación en el gobierno brasileño, cuyo Presidente Luis Ignacio Lula da Silva, está forzado a repeler permanentes actos provocativos de Donald Trump.
En plena campaña electoral en Brasil, la Casa Blanca, intensificando su injerencia en la vida de los países, ya está operando con candidato propio, el ultraderechista Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente, recibido días atrás por el monarca en la Casa Blanca.
En la frontera oriental paraguaya, con fuerte presencia de cárteles del narcotráfico, se vienen produciendo algunos casos que deberían ser atendidos por las autoridades nacionales, tal la instalación en esa zona de agentes israelíes y estadounidenses, facultados por el SOFA.
Un mayor ingreso ilegal de capangas armados que conforman una policía privada al servicio de empresarios brasileros, es denunciado por grupos ciudadanos. Días atrás, en Ciudad del Este, aparecieron unos carteles con la imagen de paraguayos y la bandera albirroja, masacrados por las botas de Jair Bolsonaro, provocando repudio.
A esos elementos se suma un rumor de que estría formándose, a lo largo de la frontera, un movimiento político de brasipayos contrarios a Lula. Hechos varios que habilitan pensar que camina un plan, con el objetivo de desestabilizar a Lula en su campaña por la reeleción, con la complicidad del Estado Paraguayo que exhibe, con orgullo, su sometimiento a Trump y al genocida régimen sionista de Israel. Quien se interese por lo que fue y es hoy Paraguay, queda habilitado, con todo derecho, a pensar lo peor.
José Antonio Vera Arenas
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias