Robots y fijación de salarios. Magela Misurraco

03.04.2026

En economía existe el concepto de salario de reserva: el ingreso mínimo por el cual una persona acepta trabajar. ¿Cuánto queda de ese salario cuando el trabajo lo puede hacer un robot?

 

Ese umbral del salario de reserva depende de múltiples factores: necesidad, alternativas laborales; protección social y funciona como un punto de partida en la negociación entre trabajador y empleador.
Con la expansión de la tecnología aparece algo parecido, pero desde el otro lado de la mesa: el costo de la alternativa tecnológica.

Se ha lanzado un modelo de suscripción de un robot humanoide por aproximadamente 499 USD al mes (aunque suele haber una lista de espera considerable). Esa máquina puede limpiar, ordenar, vigilar la casa, recibir paquetes y realizar tareas rutinarias durante todo el día. No se cansa ni se enferma, no necesita vacaciones y está disponible las 24 horas. En ese contexto, el precio de esa máquina empieza a funcionar como una referencia implícita para ciertas actividades que hasta ahora dependían exclusivamente del trabajo humano.

Cuando una tarea puede ser realizada por una máquina por un precio fijo, ese precio comienza a operar como una comparación permanente en el mercado laboral. No significa que todas las personas vayan a reemplazar trabajadores por robots, pero sí introduce una nueva pregunta económica: cuánto cuesta el trabajo humano frente a la alternativa tecnológica.

Si una máquina puede realizar determinadas tareas por 500 dólares mensuales, cualquier remuneración que supere ampliamente ese costo empieza a volver económicamente atractiva la sustitución tecnológica. En ese sentido, la tecnología funciona como una especie de presión reguladora sobre el mercado de trabajo.
Este fenómeno no es nuevo. Ya ocurrió en distintos sectores. Los cajeros automáticos cambiaron el trabajo bancario, las cajas de autoservicio transformaron el empleo en supermercados; los peajes automáticos redujeron la presencia de trabajadores en las rutas y los sistemas de atención digital o chatbots comenzaron a reemplazar a operadores humanos. En muchos casos el trabajo no desaparece por completo, pero la posibilidad de automatizar limita cuánto pueden crecer esos salarios.

El caso del trabajo doméstico resulta particularmente sensible. Históricamente fue un sector intensivo en mano de obra humana, vinculado a tareas cotidianas de limpieza, mantenimiento y organización del hogar. Sin embargo, la aparición de robots domésticos, aspiradoras inteligentes, sistemas de vigilancia y asistentes logísticos empieza a modificar esa realidad.

El hogar comienza a parecerse cada vez más a una pequeña unidad productiva automatizada, donde parte de las tareas rutinarias pueden delegarse en dispositivos tecnológicos. Esto cambia dos aspectos fundamentales: por un lado, la negociación salarial, porque existe una alternativa técnica; por otro, la percepción misma del trabajo doméstico, que deja de ser una actividad exclusivamente humana.

Los robots pueden limpiar o vigilar y si presentan dificultades para ciertas tareas prontamente se corregirán porque es un mundo muy dinámico. Aún no es posible augurar si el trabajo doméstico desaparecerá, pero su salario dejará de ser un tema tecnológico, será social y comportamental.

Magela Misurraco es Licenciada en Comunicación. Opción Publicidad y Relaciones Institucionales. Udelar.

 

Columnistas
2026-04-03T05:24:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias