Si, necesitamos el glifosato, pero no lo queremos en nuestra mesa. Michael Mansilla
04.05.2026
La lucha contra el glifosato no tiene por qué ser una batalla de todo o nada. Pero en este momento de múltiples conflictos bélicos, cambio climático, el encarecimiento y escases fertilizantes, la FAO nos dice que la agricultura, especialmente cereales, a nivel mundial se paralizaría si el glifosato desapareciera mañana.
La lucha contra el glifosato no tiene por qué ser una batalla de todo o nada. En este momento, así es precisamente como se plantea el debate. Por un lado, se nos dice que la agricultura a nivel mundial se paralizaría si el glifosato desapareciera mañana. Incluso se ha elevado a la categoría de cuestión de seguridad alimentaria. Pero no lo dice cualquiera, lo dice la FAO. Por otro lado la sociedad, se siente cada vez más incómoda, con la cantidad de químicos presentes en sus alimentos y desean que estos insumos desaparezcan por completo. Mientras tanto, las empresas químicas buscan activamente protección legal de parte de los países donde la sustancia es utilizada, El complejo agroquímico a perdido control absoluto y se ve jaqueado por miles de demandas.
El movimiento de las llamadas "mamás MAHA" (Make America Healthy Again), tiene mucho que plantear. Entre sus principales preocupaciones estaba el herbicida de uso común glifosato, así como los llamados a reducir su uso y evaluar su seguridad.
En este mayo, la Corte Suprema de EE. UU. escuchará argumentos en un caso que podría definir una larga disputa sobre si uno de los herbicidas más utilizados en el país es seguro, un tema que se considera una prueba del poder real del movimiento Make America Healthy Again en Washington.
La demanda contra Bayer, fabricante de Roundup -nombre comercial del glifosato-, determinará si las personas pueden seguir demandando a la compañía por enfermedades presuntamente causadas por su producto.
Bayer enfrenta más de 170.000 demandas en EE. UU. (a marzo 2026) por supuestos efectos cancerígenos del glifosato (herbicida Roundup) adquirido con Monsanto, habiendo resuelto unas 114.000 y acumulando costos superiores a los 10.000 millones de dólares. Las demandas alegan principalmente linfoma de Hodgkin, con fallos mixtos que incluyen sentencias multimillonarias y victorias de la empresa.
Bayer busca que la Corte Suprema de EE. UU. finalice los litigios tras años de batallas legales. Aunque ha ganado casos recientes, la empresa sigue enfrentando nuevas demandas y sentencias, los demandantes, que incluyen trabajadores agrícolas y jardineros, sostienen que la empresa conocía los riesgos de cáncer y ocultó información. Además de EE. UU., se han presentado casos en otros países, como Francia y una demanda colectiva rechazada en Chile. La Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) de la OMS clasificó el glifosato como "probablemente carcinógeno" en 2015.
Postura de Bayer mantiene que el producto es seguro, basándose en regulaciones como las de la EPA (Agencia de Protección Ambiental de EE. UU.), que consideran que no es probable que sea cancerígeno. A pesar de los acuerdos, Bayer ha sufrido pérdidas millonarias y sus acciones han sido afectadas por la incertidumbre de los juicios, que siguen siendo un desafío significativo para la multinacional. Bayer ha gastado más de 10.000 millones de dólares en resolver litigios relacionados con Roundup desde que adquirió a su fabricante, el grupo estadounidense Monsanto, en 2018.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el glifosato es probablemente cancerígeno para los humanos. Bayer alega que el herbicida es seguro, basado en estudios científicos y las autorizaciones de agencias reguladoras.
La máxima Corte de Estados Unidos aceptó revisar la apelación de Bayer contra un fallo de un jurado de Misuri que otorgó 1,25 millones de dólares a un hombre, John Durnell, quien afirmó que Roundup fue responsable de su cáncer, uno de los miles de juicios contra la empresa por la "falta de advertencias" en el producto.
Bayer sostiene que debería estar protegida de las demandas estatales, ya que la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) aprobó la venta de Roundup a consumidores y agricultores sin ningún tipo de advertencia.
Bayer se defiende.
La defensa de Bayer se sustenta en que el glifosato es indicado como herbicida de jardín, pero su polivalencia en la agricultura hace que se le de usos variados. Además, el glifosato original viene con la advertencia de que si es un producto toxico, contiene indicaciones mascarillas y traje de protección para su aplicación. Para Bayer el glifosato es un producto para jardinería. La cuestión es que Bayer vende los principios activos del glifosato a terceras empresas lo mezclan con otros químicos y lo comercializan como un producto para la agricultura intensiva. ¿Bueno entonces cual parte de la culpabilidad de Bayer? ¿Bayer desconocía esta situación?
La mayoría de la gente no se da cuenta de que el glifosato tiene dos usos muy diferentes en la agricultura.
El primer uso es el que todos reconocen. Un agricultor lo rocía para eliminar las malas hierbas. Se puede aplicar antes de la siembra, en campos con semillas resistentes a herbicidas, en los pasillos de los huertos, a lo largo de las cercas o alrededor de los invernaderos. Este es el uso tradicional para el control de malezas que la mayoría de la gente imagina al pensar en Roundup.
El segundo uso es mucho más preocupante. En cultivos de cereales como el trigo, la avena, la cebada y el centeno, el glifosato se utiliza a menudo como desecante previo a la cosecha. Se rocía directamente sobre el cultivo poco antes de la recolección para secarlo de manera uniforme y permitir a los agricultores cosechar según un calendario predecible, en lugar de depender de las condiciones climáticas y los niveles de humedad natural. Esta misma práctica se utiliza en legumbres como los garbanzos, soja y las lentejas, que suelen presentar algunos de los niveles de residuos más altos precisamente porque el producto químico se aplica muy cerca de la cosecha.
Anteriormente, se usaban secadores de aire caliente, especialmente usando gas natural o GNC, pero esto enfrentaba un alto costo y escases en el uso del combustible.
Glifosato en la carne.
La cría intensiva de carne aviar, porcina y en la última etapa de engorde del ganado bovino, se realizan con estos cereales. El glifosato da positivo en la proteína animal. Las consecuencias, la carne bovina del "Uruguay Natural", es rechazada por China (como la 3ra vez que sepa yo) por rastros de glifosato, siempre achaca a un "error humano", que funciona como un bucle. Hasta que la República Popular China nos vete totalmente la entrada de carne uruguaya a su mercado.
Esa distinción es importante.
Antes de que esta práctica se generalizara, el momento de la cosecha dependía de la humedad, la temperatura y el contenido de agua. Los agricultores cosechaban en un periodo óptimo para evitar que los alimentos se estropearan. La desecación previa a la cosecha cambió esto, creando un sistema que depende menos de la naturaleza y más de la química. Al hacerlo, introdujo una vía mucho más directa de exposición a sustancias químicas en la cadena alimentaria. Pero la cosecha está garantizada.
Aquí es donde se podría trazar una línea política significativa.
El paso más sencillo, pero el importante para mejorar la salud pública sin desestabilizar todo el sistema alimentario, podría poner fin al uso de glifosato como desecante previo a la cosecha en cultivos alimentarios. Podría distinguir entre el control de malezas y la aplicación directa de un herbicida en los cultivos pocos días antes de la cosecha. Esa sería una política clara y comprensible. Además, estaría en consonancia con el sentido común. Pero el sentido común no siempre funciona.
La agricultura, orgánica, bajo plástico, realmente solo funciona bajo invernadero, bajo continuo seguimiento y siempre hay una excepción ante la infestación de plagas, hongos. La agricultura orgánica no es barata y su producción no garantiza la seguridad alimentaria a nivel mundial. El cacao libre de químicos representa menos del 1% del total mundial.
Un caso paradigmático es el de la Republica de Sri Lanka (antiguo Ceylán) en escaso de fondos para comprar fertilizantes y otros productos para la agricultura, en 2023, aposto a la "agricultura verde". Perdió el 70% de sus cosechas y fue necesario que India, su vecino más próximo proveyera de alimentos.
La historia del glifosato hace que esto sea aún más sorprendente.
El glifosato se sintetizó por primera vez en 1950 durante una investigación farmacéutica. Posteriormente, se patentó como agente quelante, lo que significa que se une a los minerales, y se utilizó para limpiar sistemas y tuberías industriales. Sus propiedades herbicidas se descubrieron en 1970 y poco después se comercializó como Roundup. Con el tiempo, se desarrollaron patentes adicionales que describían propiedades antimicrobianas relacionadas con su mecanismo de acción. En otras palabras, este producto químico se ha utilizado en múltiples industrias y aplicaciones a lo largo del tiempo. No se desarrolló originalmente como una necesidad agrícola, y su función se ha extendido mucho más allá del simple control de malezas. Y ahora, se está rociando directamente sobre los cultivos alimentarios poco antes de la cosecha.
Existe otra inconsistencia que merece atención. Los niveles permitidos de residuos de glifosato son significativamente más altos en los cereales que en muchas frutas y verduras. Esta diferencia puede deberse a la forma en que se utiliza el producto químico, pero para la persona promedio, plantea una pregunta obvia: ¿Por qué debería ser más aceptable en una categoría de alimentos que en otra? Al fin y al cabo, todo termina en el cuerpo humano.
Aquí es donde falla el planteamiento de todo o nada.
Se nos dice con frecuencia que cualquier desafío al glifosato representa una amenaza para todo el sistema agrícola. Pero existe una diferencia significativa entre replantear las estrategias de control de malezas en millones de hectáreas y simplemente decidir que no deberíamos rociar este químico directamente sobre los cultivos alimentarios justo antes de la cosecha.
Acabar con la desecación previa a la cosecha no acabaría con la agricultura moderna. No eliminaría de la noche a la mañana todos los usos del glifosato.
Pero eliminaría una de las vías de exposición más directas en nuestro sistema alimentario.
Existen alternativas emergentes, desde el control robótico de malezas hasta sistemas biológicos que trabajan en armonía con la naturaleza en lugar de en su contra. Pero un cambio significativo rara vez ocurre de la noche a la mañana. Requiere pasos. Este es un primer paso obvio.
El argumento de que el glifosato no afecta al cuerpo humano se basa principalmente en la idea de que los humanos no poseen la vía biológica específica a la que se dirige en las plantas. Sin embargo, la microbiología de nuestro intestino sí depende de esa vía. El ecosistema interno que sustenta la digestión, la inmunidad y la salud en general podría no estar tan libre de efectos como creíamos.
Como mínimo, esa incertidumbre debería generar cautela, no complacencia.
No nos vemos obligados a elegir entre mantener nuestro sistema alimentario y proteger la salud humana. Nos enfrentamos a la decisión de si estamos dispuestos a establecer límites razonables. Eliminar el uso de glifosato como agente desecante previo a la cosecha en cereales como el trigo, la avena y la cebada, así como en legumbres como los garbanzos, la soja, el maní y las lentejas, no resolvería el problema por completo. Pero supondría un cambio significativo. Reduciría la exposición directa a productos químicos en la cadena alimentaria. Restablecería cierto equilibrio entre eficiencia y responsabilidad. Y demostraría que somos capaces de tomar decisiones con criterio en lugar de recurrir a medidas extremas.
Michael Mansilla
michaelmansillauypress@gmail.com
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