Rodney Arismendi y la China de hoy. Esteban Valenti

09.03.2026

El nivel de lecturas en UYPRESS y BITACORA que tuvo el trabajo sobre los grandes teóricos del socialismo, Marx, Lenin, Luxemburgo, Gramsci e incluso Bernstein -el socialdemócrata-, que realmente no esperaba y me impulsó a ir más allá, e incluir a Rodney Arismendi en este análisis.

Rodney Arismendi (el histórico dirigente del Partido Comunista del Uruguay) representa la visión estratégica de cómo un país pequeño puede insertarse en las grandes corrientes de la historia mundial. Son sin lugar a dudas junto con el peruano José Carlos Mariátegui son dos de los principales teóricos del comunismo y el socialismo en América Latina.

Arismendi fue un estudioso profundo de los procesos globales. Aunque su formación fue ortodoxa y muy ligada a la URSS, su pensamiento tiene de contacto fascinantes con la China de hoy.

Estamos sumergidos en este mundo de guerras, agresiones, caos, avance de la ultraderecha y de personajes siniestros al mando de grandes fuerzas económicas y militares. En este tiempo donde Europa pasó a ser una referencia cultural, a un ejemplo de sumisión, a transformarse en el felpudo de EE.UU. parece de lunáticos preocuparse, investigar y escribir sobre estos temas teóricos.

Yo considero que una de las derrotas más profundas, más peligrosas que ha sufrido la izquierda y en particular las fuerzas del socialismo, es su absoluto y total repliegue en el terreno de las ideas y de la batalla ideológica y cultural. No hay que protestar y quejarse, hay que combatir, también en este terreno, con ideas, que muchas veces son más poderosas que las armas. Así nació y creció la izquierda.

Antes del Enciclopedismo, el orden social se justificaba por la voluntad divina. Si eras pobre o siervo, era porque Dios lo había dispuesto. Los enciclopedistas (Diderot, D'Alembert, Voltaire) postularon que la sociedad es una construcción humana y, por lo tanto, puede ser criticada y reformada mediante la razón.  La izquierda nace de esa premisa: la realidad no es sagrada ni inmutable; es un proceso que podemos transformar.

Arismendi propuso que el camino al socialismo en países como el nuestro no es un salto al vacío, sino un proceso de acumulación de fuerzas. Él acuñó la idea de la "Democracia Avanzada": una etapa donde se transforman las estructuras económicas (reforma agraria, control de la banca) dentro del marco democrático.

China aplica algo similar con su "Etapa Primaria del Socialismo". Reconocen que no pueden llegar al comunismo pleno sin antes desarrollar las fuerzas productivas al máximo. Es un realismo político que Arismendi habría comprendido perfectamente: primero construir la base material, luego la sociedad nueva.

A pesar de ser un referente del movimiento comunista internacional, Arismendi insistía en que la revolución uruguaya debía tener su propio rostro. Fue el gran arquitecto de la unidad de la izquierda (el Frente Amplio), entendiendo que sin unidad nacional no hay soberanía ni perspectiva para avanzar hacia el socialismo.

Xi Jinping insiste hoy en que el modelo chino no es exportable como una receta rígida, sino que cada país debe encontrar su camino. Arismendi, que combatió el "calco y copia", vería en el éxito chino una validación de que el socialismo solo sobrevive si se nacionaliza.

Arismendi, en sus últimos años y en sus textos teóricos (como Lenin, la revolución y América Latina), ponía un énfasis brutal en la revolución técnico-científica. Decía que el socialismo no podía ser un reparto de la escasez, sino el dominio de la tecnología para el bienestar humano.

Hoy China es el líder mundial en patentes, de la Inteligencia Artificial, y energía verde. Han convertido la ciencia en su principal fuerza productiva. Arismendi veía esto como la única forma de que el socialismo no fuera derrotado por el capitalismo en términos de eficiencia.

Es importante notar como Arismendi vivió la ruptura entre la URSS y China (en los años 60 y 70). En ese momento, él se alineó con Moscú y fue crítico del "maoismo" de la época, por considerarlo aventurero.

Sin embargo, si Arismendi analizara la China de 2026, vería con asombro cómo ese país logró lo que la URSS no pudo: reformar su economía sin colapsar su sistema político. Arismendi siempre temió que la apertura económica destruyera al partido revolucionario; China le ha demostrado al mundo que se puede ser una potencia de mercado y mantener un control estatal férreo.

La Fundación Rodney Arismendi en Uruguay mantiene hoy diálogos constantes con intelectuales chinos, viendo en ese modelo una fuente de estudio para las "vías al desarrollo" de América Latina.

Este es un punto medular porque Rodney Arismendi fue uno de los teóricos latinoamericanos que más trabajó la transición del capitalismo al socialismo, alejándose de visiones esquemáticas.

Para Arismendi la "Dictadura del Proletariado" no era una tiranía arbitraria, sino una forma de Estado donde el poder real pasaba de las élites a las grandes mayorías. Veamos cómo su visión dialoga con la estructura de poder de la China actual:

De la "Dictadura del Proletariado" a la "Democracia Popular", Arismendi, siguiendo la línea leninista pero adaptada, sostenía que la dictadura del proletariado podía adoptar diversas formas según la historia de cada país. En sus textos (como Problemas de una revolución continental), hablaba de una "democracia de nuevo tipo".

El término oficial es "Dictadura Democrática Popular". Es casi una traducción literal de lo que Arismendi teorizaba: un Estado que es "democrático" para el pueblo (las clases que construyen el país) pero "dictatorial" (ejerce control y represión) contra aquellos elementos que intentan restaurar el orden anterior o desestabilizar el sistema.

Arismendi planteaba qué en América Latina, el proletariado por sí solo no era suficiente. Necesitaba un "Bloque de Fuerzas Revolucionarias" (obreros, campesinos, capas medias, intelectuales).

La bandera de China tiene una estrella grande (el Partido) y cuatro pequeñas que representan las clases sociales: trabajadores, campesinos, pequeña burguesía y "burguesía nacional" patriótica.

Arismendi habría visto en la China actual la realización de su teoría de Hegemonía: el Partido Comunista dirige, pero permite que otras clases (incluso empresarios) participen del desarrollo nacional, siempre y cuando acepten el liderazgo del proyecto socialista.

Para el indiscutido líder del comunismo uruguayo, la dictadura del proletariado tenía una misión económica: dirigir el capital, no ser esclavo de él.

El Estado chino controla los "puntos altos" de la economía (banca, energía, tierras, telecomunicaciones). Arismendi, argumentaba que el Estado revolucionario debía ser el "Estado-planificador". China ha llevado esto al extremo con sus planes quinquenales, demostrando que el poder político (la "dictadura" del proyecto socialista) está por encima de las fuerzas del mercado. Si un multimillonario chino va en contra del plan nacional, el Estado actúa. Esto es, en esencia, lo que Arismendi definía como el ejercicio del poder de clase.

Aquí es donde encontramos una tensión. Arismendi ponía mucho énfasis en el papel ideológico de la clase obrera. En la China actual, la clase obrera industrial sigue siendo enorme, pero la "élite" que dirige el país es cada vez más técnica, científica y burocrática.

Probablemente defendería que, mientras el Estado mantenga la propiedad social de los medios de producción fundamentales y logre elevar el nivel de vida (como lo ha hecho China), la esencia del poder sigue siendo socialista, aunque las formas hayan cambiado drásticamente respecto al siglo XX.

En Resumen, para Arismendi, la dictadura del proletariado era la herramienta para la soberanía nacional y el desarrollo. China ha usado su estructura de poder precisamente para eso: no para aislarse, sino para competir y ganar en el terreno global sin perder el control interno.

En cuanto al texto "Algunas de nuestras principales discrepancias con los camaradas chinos", Arismendi, en plena ruptura sino-soviética (años 60 y 70), mantuvo una posición crítica hacia el maoísmo de aquel entonces, pero lo hizo con una profundidad teórica que hoy nos permite releer la China de Xi Jinping con otros ojos.

Aquí te detallo las principales discrepancias de Arismendi con la China de Mao y cómo esas mismas críticas se han "resuelto" o transformado en la China actual:

Arismendi criticaba lo que llamaba el "subjetivismo" o "aventurerismo" del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. Para él, los chinos pretendían saltar etapas históricas mediante el puro entusiasmo voluntarista, descuidando la base económica-científica.

La China de hoy es la antítesis de ese "aventurerismo". Desde Deng Xiaoping hasta hoy, China ha vuelto a la tesis que defendía Arismendi: no hay socialismo sin desarrollo masivo de las fuerzas productivas. El pragmatismo técnico actual de Pekín es mucho más cercano al "socialismo científico" que Arismendi reclamaba en sus textos.

Arismendi, fiel a su formación en el Río de la Plata, miraba con desconfianza la tesis maoísta de que el campesinado era la vanguardia absoluta y que "el campo debía rodear a las ciudades". Para él, esto diluía el rol dirigente de la clase obrera y del partido como vanguardia ideológica.

China ha vivido la mayor urbanización de la historia. El "proletariado" industrial y tecnológico es ahora el corazón de China. La contradicción que señalaba Arismendi se resolvió por la vía de los hechos: China dejó de ser una nación puramente campesina para convertirse en la "fábrica del mundo", devolviéndole al obrero (aunque bajo nuevas formas tecnológicas) el papel central que Arismendi exigía.

Arismendi acusaba a la dirección china de la época de dividir al movimiento comunista internacional y de caer en un "nacionalismo de gran potencia" al enfrentarse a la URSS. Temía que China se aislara o terminara jugando a favor del imperialismo por su pugna con Moscú.

Este es el punto más interesante. Arismendi abogaba por la unidad del campo antiimperialista. Hoy, China lidera los BRICS y promueve la multipolaridad. Lo que Arismendi pedía (una potencia socialista que equilibrara el poder mundial sin dividir las fuerzas de izquierda) es, en gran medida, el rol geopolítico que China intenta jugar hoy frente a la hegemonía de EE. UU.

Si Arismendi leyera la situación actual, probablemente diría que China aprendió la lección de sus propios errores. Aquellas discrepancias que él marcó (el peligro de ignorar la economía, el riesgo de la desunión internacional y el voluntarismo extremo) fueron corregidas por el propio Partido Comunista Chino tras la muerte de Mao.

Para Arismendi, el socialismo era la "unión de la ciencia con el movimiento obrero". La China de hoy, que pone satélites en el espacio y erradica la pobreza extrema mediante big data y planificación centralizada, es mucho más parecida al ideal de "Estado Científico" de Arismendi que la China convulsa de los años 60.

Para entender realmente a Rodney Arismendi, hay que desarmar su lenguaje: él no escribía solo como un político, sino como un teórico marxista-leninista clásico que manejaba conceptos de alta complejidad.

Analicemos un fragmento clave que resume su postura frente a la China de Mao y cómo esa crítica se vuelve una "profecía" de la China actual.

"El error de los camaradas chinos no reside en su voluntad revolucionaria, sino en el voluntarismo subjetivista que pretende saltar sobre las leyes del desarrollo económico. No se puede construir el socialismo sobre la base de la penuria igualitaria; el socialismo es, ante todo, la apropiación social de la revolución técnico-científica. Sin una base material pesada y una dirección colectiva científica, el proceso corre el riesgo de deformarse en un nacionalismo pequeñoburgués." - Adaptación de conceptos de Arismendi en sus polémicas de los años 60/70.

Para Rodney Arismendi, el Partido no era solo una estructura de mando, sino el "intelectual colectivo" de la clase obrera, donde el debate interno era el motor de la verdad.

Veamos cómo choca o se encuentra esta visión con el centralismo democrático de la China de Xi Jinping en 2026:

Para Arismendi, el centralismo democrático era una unidad dialéctica: democracia en la discusión y centralismo en la acción. Él defendía apasionadamente qué sin debate de ideas, el Partido se "esclerosaba" (se volvía rígido y moría).

El énfasis ha girado fuertemente hacia el centralismo. Tras la era de relativa apertura de los 90, Xi Jinping ha consolidado mucho el mando vertical.

Arismendi seguía a Gramsci en esto: el Partido debe ser un faro cultural e intelectual que convenza a la sociedad, no solo que la mande.

China ha sustituido el "debate ideológico de masas" por una tecnocracia científica. El Partido funciona hoy como una gigantesca universidad de gestión. Las decisiones se toman basadas en Big Data, algoritmos y eficiencia económica más que en "asambleas de base" al estilo clásico.

Arismendi insistía en la formación política del obrero. China insiste en la formación técnica del ciudadano. Para Arismendi, el peligro sería que el ciudadano chino se vuelva un "consumidor pasivo" y deje de ser un "sujeto político".

Rodney Arismendi, que falleció el 27 de diciembre de 1989, luego de que su partido obtuviera la mayor votación electoral de su historia y fuera el único partido comunista en el mundo que aumentará sensiblemente su votación luego de la caída del muro de Berlín. En eso jugó un extraordinario papel un líder profundamente renovador, y en ese entonces secretario general del Partido, Jaime Pérez.

Arismendi sabía que el poder corrompe las estructuras socialistas (lo vio en la URSS). Él proponía la "vigilancia de masas" y la ética revolucionaria.  China ha lanzado la campaña anticorrupción más grande de la historia (la caza de "tigres y moscas"). Xi argumenta qué si el Partido no se limpia, colapsará como la URSS.

Aquí Arismendi y Xi estarían totalmente de acuerdo: el Partido es el garante de la soberanía, y si el Partido se descompone moralmente, la nación se entrega al capital extranjero y a la inmoralidad.

Arismendi fue un hombre de Unidad. Su mayor obra fue el Frente Amplio en Uruguay. Al observar a China, él llegaría a una conclusión realista:

"La democracia interna es necesaria, pero en un mundo de agresión imperialista, la unidad de mando es la que permite que China no sea despedazada

Para completar el análisis crítico comparativo entre los dirigentes y teóricos socialistas latinoamericanos, falta sin duda. El valor de un dirigente, de un teórico se mide no solo por lo que hizo en su tiempo, sino por su legado.

Esteban Valenti
2026-03-09T06:50:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)