Sistema carcelario: ¡manos a la obra!
05.08.2026
La gestión penitenciaria lleva décadas de desencuentros que lo asimilan a un cruce interminable de caminos sin que logren enfocar la ruta a otro destino que no sea el seguir hacinando gente.
A pesar de ese triste y descontrolado derrotero hoy pareciera que los caminos dejan de cruzarse para confundirse en uno solo consiguiendo que el sistema político empiece a sintonizar una misma visión del problema. La disyuntiva estaba entre los que querían un cambio y los que no se animaban a llevarlo a cabo, algo que parece empezar a cambiar. Hoy asoma una visión compartida que abre la oportunidad de empezar a construir un sistema centrado en la inclusión como objetivo.
Los consensos alcanzados en la designación del Dr. Daniel Radío como Comisionado Parlamentario para las cárceles, es una fuerte y esperada señal que alienta la esperanza de iniciar los cambios que el sistema penitenciario necesita. Pero, solo con un amplio consenso no alcanza si no somos capaces de comprender que hay que generar alternativas para esos miles de privados de libertad que hoy padecen la tranca como única opción.
Con un sistema que condiciona a su población a seguir profundizando las mismas calamidades que la llevaron a delinquir y que terminan haciendo un posgrado del crimen en lugar de ese tiempo de resocialización que impone la Constitución de la República, solo podemos profundizar la crisis.
En el estado actual de situación no podemos negar la imperiosa necesidad de invertir en el sistema, porque sería inútil decir lo contrario para una gestión que está al filo de la implosión. Seguir acumulando gente en espacios superados totalmente nos aleja cada vez más de un derrotero que permita otra cosa diferente a la exclusión y el abandono de cada interno. Un abandono que los deja expuestos a ser captados por el circuito criminal como única posibilidad.
Pero solo con construir más cárceles no alcanza si no ponemos otros elementos en el plato de la balanza: trabajo y educación. Instrumentos que se vuelven indispensables para desplazar al delito de los espacios donde no debieran tener ninguna oportunidad como es una cárcel. Si no generamos esas oportunidades ni sumamos actores externos que aporten su experiencia y sus iniciativas para que la población privada de libertad aprenda oficios, se eduque y tenga una labor remunerada no podremos pensar que al final de su condena puedan tener otra alternativa que no sea reincidir en el delito.
Todo lo expresado esconde - también - un interés personal que no es otro que pensar que todos los presos van a salir en libertad algún día y ese día no puede ser una ocasión para que vuelva a delinquir y regrese a la prisión al poco tiempo. Por eso, hasta pensando en uno mismo es necesario comprender y explicar que hay que hacer todo lo posible para que el tiempo de reclusión sea un proceso de enseñanza y creación de hábitos que permitan una genuina inclusión una vez recuperada la libertad. La sociedad los necesita, son mano de obra activa compuesta por miles de jóvenes que el país requiere para salir adelante.
También hay que incorporar en ese objetivo a las familias, porque serán ellas las principales responsables de contener y evitar la reincidencia, generando círculos de confianza que hagan posible la reinserción.
Sé que es un trabajo complejo, que las actuales condiciones de los establecimientos hacen muy difícil pero que el consenso político logrado, permite ilusionar con una mirada común sobre un problema que ningún partido ha podido resolver en solitario.
Mudanza con dignidad
La reciente inauguración de la nueva cárcel de mujeres, es una clara señal de un proceso iniciado que habla de una acumulación positiva que trasciende gobiernos. Algo que debería ser motivo de orgullo y clara demostración de todo lo que se puede hacer si ponemos esfuerzo en lo que nos une en lugar de concentrarnos en las diferencias.
La nueva locación de mujeres era una inversión necesaria que devuelve dignidad a la privación de libertad, restablece los niveles de ocupación normales dejando atrás el hacinamiento crítico y el déficit estructural de una edificación deteriorada y pensada para otro fin. Una construcción a estrenar donde se contemplan las necesidades básicas para las mujeres con espacios para trabajo y se incorporan hábitos que nunca debieron perderse como la oportunidad de compartir un almuerzo o una merienda en un espacio colectivo. Aspectos que ponen el foco en construir convivencia como elemento esencial de la relación humana.
Es también una oportunidad de comenzar a aplicar el modelo de reinserción que pretende la nueva institucionalidad que se propone con la descentralización del INR. Porque allí se podrá poner en marcha una verdadera política penitenciaria donde los servicios recuperan la dignidad que el deterioro y el hacinamiento crítico fueron deprimiendo.
La gestión deberá acompañar ese proceso dando una clara señal en el mantenimiento de las locaciones y el buen uso de los servicios a estrenar para que en verdad ese lugar cumpla con el fin para el que fue construido. Un trabajo que compromete tanto a la población reclusa como a los funcionarios y autoridades que la integran.
Llegado a este punto es una tarea imprescindible empezar a construir una verdadera política de Estado que deje atrás las diferencias y concluya en que si no aunamos esfuerzos será una tarea imposible. Es algo que vengo construyendo desde hace mucho tiempo con compañeros legisladores de mi partido y de la oposición, todos con el mismo compromiso de conocer el estado de las cárceles uruguayas para poder comprender y dimensionar el problema, para construir juntos una visión compartida que empieza a mostrar pequeños avances.
Si la descentralización es necesaria, mucho más lo es la gestión. Porque hay pequeñas acciones que se pueden hacer sin esperar a su concreción para mitigar la situación que vive una población que sufre las consecuencias de un hacinamiento crítico.
El sistema político empieza a mostrar señales de madurez que espero - y deseo - no sean un espejismo. También creo en la gestión de los hombres y mujeres que están al frente de un sistema tan exigido que merece empezar a cambiar para beneficio de todos.
Las acciones políticas tomadas recientemente son una buena señal, pero son tan solo el principio. Se necesita confirmar este camino en una gestión que acompañe los cambios y consolide una salida que el país necesita de forma prioritaria.
Nelson Mandela decía que "nadie conoce verdaderamente una nación hasta que no ha estado dentro de sus cárceles. Una nación no debe ser juzgada por cómo trata a sus ciudadanos más importantes, sino por cómo trata a los más humildes".
Hagamos que a nuestro país se lo reconozca por un cambio radical en nuestras cárceles y dejemos de estar en el tristísimo podio de los países con mayor índice de prisionalización.
Se puede...
Graciela Barrera- Diputada MPP - FA
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias