Si Irán se fractura. Michael Mansilla
12.03.2026
Las cuatro naciones que podrían emerger del colapso de la República Islámica.
Para comprender la situación actual en Irán, es necesario reconocer la diversidad y pluralidad de la estructura nacional iraní y la exclusión sistemática de los pueblos no persas de las decisiones que afectan su desarrollo político, económico, social y cultural. Los baluchis occidentales, los árabes ahwazíes, los kurdos y los azerbaiyanos del sur.
Durante más de un siglo, el Estado iraní ha sido considerado uno de los pilares territoriales más estables de Medio Oriente. Imperios, monarquías y repúblicas han gobernado desde Teherán manteniendo intacta una geografía política heredada del siglo XIX. Sin embargo, bajo esa aparente continuidad histórica se oculta una realidad mucho más frágil: Irán es también un mosaico de pueblos, identidades y territorios cuya relación con el poder central ha estado marcada por la marginación, la represión cultural y el control militar.
Kurdos, beluchis, azerbaiyanos del sur y árabes ahwazíes forman parte de ese entramado de naciones sin Estado que habitan la periferia iraní. Juntas representan decenas de millones de personas y ocupan regiones estratégicas que rodean el núcleo persa del país.
Durante décadas, el régimen -primero monárquico y luego islámico- logró mantener cohesionada esta diversidad mediante una combinación de centralismo político, nacionalismo persa y fuerza coercitiva. Pero las tensiones acumuladas están lejos de haber desaparecido. Al contrario: la crisis económica, el aislamiento internacional y las sucesivas olas de protestas han vuelto a poner en el centro una pregunta incómoda para la geopolítica regional.
¿Qué ocurriría si el Estado iraní perdiera el control efectivo de sus periferias?
La señal inesperada en Erbil
A veces las grandes transformaciones geopolíticas comienzan con episodios aparentemente menores.
En 2025, varios concesionarios de automóviles en Erbil, capital del Kurdistán iraquí, recibieron un pedido inusual: una milicia kurda iraní adquirió cincuenta Toyota Land Cruiser LC71 en una sola operación.
¿Tiene camionetas?
Una milicia kurda iraní adquirió cincuenta Toyota Land Cruiser LC71 en varios concesionarios de Erbil, capital de la región autónoma kurda de Irak.
"Acabamos de hablar con un concesionario de coches aquí en Erbil, quien nos contó que hace dos días un hombre de una milicia kurda iraní entró en su concesionario y compró 50 Toyota Land Cruiser LC71. Ya los han visto antes: todoterrenos ideales para terrenos difíciles", informó la prensa local.
Estas compras comenzaron en 2025. Aunque se intentó mantenerlas en secreto, la logística operativa para trasladar estas camionetas no pasó desapercibida. Llegaron a través de Turquía y desde .Dubái
"Obviamente, podría ser pura coincidencia, ya que el Land Cruiser es un coche muy popular aquí. Pero que una milicia kurda iraní compre cincuenta Land Cruiser de una sola vez en este momento resulta, como mínimo, curioso".
Este modelo de vehículo es apreciado por su capacidad para transitar terrenos difíciles, lo que ha despertado especulaciones sobre un posible uso militar inmediato en un contexto de máxima alerta regional. En Medio Oriente, ese vehículo tiene una reputación muy particular. Robusto, fiable y capaz de atravesar terrenos montañosos o desérticos, el Land Cruiser se ha convertido en una de las plataformas favoritas para los llamados technicals: camionetas armadas con ametralladoras pesadas, lanzagranadas o sistemas antitanque.
Los vendedores no tardaron en notar que algo no encajaba.
"Comprar cincuenta de una sola vez no es algo normal", relató uno de ellos a la prensa local.
El hecho se produjo mientras la atención internacional se concentraba en la ofensiva misilistica de Estados Unidos e Israel, semanas antes, varias milicias kurdas comenzaron una guerra de guerrilla en el oeste de Irán. La compra masiva de vehículos todoterreno coincidió con reportes de movimientos inusuales de fuerzas opositoras kurdas en el norte de Irak, donde varios grupos armados establecieron sus bases y comenzaron a coordinar acciones políticas y militares.
Donald Trump no fue impetuoso en su ataque a Irán. Propuso brindar "amplia cobertura aérea estadounidense" y apoyo logístico a las fuerzas kurdas que se oponen al régimen iraní.
¿Planificado?
Grupos de kurdos iraníes llevaban meses entrenando con los peshmergas del Kurdistán iraquí, con apoyo de milicianos kurdos de Turquía pertenecientes al disuelto PKK.
En 2025, el PKK activo en Turquía se autodisolvió. En febrero, desde prisión, su líder Abdullah Öcalan pidió a sus miembros deponer las armas y disolver la organización para siempre. Tras el XII congreso (5-7 de mayo), la organización anunció su propia disolución el día 12. El desarme comenzó con una ceremonia simbólica de destrucción de armas en el norte de Irak el 11 de julio de 2025.
Abdullah Öcalan y Recep Tayyip Erdogan firmaron posteriormente un acuerdo de paz. Los kurdos de Turquía no obtuvieron la independencia, pero lograron el reconocimiento étnico, lingüístico y cultural, así como autonomía progresiva en varios enclaves del suroeste de la península de Anatolia.
Erdogan nunca permitiría perder partes de su territorio, pero no le molestaría dividir el pastel posbélico iraní.
En el ámbito internacional muchos se preguntan si el tan promocionado desarme fue una puesta en escena o un intercambio por armamento de última generación. Hoy el ejército iraní y su rama de la Guardia Revolucionaria se baten frente al formidable armamento de estas milicias, incluidos lanzadores de granadas, munición antitanque y ametralladoras antiaéreas de 50 mm, todas instaladas en las Toyota Land Cruiser LC71.
Kurdistán iraní
El pueblo del Kurdistán iraní constituye un rico entramado de diversidad cultural y religiosa: musulmanes sunitas (66%), musulmanes chiitas (27%), religiones indígenas y minoritarias (yarsan, yacedles), además de comunidades cristianas y judías, unidos por una fuerte identidad kurda que trasciende las diferencias religiosas.
A pesar de esta diversidad, comparten una historia común de resistencia contra la partición territorial y la supresión sistemática de sus derechos culturales y políticos por parte del gobierno iraní.
La región del Kurdistán en Irán, conocida como Kurdistán Oriental o Rojhilat, abarca una superficie aproximada de 125.000 km². Esta zona mayoritariamente montañosa incluye partes de Azerbaiyán Occidental, Kurdistán, Kermanshah y la provincia de Ilam, en el noroeste del país. No constituye un territorio continuo, sino una serie de enclaves compartidos con poblaciones azeríes.
Su ubicación estratégica en el noroeste de Irán lo sitúa en una posición fronteriza con Irak y Turquía.
Beluchistán occidental
Otra región que podría verse beneficiada por un eventual debilitamiento del poder central es el Beluchistán occidental (iraní). Sus habitantes son mayoritariamente musulmanes sunníes.
Desde hace décadas existen enfrentamientos entre el ejército iraní y milicias baluchis. En 1928 la región fue dividida entre británicos y persas. La parte oriental pasó a formar parte de Pakistán, aunque durante largo tiempo mantuvo una administración separada dentro del Imperio de la India británica.
Ambas regiones han vivido un conflicto bélico intermitente.
La población beluchi ronda los 4,8 millones en Irán, entre 8 y 10 millones en Pakistán y alrededor de 500.000 en Afganistán. El territorio habitado por los beluchis abarca unos 690.000 km², distribuidos entre 280.000 km² en Irán, 350.000 km² en Pakistán y 60.000 km² en Afganistán. La región está habitada principalmente por pueblos beluchis y brahui, junto con una minoría de persas que emigraron tras la anexión de Beluchistán en 1928.
En Irán, el idioma beluchi enfrenta importantes desafíos debido a las políticas estatales que priorizan el persa como lengua nacional. La enseñanza del beluchi está prohibida en las escuelas y las expresiones culturales beluchis están fuertemente restringidas, lo que contribuye a la erosión de este elemento cultural clave.
Aquí la independencia es un tema mucho más complejo. Sumando ambas partes se crearía un país de gran superficie que dejaría a Pakistán con escasa salida marítima. Además, controlaría el acceso al estrecho de Ormuz y gran parte del mar Arábigo.
Azerbaiyán del Sur: Bakú contraataca.
Tres provincias del noroeste de Irán -Azerbaiyán Occidental, Azerbaiyán Oriental y Ardabil- forman el núcleo del llamado Azerbaiyán del Sur. Su población habla turco azerbaiyano y profesa mayoritariamente el islam chiita.
Azerbaiyán del Sur constituye un continuo étnico, lingüístico y cultural que comienza en la actual República de Azerbaiyán.
A principios del siglo XX, la región se vio envuelta en las complejidades de la política nacional iraní. Tras la caída de la dinastía Qajar y el ascenso del régimen Pahlavi, el sur de Azerbaiyán fue plenamente integrado al Estado iraní moderno, en parte como resultado de negociaciones con la Unión Soviética.
Irán se había declarado neutral durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, con el objetivo de asegurar rutas de suministro y recursos estratégicos, tropas británicas y soviéticas ocuparon conjuntamente el país en agosto de 1941.
Tras el destronamiento de Reza Shah en septiembre de 1941, las tropas soviéticas capturaron Tabriz y el noroeste de Irán por razones militares y estratégicas. En 1945 se proclamó en Tabriz el Gobierno de la República Popular de Azerbaiyán, establecido bajo influencia soviética y liderado por Ja'far Pishevari.
La Unión Soviética proporcionó dinero y armas al nuevo gobierno. Stalin planeaba unificar las dos partes de Azerbaiyán -ricas en petróleo- dentro de la URSS. Sin embargo, el temor al expansionismo comunista, especialmente en Europa, llevó a un acuerdo internacional que forzó la retirada del ejército soviético.
La reincorporación de la región a Irán estuvo marcada por tensiones entre la población azerbaiyana y el gobierno central de Teherán, que a menudo intentó suprimir la identidad cultural y lingüística de la región.
Las guerrillas comunistas de Azerbaiyán del Sur continuaron activas durante años, dificultando el control del régimen de Reza Pahlavi y participando indirectamente en el contexto político que facilitaría el regreso del ayatolá Jomeini.
Bakú contraataca. Los turcos azeríes fundaron la organización Azerbaiyán del Sur que busca dividir a Irán en 2023.
Con el beneplácito del gobierno del dictador azerí Ilham Alíyev se informó desde la capital Bakú, nació la organización "Azerbaiyán del Sur", cuyo objetivo es crear un estado azerbaiyano independiente en Irán, para restaurar el gobierno nacional de Azerbaiyán declarado por los azerbaiyanos que vivían en Irán en 1945-1946. Un movimiento civil no violento, para aclarar.
En el grupo iniciador se incluye un grupo de figuras públicas y políticas. El congreso de fundación del "Consejo Nacional de Estado de Azerbaiyán del Sur" se llevará a cabo en línea el 30 de abril.
Junto con el coordinador del grupo de iniciativa, Chingiz Goytürk, el grupo incluye al presidente de la "Organización para la Independencia de Azerbaiyán del Sur" Saleh Yildirim, el fundador del canal de televisión por satélite "Gunaz" Ahmed Obali, el presidente de la "Organización Democrática Turca de Azerbaiyán del Sur". La Organización"Azhdar Taghizade y el miembro de la Junta del Partido de Liberación Nacional Sadik Isbeyli, más "El frente de Azerbaiyán del Sur".
Al enumerar estos nombres que no dicen nada a los lectores o son conocidos por pocos, la agencia "Turan" informó que la sede de la organización estará en Finlandia. Su propósito es crear un estado independiente de Azerbaiyán del Sur.
Un miembro del grupo de iniciativa, Azhdar Taghizadeh, afirmó que el régimen iraní ha seguido sistemáticamente la política de asimilación de los turcos y que los defensores de sus derechos han sido objeto de represión.
Taghizade afirmó que el movimiento de liberación nacional que comenzó en el "Azerbaiyán del Norte" en 1988 ahora se ha extendido al "Azerbaiyán del Sur", y los turcos azeríes de Irán se están politizando más y buscan unirse en una organización que luche por sus derechos e intereses nacionales.
Azerbaiyán del Sur y el pan turquismo.
Azerbaiyán del Sur es una región al noroeste de Irán, que se ubica al sur de Armenia y de la República de Azerbaiyán. La ciudad más importante es Ardabil y la región cuenta con una amplia diversidad geográfica y medio ambiental, a partir de sus montañas, valles, bosques y lagos.
Azerbaiyán del Sur está poblada por los turcos azeríes musulmanes Shi´a que hablan un dialecto del turco. Los expertos consideran que es muy difícil ofrecer una cifra exacta sobre el total de la población, porque las autoridades iraníes alteran las estadísticas oficiales a conveniencia, pero calculan en 30 millones.
Los azeríes del sur reniegan de la milenaria Persia y su heredera Irán, y quieren ser parte de la cultura panturquista, nacionalista y religiosa promovida por los turcos en la región desde el siglo XIX.
Arabistan o Juzestán.
En este caso, la población local no busca necesariamente la independencia, sino reconocimiento cultural.
Los árabes ahwazíes suman entre 5 y 7 millones de personas y habitan principalmente la provincia de Al-Ahwaz (Juzestán), con una superficie aproximada de 89.000 km² en el suroeste de Irán. Se consideran un pueblo distinto debido a su identidad cultural, lingüística e histórica arraigada en la región. Sus vínculos con la antigua Mesopotamia y su prolongada presencia en el territorio han reforzado esa identidad.
Desde el siglo XVI, Juzestán se arabizó gradualmente debido a la llegada de colonos árabes provenientes de Mesopotamia, como los Banu Ka'b. En calidad de árabes chiitas fueron invitados por los safávidas para actuar como baluarte contra el Imperio otomano, y la parte occidental de la región pasó a conocerse como Arabistán.
Con el tiempo también se sumaron comunidades chiitas provenientes de Irak, muchas de ellas emigradas durante periodos de represión bajo gobiernos dominados por minorías sunníes, especialmente del dictador Saddam Hussein.
Hoy la región produce aproximadamente el 85 % del petróleo iraní, pero pese a ello los árabes ahwazíes enfrentan fuertes desigualdades económicas y sociales respecto a la mayoría persa. Las políticas discriminatorias y los proyectos de reasentamiento estatal han provocado desempleo, pobreza y degradación ambiental.
Además, los agricultores ahwazíes han sufrido confiscaciones de tierras, lo que ha erosionado su identidad cultural y aumentado el sentimiento de marginación.
Los árabes ahwazíes siguen prácticamente sin representación política dentro del sistema iraní. El reconocimiento de su derecho a la autodeterminación cultural podría ayudar a resolver antiguas reivindicaciones y contribuir a una sociedad más inclusiva y estable.
Sin embargo, no buscan necesariamente la independencia, en parte porque ya existe un país de mayoría árabe Irak chiita cruzando la frontera con el que mantienen lazos familiares, culturales y políticos. Su demanda principal se centra en el reconocimiento cultural y una mayor participación en los ingresos generados por los campos petrolíferos.
¿Una fragmentación real?
El nacionalismo persa ha excluido sistemáticamente las lenguas y culturas no persas de la educación y los medios de comunicación, negando en gran medida la realidad multicultural del país.
Los activistas que defienden los derechos de estas minorías enfrentan severa represión, incluidas detenciones arbitrarias, tortura y encarcelamiento.
Sin embargo, la creación de nuevos países sigue siendo más una hipótesis que una realidad inmediata. Existen decenas de movimientos separatistas en todo el mundo, incluida Europa, y el reconocimiento internacional de nuevas entidades podría desencadenar un efecto contagio.
Además, si se toman como ejemplo Estados relativamente recientes como Kosovo, Sudán del Sur, la fragmentación podría derivar en nuevos Estados frágiles o fallidos.
Por ello, es más probable que en el futuro surjan entidades federadas o regiones autónomas dentro de Irán, antes que una fragmentación completa del país.
Sin embargo, la historia de Medio Oriente demuestra que los Estados aparentemente sólidos pueden fracturarse con sorprendente rapidez cuando el poder central pierde legitimidad o capacidad de control.
Pero en un mundo donde las fronteras vuelven a ser objeto de disputa, incluso los mapas más antiguos pueden empezar a resquebrajarse.
Y en las montañas del Kurdistán, los desiertos beluchis y las ciudades petroleras del Golfo, muchos observan con atención el horizonte, preguntándose si el siglo XXI podría traer consigo una nueva reconfiguración territorial de Medio Oriente.
Michael Mansilla
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