Seguridad y homicidios: el debate pendiente que interpela a la izquierda. Esteban Valenti
28.10.2026
Nadie lo niega, ni el gobierno y menos la oposición: el delito sigue creciendo. Los datos oficiales del Ministerio del Interior de Uruguay para el año 2026 registran las siguientes cifras y evolución.
La comparación de los primeros nueve meses (enero - setiembre) entre ambos años presenta el siguiente registro, y específicamente el mes de setiembre:

Distribución general por motivos (Enero - Setiembre 2026)

Es notorio que los homicidios vinculados al crimen organizado ocupan el primer lugar: 168 asesinatos sobre un total de 312 representan el 53,8% del total.
Yo voy a dedicarme específicamente a los 101 asesinatos ocurridos en 9 meses por motivos desconocidos, por discusiones y altercados espontáneos, o por violencia intrafamiliar. Sumados, representan el 32,3% de los casos: prácticamente uno de cada tres homicidios obedece a estas causas. Si excluimos los casos que aún están en investigación, uno de cada cuatro homicidios se explica por un elemento muy claro: la pérdida del valor de la vida en nuestro país.
También se podría agregar que los 13 asesinatos por rapiñas y hurtos comparten este componente. Los delincuentes no salieron a matar, pero mataron.
Resumen comparativo de delitos contra la propiedad

Es claro que en el mismo período de nueve meses hubo una disminución del 4,6% en los delitos contra la propiedad en Uruguay, mientras que en los homicidios el incremento fue del 13,5%.
Todo esto no modificó en absoluto la sensación térmica ciudadana, porque la gente no camina por la calle con una tabla de estadísticas: 97.670 delitos contra la propiedad en nueve meses sigue siendo un volumen altísimo.
En Uruguay existen 1.400.000 hogares, lo que equivale a 7,0 delitos cada 100 hogares en estos 9 meses (sin considerar que muchos hogares sufren hurtos o rapiñas de forma reiterada). Expresado en frecuencia: corresponde a un delito cada 14,3 hogares. Al evaluar la distribución territorial, hay zonas asoladas que superan ampliamente esta media.
Barrios con mayor tasa de delitos por hogar
En esta categoría se distinguen dos realidades: áreas céntricas y comerciales (donde la «población flotante» dispara la tasa calculada sobre los pocos hogares residentes) y zonas de la periferia con alta concentración de delitos violentos en la vía pública.
- Ciudad Vieja y Centro (Seccionales 1.ª, 2.ª y 3.ª)
- Dinámica: Presentan la tasa más alta de delitos por hogar residente en hurtos y arrebatos.
- Causa: Cuentan con una baja densidad de hogares permanentes frente al tránsito diario de cientos de miles de trabajadores, turistas y compradores (transeúntes y comercios concentran más del 60% de los hechos).
- Unión, Maroñas y Malvín Norte (Seccionales 15.ª y 16.ª)
- Dinámica: Encabezan sistemáticamente el volumen y la tasa de rapiñas violentas de Montevideo.
- Incidencia: Alta exposición a asaltos en paradas de ómnibus, comercios barriales y vía pública en proporción al número de viviendas.
- Casavalle, Borro y Marconi (Seccional 17.ª)
- Dinámica: Tasas elevadas de rapiñas a peatones, repartidores y transporte, sumadas a la mayor densidad de homicidios y disputas territoriales armadas.
- Manga, Punta de Rieles y Villa García (Seccional 18.ª)
- Dinámica: Han mostrado una de las mayores aceleraciones delictivas recientes, tanto en delitos contra la propiedad como en violencia letal.
Barrios con menor tasa de delitos por hogar
Las zonas con menor incidencia relativa combinan tipologías suburbanas/rurales o áreas residenciales de baja densidad comercial y mayor vigilancia:
- Zonas rurales y semirrurales del oeste y norte:
- Barrios: Melilla, Santiago Vázquez, Barra de Santa Lucía, Pajas Blancas y zonas de Lezica / Colón periférico (Seccionales 22.ª y 23.ª).
- Dinámica: Muy baja concentración de transeúntes ocasionales, escasa circulación de extraños y menor actividad comercial callejera, lo que genera las tasas más bajas de rapiñas y hurtos por vivienda.
- Punta Carretas, Pocitos y Parque Rodó (Seccionales 10.ª y 5.ª):
- Dinámica: Aunque en números absolutos registran un volumen importante de denuncias (principalmente por hurto a vehículos y bicicletas en la Seccional 10.ª), al ponderar por el enorme volumen de hogares (la zona con mayor densidad habitacional de Uruguay), su tasa de rapiñas y violencia por vivienda es de las más bajas de la capital.
- Carrasco y Punta Gorda (Seccional 14.ª):
- Dinámica: Registran una incidencia mínima de rapiñas en vía pública en comparación con el resto del departamento, amortiguada por la presencia de seguridad privada, patrullaje focalizado y videovigilancia.
Resumen de la brecha territorial
- Hurtos: Registran sus tasas relativas más altas en el eje Ciudad Vieja - Centro - Cordón debido a la intensa actividad comercial y de transporte.
- Rapiñas: Se concentran con mayor severidad relativa en el arco norte y noreste de la ciudad (Unión, Maroñas, Casavalle, Manga, Peñarol).
- Menor riesgo global por hogar: Se ubica en los extremos costeros residenciales (costa este) y en las zonas semirrurales del oeste departamental.
Todos los delitos tienen en el país, y en particular en Montevideo, un componente social; pero repetir eso de forma mecánica no resuelve el problema. Necesitamos, además del plan del ministerio, una verdadera reelaboración doctrinaria de la izquierda a nivel regional, donde la inseguridad es una de las principales y más justificadas preocupaciones de la población: una nueva estrategia integral por la seguridad. Hoy no la tenemos. Vamos a seguir trabajando.
El otro factor del delito -que representa casi un tercio del total- no se resuelve con medidas administrativas ni puramente policiales: la policía no puede apostarse en cada vivienda a toda hora para evitar los femicidios (aunque sí puede prevenir mediante el uso de tobilleras), ni puede custodiar cada esquina para evitar un siniestro vial que termine en muerte, así como la sola presencia masiva en los estadios no alcanza a erradicar la violencia.
Lo mismo aplica a las muertes ocurridas en robos donde el agresor termina quitándole la vida a la víctima. Se necesita una respuesta profunda que trascienda la mera represión o las tareas de inteligencia: exige abordar un cambio cultural lento y regresivo instalado en la sociedad uruguaya, que es el desprecio por la vida.
Hemos retrocedido a épocas de barbarie, en las que la muerte se convirtió nuevamente en el método para saldar desacuerdos y disputas cotidianas. La política, a diferencia del pasado, es hoy de las actividades más pacíficas de nuestra vida cívica.
Ese desprecio por la vida constituye la mayor involución de las últimas cuatro décadas. En ella incide de manera decisiva el crimen organizado, que instaló el sicariato como práctica habitual y naturalizó el desdén por la existencia humana en todo el entramado social. También juegan su papel ciertos medios de comunicación y ficciones que banalizan el homicidio como mero recurso de entretenimiento policial. Modificar eso es una tarea compleja, pero ineludible.
Debemos reaccionar de forma articulada desde el Estado y la sociedad civil, con plena conciencia de que los resultados no serán inmediatos, pero sabiendo que los cambios que logremos representarán las transformaciones más profundas y duraderas de nuestra convivencia.
La metodología y los actores involucrados serán materia de análisis en una próxima columna.
Recuperar el orden en las calles exigirá recursos e inteligencia, pero rescatar el valor sagrado de la vida exige una batalla cultural y política que todavía no hemos empezado a dar.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)